Opinión

Tengo un arnés y un dildo, ¿jugamos?

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Por Mar Centenera

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Cuando tenía 16 años, solía jugar a que follaba a un hombre por el culo. Podía tener a mi novio boca abajo en la cama y ponerme a horcajadas en su espalda. Separando sus muslos arrodillados, manteniéndole boca abajo y sujetándole cabeza con una mano, podía colocar mis caderas en el lugar adecuado y, burlándome de él, frotar sugestivamente mi entrepierna contra su culo. (...) La sensación de poder era extraordinaria: tenerle boca abajo, sujetando su cara, oyendo sus protestas amortiguadas. Me preguntaba cuán bueno sería poder tener la capacidad para convertirlo en realidad.

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