Opinión
Toros, siesta, paella y descargas
Por Ciencias
PATRICIA FERNÁNDEZ DE LIS
"Music is my ammunition", la música es mi munición, dice la camiseta de uno de los abogados de las discográficas, sentado en primera fila en el juicio contra Pablo Soto que se celebra en Madrid desde el miércoles. Las alegaciones que ha desgranado esta mañana Javier de Torres, abogado de las compañías y músico, demuestran, sin embargo, que las productoras españolas cuentan con un nutrido arsenal de armas de difamación masiva para acabar con Soto.
Torres se ha mostrado como un abogado habilidoso. Ha dicho que las discográficas no quieren demonizar la tecnología P2P; al contrario, aseguró, "celebran" que exista. Hacen bien en celebrarlo. Gracias a la multiplicación de soportes para la descarga y escucha de música digitalizada han logrado imponer un canon por copia privada que duplica cada año los ingresos de sus autores.
Aun "celebrando" la existencia de la tecnología, a Torres le parece que ésta deja de ser neutral "cuando el 90% de su uso se destina para fines ilícitos". Dejando aparte que esta afirmación se basa en el confuso informe de su perito María Jesús Yagüe -que aseguró que el 90% de lo que circula por la red de Soto está protegido sin haber utilizado sus programas-, la duda es por qué entonces Promusicae y las discográficas han dirigido sus iras contra Pablo Soto. Sony -cuya división musical forma parte de la demanda- vende CD grabables y decenas de carísimos y sofisticados aparatos destinados al disfrute de la música descargada. La denuncia debería dirigirse, por tanto, contra Sony. O contra HP, que vende muchos de los PC donde la música es descargada. O Microsoft, responsable del software con el que funciona el 90% de esos PC, e Iomega, fabricante de discos duros, donde el 90% de lo almacenado quizá esté protegido. O mejor aún, contra Telefónica, que pone las líneas ADSL por donde circulan las canciones. Sería interesante que las discográficas explicaran la razón por la que han decidido demandar a Pablo Soto por 13 millones de euros.
El abogado cree que también España es diferente. El país de "los toros, la siesta, la paella y las descargas", ha dicho esta mañana. Pero oculta dos cosas: una, que los usuarios de Soto pueden estar en Noruega, Argentina o Singapur. Y dos, que los únicos grandes países donde las descargas están prohibidas son EEUU y Francia. En el primero, porque no existe el concepto de copia privada: si compras un disco, no tienes derecho a compartirlo y, por tanto, descargar -compartir- música por la Red es ilegal. En Francia, Sarkozy se ha inventando una ley para prohibir el P2P, hecha a la medida de su esposa y su amigo Dennis Olivennes, fundador de la FNAC, que ha sido denunciada por los diputados socialistas por inconstitucional.
"El señor Soto no es un pobre hombre ni nada que se le parezca", ha concluido Torres. Afirma que, si el joven vive donde dice y utiliza el transporte público como asegura, "tendrá el dinero que ha ganado a buen recaudo", como lo demuestra el hecho de que en su blog "cuelgue fotos de viajes a lugares exóticos". La insinuación sin confirmar de Torres huele a demanda por difamación, lo que enredaría aún más un caso ridículo donde la acusación perderá aunque gane: la descarga de música va a continuar y, a este paso, la pérdida de respeto al trabajo de las discográficas, también.