Opinión
Trabajo en mi jardín
Por Rafael Reig
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En general, parece que las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y exitosos e, incluso, a tener mejor estado de salud física. De hecho, según los estudios, las personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza tienden a salir fortalecidos y a encontrar beneficio en situaciones traumáticas y estresantes. No obstante los que apoyamos nuestras actuaciones en la ayuda de un ser superior (Dios) tenemos más facilidad para el optimismo, es así que, sin afirmar que el optimismo tiene una base cristiana, los que vivimos con tal lo tenemos más fácil.
Mª HELENA VALES-VILLAMARTÍN NAVARRO MÁLAGA
Cuando Víctor Márquez Reviriego leyó mi primera novela, hace unos veinte años, me dijo: “Pues no has copiado tan mal el Candide”; así fue como leí por primera vez el libro de Voltaire que tanto había influido en mi novelita, incluso sin haberlo leído jamás (¡tal es la asombrosa vigencia de los clásicos!). Como sabe, fue Voltaire el que popularizó en esa sátira (contra Leibniz, entre otras cosas) el término optimista. Pangloss afirma que vivimos en el mejor de los mundos posibles. En el mejor de los mundos posibles, todo es necesario y para bien, y así, al final, Zapatero (nuestro Pangloss de andar por casa) es el mejor presidente posible; pero también Rajoy (nuestro Martin, el pesimista del libro) tiene que ser el mejor opositor posible y la Cope, no sólo es necesaria, sino que es la mejor emisora católica posible: el resultado final, sea el que sea, siempre será positivo. El terrible terremoto de Lisboa, por ejemplo, también era necesario: “las desgracias particulares producen el bien común, de forma que, cuantas más desgracias particulares haya, más bien común habrá”.
¿Si uno cree que todo va bien, todo va mejor que si piensa lo contrario? ¿Es cuestión de talante? Pues, no sé, Helena, a mí eso me parece pensamiento mágico: es como pintar en la cueva un bisonte para garantizar su captura. A los amigos que sucumben a la tentación de ir al médico intento disuadirles con un razonamiento muy parecido al suyo: “Ni se te ocurra, está demostrado estadísticamente que la gente que va más al médico tiene más enfermedades que el resto”. ¿A que suena un poco idiota? Pues ídem de lienzo para el optimismo. No es cuestión de talante, es cuestión de trabajo: “hay que cultivar nuestro jardín”, como le responde Cándido a Pangloss.
En cuanto a ese Dios: como “ser superior” no acabo de verle, la verdad, a juzgar por la escasa ayuda que les prestó a unos amigos míos: rezaban sin parar, pero les han acabado embargando el piso. Si, en vez de tanto comercio con seres superiores, hubieran tenido amistad con el director de la sucursal, les habría ido mejor, ¿verdad?