Opinión
Sin Uribe
Por Público -
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Las elecciones en Colombia dieron una victoria aplastante al candidato del presidente Álvaro Uribe, su ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, sobre el candidato opositor Antanas Mockus, del Partido Verde. Pero las cosas no son tan sencillas. Ni Mockus representaba a la oposición –se declaraba partidario de todas las políticas de Uribe, salvo de la corrupción desaforada de sus ocho años de Gobierno–, ni Santos, por su parte, es de verdad uribista: es santista. Y en los días que lleva de presidente electo ya lo ha mostrado a las claras, cometiendo varios pecados de leso uribismo: iniciar la reconciliación con los altos magistrados del poder judicial, con quienes Uribe mantiene un recio enfrentamiento; proponer un diálogo cordial con la Venezuela de Chávez y el Ecuador de Correa, a los que Uribe (y en buena parte por cuenta de su ex ministro Santos) lleva años mostrando los dientes; y ofrecer que hará un Gobierno “de unidad nacional” convocando a todos los opositores de Uribe. Sólo le falta anunciar diálogos políticos con la guerrilla. Lo hará, sin duda, el próximo 7 de agosto, cuando tome posesión oficial de su cargo.
Pero no es que las ideas de Santos difieran mucho de las de Uribe. Neoliberalismo en lo económico, conservadurismo en lo social, ultraproamericanismo en lo diplomático y ultraderechismo en lo militar. Lo que pasa es que, lo que en Uribe son convicciones, en Santos son conveniencias. Ha dicho que “sólo los imbéciles no cambian de opinión”; y él, que
dista mucho de ser un imbécil, ha cambiado las suyas varias veces. Del centro izquierda liberal a la derecha fujimorista y al neolaborismo de la tercera
vía blairista y de vuelta al cuasifascismo uribista.
Sin embargo, de todos modos recibe en herencia, con sus votos, el lastre del uribismo. Las alianzas con los sectores más corruptos de la política colombiana y sus socios del narcoparamilitarismo, y los pecados de la guerra sucia a los opositores políticos y de violaciones a los derechos humanos. En particular los llamados “falsos positivos”: victorias ficticias que se anotaban las fuerzas armadas tras raptar y asesinar a pequeños delincuentes y presentar sus cadáveres como si fueran los de guerrilleros muertos en combate: más de 2.000 en los últimos seis años. Los mismos pecados que le han valido a Álvaro Uribe sus choques con la justicia.
No va a ser fácil para Juan Manuel Santos gobernar sin Uribe, a la sombra de Uribe.