Opinión
La verdad terrorista
Por Público -
-Actualizado a
Osó una vieja periodista estadounidense, la decana de los corresponsales ante la Casa Blanca (llevaba ahí medio siglo), decir una frase sensata con respecto a Israel:
–Que se largue de Palestina.
Sensata, y nada nueva. Es la misma que el mundo entero le viene diciendo a Israel desde l967, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó, por unanimidad, la resolución 242 que lo instaba a abandonar sin demora los territorios conquistados en la Guerra de los Seis Días y ocupados desde entonces (no “ocupados”, sostiene Israel, sino “en disputa”): Cisjordania, la Franja de Gaza, la mitad árabe de Jerusalén y los Altos del Golán. Unos territorios en los que cada día se construyen más y más viviendas para colonos judíos, con lo cual, además de invadidos militarmente, terminan expropiados jurídicamente. Prosiguió la periodista, Helen Thomas, señalándole la obviedad al rabino que la entrevistaba:
–Acuérdese, esa gente tiene su tierra ocupada.
El rabino, escandalizado, colgó de inmediato la respuesta en su página web (rabbilive.com) para que la leyeran los creyentes. Y a Helen Thomas se le vino el mundo encima por deslenguada. Por decir lo que todo el mundo sabe que es verdad. Y tal vez fuera a causa del cansancio de sus 89 años de edad. Pero esta mujer que tuvo la entereza de renunciar a su alto cargo en la agencia de noticias UPI cuando la compró la fanática secta Moon, y que se atrevió a reprocharle en la cara al presidente George W. Bush que le permitiera a Israel destruir el Líbano (Thomas es de padres libaneses), esta vez no aguantó la presión y prefirió retractarse de haber dicho la verdad. Dijo que “lamentaba profundamente” sus palabras y que ellas no tenían nada que ver con su opinión sobre la situación en Oriente Próximo.
Pero no bastó con esa retractación casi abyecta para aplacar la ira de los inquisidores. Faltaba el castigo ejemplarizante debido a su impertinencia. Así, la agencia literaria que representaba sus libros le canceló los contratos, y la gran cadena de periódicos Hearst que publicaba sus crónicas desde su salida de la UPI la echó sin explicaciones. Y sin que fueran necesarias, me imagino: todo el mundo sabía por qué. Helen Thomas debe de ser hoy una de las más ancianas jubiladas forzosas de Estados Unidos.
Las verdades, sean sensatas o no, no pueden ser dichas con respecto al conflicto insoluble de Palestina e Israel. Toda verdad es terrorista.