Opinión
Vidas paralelas
Por Antonio Caballero
En medio de crecientes escándalos de corrupción, de espionaje ilegal a magistrados de los altos tribunales, a periodistas y a dirigentes políticos de la oposición, de acusaciones de soborno a parlamentarios, de abuso de poder y de violaciones de los derechos humanos, avanzan, al parecer imparables, los preparativos para la tercera elección consecutiva (e inconstitucional) del presidente de Colombia, Álvaro Uribe. Los organizadores, y el propio Uribe, harían bien en echar una mirada a lo que sucede en el vecino Perú, donde el ex presidente Alberto Fujimori acaba de recibir de los jueces una cuarta condena, a seis años de cárcel esta vez, por corrupción y espionaje ilegal.
En tres juicios anteriores, desde que Chile lo entregó en extradición en el año 2007, Fujimori había sido ya condenado por soborno (a siete años y medio), por abuso de poder (a seis años) y por violaciones de los derechos humanos (a 25). A lo cual hay que sumar los dos años que pasó detenido en Chile a la espera de la extradición y los cinco que vivió exiliado en Japón tras pedir asilo pocos meses después de su tercera elección consecutiva (e inconstitucional) a la Presidencia de Perú.
Sería cosa de recordarle a Uribe el viejo refrán castellano: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Para que, cuando te las arranquen también a ti, por lo menos no sea en seco, y duela menos.
Vale la pena, en efecto, hacer un paralelo entre las carreras de esos dos presidentes de países latinoamericanos vecinos, a quienes separan diez años de distancia. En l990, el peruano Fujimori ganó las elecciones en la primera vuelta y por sorpresa, prometiendo mano dura contra la guerrilla peruana. En 2002, Uribe fue elegido presidente de Colombia y por sorpresa, prometiendo mano dura contra la guerrilla colombiana.
En 1995, tras disolver el Congreso y reformar la Constitución, Fujimori fue reelegido arrolladoramente. En 2006, tras someter al Congreso y reformar la Constitución, Uribe fue reelegido arrolladoramente. En 2000, tras reformar de nuevo la Constitución, Fujimori fue nuevamente reelegido, más por las malas que por las buenas. En 2010, al cabo de la correspondiente reforma de la Constitución, pocos dudan en Colombia de que Uribe será reelegido una vez más, por las buenas o por las malas. Sus partidarios, y él mismo, ya hablan de la legitimidad del “Estado de opinión” como “forma superior” del obsoleto Estado de derecho.
A ver qué pasa.