Opinión
Vista (en la primera esquina)
Por Espido Freire
El viernes pasado se estrenó, con la inédita importancia que en los últimos tiempos se le da a determinados documentales, Tierra. Algunos espectadores la habían visto ya en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, fuera de competición, y salían de nuevo a la luz, tras hora y media de sombras, atónitos, conmovidos por la espectacularidad de las imágenes y por la sobrecogedora belleza de un planeta que en el día a día se percibe reducido, gris y gritón.
La fotografía de la BBC es maravillosa: de manera indiscutible, saben rodar documentales y reportajes como nadie. Impresionante también la factura, y la catarsis que se produce a lo largo de la proyección. Si algo puede difundir la importancia de lo que está en juego con la destrucción de la naturaleza, es el visionado de esta película.
La excusa para esas bellísimas estampas, sin embargo, ofrece más dudas. Por un lado, el bombardeo incesante de ideas sobre el cambio climático y la toma de conciencia ecológica hacen que esta película se interprete de una manera muy distinta a lo que hubiera sido hace dos años. Incluso el público al que podría haberse destinado se ha ampliado, y la frágil frontera entre la conciencia y la manipulación, escondida bajo la belleza, ha disminuido. Sus creadores se defienden con las fechas de elaboración de la película: cinco años han empleado en ella.
Sobra la música efectista, que refuerza un sentido épico exagerado, sobra el canto fácil a la maternidad en soltería, pero al mismo tiempo convencional y abnegada, que se realiza en las figuras de una elefanta y su cría y de una ballena y su ballenato. En las puertas de las salas los espectadores comparaban a las egoístas humanas con esas expresivas, enormes mamíferas, luchadoras, pero por suerte, con permiso laboral indefinido y garantía de lactancia materna.
De nuevo se refuerza la idea de que el clima es un psicópata, y la tierra su infeliz víctima. Mala cosa, esta guerra entre buenos y malos, que deja fuera la responsabilidad real del ser humano en esa destrucción lenta, de pronto, observada desde todos los ángulos...