Opinión
PSOE corrupto, barato, barato

Por Anibal Malvar
Periodista
Fachapobre es un neologismo de origen seguramente popular. El significante es tan certero en su paradoja que, en cuanto lo escuchamos por primera vez, identificamos a decenas, cientos de conocidos, familiares y hasta personajes públicos que antes nos parecían inclasificables. Vagaban por la realidad huérfanos de nombre. Sin rostro semántico. Tan poderosos como inexplicables. Porque son poderosísimos en su multitud. Un ejemplo: sin ellos, el dinero, la corrupción y la codicia jamás ganarían elecciones.
El fachapobre es un ser esencialista. Ni siquiera es aspiracional. Nunca dejará de ser facha y nunca dejará de ser pobre. Quizá ignora que nunca dejará de ser pobre precisamente por ser facha. Admira a sus explotadores. Les ríe las delincuencias. Carece de ideología. Vota por idolatría. Gusta de crear monstruos para dejarse devorar por ellos.
En estos últimos tiempos, está reflorando como nunca una especie también muy peculiar: el cutrecorrupto. Son personas que caminan en loor de dignidad, admirados y ejemplificantes, de perfil humanista y combativo, casi heroicos, pero que tienen un oscuro reverso corrupto con el que ni siquiera se hacen ricos.
Es el caso de José Luis Ábalos, ex secretario de Organización del PSOE y ex ministro de Transportes. Su trayectoria hasta hace nada parecía intachable. Azote parlamentario contra la corrupción y paradigma de la fidelidad al amigo cuando Pedro Sánchez cayó en desgracia bajo la férula implacable del PSOE rociero, santero y felipista que revalidó a Mariano Rajoy como presidente.
Para la base sanchista e incluso para Sánchez, Ábalos era un titán, un paladín, un Robin Hood y el Robin de Batman. Incluso me atrevo a decir, con poco miedo a equivocarme, que en sus tiempos de gloria fue uno de los políticos más queridos entre los cronistas parlamentarios de derechas e izquierdas (exceptuando a los neofascistas más borrokas, of course).
Hoy es un juguete roto en el desván penitenciario. Le han caído 24 años de cárcel, aunque no tardará en salir, pues ya sopla 66 velas. Pero, al contrario que otros corruptos de más rancio y pepero abolengo, saldrá de la cárcel pobre.
La exhaustiva investigación policial y judicial sobre sus mordidas y dineros oscuros lo convierten en un cutrecorrupto de libro. Solo le han encontrado 60.000 euros de ingresos en raro y 95.000 en gastos de procedencia inexplicable. Además, claro, de los 82.000 euros que pagó el entorno de Víctor de Aldama por el alquiler de un lujoso nidito de amor en Madrid para su Jésica Rodríguez.
Son cantidades irrisorias. Con eso no sobornas ni a un concejal de obras públicas del PP en un pueblo mediano. El cutrecorrupto, como el fachapobre, se conforma con las limosnas del señorito. En este caso Aldama, que se ha ido de rositas y se ha quedado con los 3,7 millones que ganó corrompiendo al triste Ábalos.
Puede ser que en breve veamos también a José Luis Rodríguez Zapatero convertido en un cutrecorrupto. Es hecho probado y admitido que ZP enchufó a la empresa de sus hijas, Whathefav, en extrañas operaciones con Inteligencia Prospectiva. 550.000 euros de difícil justificación, pues esta firma carecía de actividad.
Sea delito o no, este acto de nepotismo es incompatible con la consideración de ser de luz que gozaba ZP entre la izquierda española. De Gabriel Rufián a Pablo Iglesias, hasta los más feroces quemabastillas lloraron la caída de su ángel de la ceja, dulce compañía.
Luego están las joyas por valor de 1,3 millones de euros halladas en su caja fuerte. ¿Una cantidad inexplicable? Desde que ZP llegó a la presidencia en 2004, el precio del oro ha crecido un 900%. A ojo de buen cubero, en los siete años que permaneció en La Moncloa, ingresó 100.000 euros anuales. Ya van 700.000. Sin gastos de luz, agua, teléfono, viajes, tecnología, chuches y manutención. Después, hasta su renuncia en 2015, durante cuatro años ganó al menos otros 400.000 como consejero nato del Estado. Sus cuentas más o menos cuadran.
Lo que nunca entendí, y seguro que mentes menos necias enseguida me explican, es cómo ZP, tras siete años de presidencia, declaró un patrimonio de solo 209.000 euros. O es un gastón o un yonqui de las joyas o quizá un pésimo inversor. O tal vez un cutrecorrupto. El futuro no nos depare semejante bofetada.
Deberían aprender de José María Aznar, que se puso el bigote de platino apoyando la invasión ilegal de Irak, y fue remunerado con contratos suculentos en EEUU. Habría dado otro gran pelotazo de seis millones, como comisionista de Abengoa, si el asesinato de Gadafi en 2011 no hubiera frustrado el proyecto de desalinizadoras en Libia propulsado por la multinacional española. Pero eso no es corrupción. Es el mercado, amigo. Pobres cutrecorruptos y pobres fachapobres.
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