Opinión
Save Europe y los nazis hípster

Por Miguel Urbán
El pasado fin de semana, algo menos de un centenar de fascistas acudieron a la concentración de la campaña Save Europe Act en la plaza de Sant Jaume de Barcelona para pedir la deportación de las personas migrantes y defender la "continuidad etnocultural de Europa". La fracasada convocatoria iniciaba una gira por el continente que pasará este mismo sábado por Madrid y que continuará por otras ciudades como Lisboa, Milán, Viena o Praga. Su incapacidad de movilización en Barcelona no debería llevarnos a minusvalorar a los promotores de esta campaña ni su capacidad para conseguir que sus propuestas permeen en la agenda política de las grandes formaciones de la ultraderecha europea.
De hecho, Save Europe Act nació como un intento de presentar una iniciativa ciudadana europea, un mecanismo que —una vez recogidas algo más de un millón de firmas— permite a los ciudadanos europeos pedir directamente a la Comisión Europea que proponga nuevas leyes en asuntos en los que la UE tiene competencias. Su intención no era otra que paralizar la concesión de visados de estudios y de reunificación familiar para ciudadanos no europeos; aplicar limitaciones estrictas a las escasas vías de inmigración legal; acelerar las deportaciones de migrantes en situación irregular, de personas que hayan cometido delitos y de migrantes en situación legal que "no estén integrados" o que constituyan una "carga cultural o financiera significativa". Un proceso de expulsiones masivas sustentado en la teoría conspiranoica del 'gran reemplazo' que ha sido bautizado por la ultraderecha como "remigración".
La propuesta ciudadana fue rechazada por Bruselas a finales de julio al considerar que supondría una discriminación basada en la raza y el origen étnico, algo contrario al Tratado y a la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE. A pesar de la negativa de la Comisión Europea, la campaña siguió recabando apoyos y recogiendo firmas en su página web. A día de hoy, algo más de 725.000 personas han suscrito la propuesta, de las cuales más de 45.000 lo han hecho desde España, según la organización. Su objetivo es alcanzar el millón de firmantes antes de acabar su gira de concentraciones, como una forma de mantener la presión sobre las instituciones europeas, pero, sobre todo, de conseguir que los principales partidos ultraderechistas de Europa asuman su agenda política.
Actualmente, entre las figuras que han respaldado la iniciativa de Save Europe Act se encuentran el primer ministro húngaro, Viktor Orbán; el presidente de Vox, Santiago Abascal; o el líder del partido ultra francés Reconquête, Éric Zemmour. Así como un buen puñado de eurodiputados de los diferentes grupos de ultraderecha en el Parlamento Europeo, comunicadores y activistas neonazis. Aunque los dos rostros que actúan como portavoces de la iniciativa son la neerlandesa Eva Vlaardingerbroek y el austríaco Martin Sellner. Ambos se están convirtiendo en asiduos de los encuentros y conferencias ultraderechistas sobre la "remigración", como el pasado 'Remigration Summit', celebrado en Figueira da Foz —Portugal— en junio, donde líderes e influencers ultraderechistas de Europa, Estados Unidos y Canadá se encontraron en una de las convenciones más racistas de los muchos encuentros europeos que suele organizar la extrema derecha.
Mientras Eva Vlaardingerbroek es una comunicadora que no ha dejado de ganar audiencia entre la ultraderecha europea desde que, en 2022, comenzara a trabajar en su propio programa de entrevistas, 'Hablemos de eso', para el canal de YouTube del partido ultraderechista Demócratas de Suecia, Martin Sellner es un activista neonazi de larga trayectoria en el llamado movimiento identitario —ilegalizado en Francia— y conocido por ser uno de los principales ideólogos y divulgadores del concepto de "remigración".
La figura de Martin Sellner es una de las más conocidas del llamado "movimiento identitario", nacido en Francia en 2012 con el propósito de renovar el movimiento neofascista juvenil, modernizando su estética, abandonando viejos clichés —como el look skinhead— y mimetizándose con la cultura juvenil urbana para normalizar y expandir sus discursos xenófobos. Una estrategia que les ha valido el sobrenombre de los "nazis hípster". El propio Sellner encaja perfectamente en este perfil de "póster" del hípster identitario, gracias a sus cortes de pelo modernos, sus gafas de pasta y su dominio absoluto del lenguaje de las redes sociales.
El movimiento identitario se ha caracterizado por realizar "acciones directas" diseñadas expresamente para hacerse virales, como fletar un barco en el Mediterráneo para boicotear el rescate de refugiados, crear patrullas en las fronteras u ocupar tejados de mezquitas y edificios oficiales con pancartas gigantes. En Madrid, ya en septiembre de 2024, Hacer Nación, vinculado al movimiento identitario, desplegó una pancarta en Lavapiés con el rostro del exdiputado de Podemos Serigne Mbaye, defendiendo por primera vez en España el concepto de "remigración". Un movimiento activista que, influenciado por la "Nueva Derecha francesa", no busca tanto ganar elecciones directamente —no se presenta a ellas— como dar una "batalla cultural" para influir en las grandes formaciones de la ultraderecha y conseguir que terminen asumiendo su agenda y sus propuestas políticas.
A finales de 2023, el propio Sellner fue uno de los invitados estrella de una conferencia secreta celebrada en la ciudad de Potsdam, junto a dirigentes de Alternativa para Alemania y empresarios, para trazar un plan de "remigración" que contemplaba la expulsión de millones de personas. Una reunión destapada por la red periodística Correctiv y que causó un gran escándalo e indignación entre representantes de partidos de todo el espectro político, dando lugar a movilizaciones multitudinarias de la sociedad civil alemana contra los planes racistas de la ultraderecha. Al propio Sellner, además, le valió ser vetado en Alemania.
A pesar de ello, una palabra que hasta entonces era casi tabú en una Alemania marcada por su pasado nazi se ha convertido rápidamente en uno de los elementos clave del programa electoral de AfD, segunda fuerza en el Parlamento y en crecimiento. Una medida que persigue asegurar la homogeneidad racial y cultural mediante la expulsión del país no solo de las personas migrantes, sino también de ciudadanos con pasaporte alemán y origen migrante. Un concepto hasta hace poco marginal, pero que se está imponiendo en una ultraderecha que radicaliza cada vez más su discurso antiinmigración, demostrando la capacidad de los "nazis hípster" para imponer su agenda política a las formaciones ultraderechistas.
Quizás por eso, el fracaso de una convocatoria como la de Barcelona no debería llevarnos a confundir con irrelevancia política. El verdadero éxito de estos «nazis hípster» no se mide por su capacidad para llenar plazas, ganar elecciones o construir grandes organizaciones, sino por conseguir que conceptos y propuestas nacidos en los márgenes del neofascismo terminen instalándose en el centro de la agenda de la extrema derecha. La "remigración" es probablemente el mejor ejemplo: una idea hasta hace poco confinada a los círculos identitarios que hoy forma parte del vocabulario y los programas de algunas de las principales fuerzas ultraderechistas europeas como Vox en España. Al fin y al cabo, la batalla de los "nazis hípster" nunca fue tanto conquistar las instituciones como conseguir que otros conquistaran las instituciones con sus ideas.


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