Opinión
Traición de Feijóo a las víctimas de curas pederastas

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Que para el Partido Popular hay víctimas de primera (las de ETA o las de la represión venezolana) y de segunda (de la dictadura franquista, del 11-M, de los crímenes de los GAL, de la xenofobia de Trump, del genocidio en Gaza o las mismas mujeres agredidas, maltratadas y/o asesinadas por ser mujeres que desprecian sus socios de Vox) lo sabemos desde que los poderes fácticos atravesaron como cuchilla en mantequilla todo el espectro ideológico de la derecha, hoy, si cabe, con más fuerza por el desconcierto que reina en este ámbito frente al triángulo que impone su ley de la selva en el mundo: Trump, Netanyahu y Putin.
Hablamos de tres matones con mucho poder y una publicitada fe religiosa que les convierte, según ellos, en los representantes de su dios en la tierra, cada uno el suyo, pero con rasgos comunes: destruir a aquellos que no acepten sus normas, dictadas bajo mandato divino para otorgarles más poder y más dinero, porque los tres son líderes envueltos en negras sombras de corrupción nada divina, como cualquier dictadura que se haya preciado de serlo. Eso no parece importar, sin embargo, a sus enfebrecidos votantes y aliados.
Ante las barbaridades cometidas por seres humanos poderosos, masacres incomprensibles para la razón como el genocidio de palestinos/as, siempre hay una cuestión de fe religiosa que lo justifica todo. Por eso Trump, ateo empedernido hasta que vio el potencial que tenía su candidatura a la Casa Blanca entre los ultrarreligiosos, sobre todo evangélicos, se fotografía ahora en su despacho durante una especie de trance místico, una imagen que resulta bochornosa salvo para los crédulos del trumpismo o del evangelicalismo del secretario de Estado, Marco Rubio, el de la comparecencia pública con una cruz de ceniza en la frente. Ya saben, si temes no convencer de tus acciones sanguinarias con argumentos, hazlo con la fe en un dios que te da la razón porque tú lo digas, así estamos. También en España.
El PP, tras meses de bamboleantes caminatas hacia una derecha que sus dirigentes llamaban "centro" (qué risa…), va confirmando con hechos que su apuesta está en radicalizarse hasta llegar a ser Vox. A pesar de la derrota de Orbàn en Hungría, Alberto Núñez Feijóo (y todas las encuestas) ha concluido que, sin la ultraderecha, no hay Moncloa que valga y Abascal no acepta medias tintas: o con ellos o contra ellos. Aunque eso obligue al PP a abjurar de sus posiciones democristianas, o lo que quedara de ellas.
En un giro nauseabundo, impropio de esos valores cristianos que cacarean muchos de los dirigentes del PP haciendo alarde de piedad, caridad, generosidad, misas, avemarías, solidaridad y no sé cuántas hipocresías más, los de Feijóo han decidido que las miles y miles de víctimas de la pederastia católica, de curas y representantes de una jerarquía eclesiástica tan traicionera como amamantadora de fascismos no merecen la imprescriptibilidad de los delitos de pederastia que les arruinaron la vida.
En 2025, el PP votó en el Parlamento Europeo a favor de que los crímenes de abusos y violaciones a niños/as por parte de sacerdotes no prescribieran, teniendo en cuenta el proceso tan doloroso y largo que supone para una víctima ser consciente de que lo es, en primer lugar, y de que debe vencer la vergüenza y el miedo que le paralizan para denunciar a los criminales con sotana. Todos los apoyos y todo el tiempo que necesita una víctima de estas aberraciones debe ser tenido en cuenta, así lo dictaminaron instancias internacionales y la Cámara comunitaria, que lo aprobó el año pasado con una mayoría aplastante que incluía al PP.
Hoy Feijóo, sin embargo y arrastrado por los cantos de la sirena Abascal, se baja del barco de la Justicia más elemental y de la reparación de estos menores abusados y violados. El PP dice ahora que diez años más de plazo están bien, pero que, a la imprescriptibilidad de estos delitos aberrantes, se vota "no", que no se pasen las víctimas, que no abusen los abusados. Ese poder purpurado que atraviesa la mantequilla de las conciencias del PP, ya diluidas en las de Vox, ha vuelto a hacer de las suyas desafiando a la justicia universal y, si me apuran, al sentido común que brota de un mínimo de empatía. Con la Iglesia hemos topado, otra vez, y sigue siendo el más hondo de los agujeros negros de la sinrazón humana, la del PP, Vox, el PNV y UPN, todos en contra de la imprescriptibilidad de la pederastia que se adorna siempre con la cruz de un cristo torturado. Es insoportable.
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