Opinión
En defensa de mi compañero Agustín Santos Maraver

Por Juan Manuel López-Nadal
Diplomático jubilado y Embajador de España
Este pasado lunes, 26 de junio, un compañero y buen amigo me envió el texto de un artículo publicado en el diario El Mundo. No tengo la costumbre de leer ese periódico, nunca me gustó, desde los tiempos de Pedro J., y ahora ha acabado convirtiéndose en uno de los principales voceros de la ultraderecha voxista.
El artículo/panfleto, en cuestión, se titula Embajador de día, tramposo de noche y va firmado por 68 miembros de la carrera diplomática que, salvo error por mi parte, están todos, como yo mismo, jubilados.
Este texto constituye un ataque despiadado, inquisitorial y deleznable contra un compañero de carrera, el hasta ahora embajador de España ante las Naciones Unidas, Agustín Santos Maraver, quien –como es ya de dominio público– ha renunciado a su elevada posición profesional para formar parte de la candidatura de Sumar por Madrid. Va a concurrir a las elecciones generales como ‘número dos’ del partido liderado por la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz.
Debo decir antes de nada que mi relación con el embajador Santos Maraver es la de dos compañeros de carrera cuyos destinos profesionales apenas se han cruzado; nos respetamos, por supuesto, pero apenas hemos tenido ocasión de conocernos y llegar a ser amigos.
He seguido la brillante trayectoria de Agustín, que ha desempeñado puestos de alto nivel profesional hasta culminar con la jefatura de nuestra misión ante la ONU, en Nueva York. Su carrera es ejemplar, se ha distinguido por su eficiencia, profesionalidad, honestidad y lealtad, calidad esta última que pretenden poner en tela de juicio los firmantes de ese bodrio.
Al leer el ‘articulito de marras’, he ido pasando del asombro a la incredulidad, de la incredulidad a la indignación y de la indignación a la vergüenza.
Me duele decir que, aunque la identidad de la mayoría de los firmantes no me ha sorprendido demasiado, si he sentido extrañeza y decepción al leer los nombres de alrededor de una docena de ellos a quienes hasta hoy consideraba buenos compañeros y, en algunos casos, incluso amigos. ¡Qué pena! Si alguno de ellos lee estas líneas sabrá discernir a quién o a quiénes me refiero…
El caso es que esos 68 compañeros de carrera han considerado conveniente firmar un escrito en el que se lanza contra el embajador Santos Maraver la gravísima acusación de haber ejercido su derecho constitucional a la libertad de expresión por publicar artículos bajo seudónimo en un medio digital. En esos escritos, ¡Oh, cielo santo!, criticaba la monarquía y denunciaba las numerosas imperfecciones del –para los firmantes– sacrosanto e intocable ‘régimen del 78’. Y eso me hace recordar que algunos de ellos han sido compinches y encubridores de muchas tropelías del mal llamado ‘emérito’.
Más allá del hecho de que yo comparta sustancialmente las opiniones de Agustín sobre estos y otros temas (también soy de izquierdas, republicano y partidario de una España plurinacional), lo que me resulta particularmente grave es que un número tan notable de compañeros de carrera descarguen su hostilidad contra Agustín de una manera tan rastrera.
¿Cuántas veces hemos leído en la prensa española y extranjera escritos de diplomáticos en ejercicio expresando opiniones e ideas tan respetables como discutibles? ¿Por qué se acusa a Agustín de hacer públicas sus opiniones sobre diversas cuestiones de interés general mientras se reconoce (a regañadientes, eso sí) que su comportamiento en el ejercicio de la profesión ha sido impecable?.
¿No será que, en realidad, lo que pretenden los firmantes con su tono corporativista, rancio e inquisitorial no es otra cosa que cuestionar el valiente compromiso político de Agustín en momentos tan graves e inciertos como los que vivimos? La actitud y el estilo de los firmantes refleja la arrogancia y el supremacismo que han venido siendo tradicionalmente algunas de las plagas de nuestra carrera.
Por consiguiente, quiero denunciar un ataque colectivo, tan brutal como injusto, contra un compañero que –no me cansaré de repetir– ha sido intachable en lo personal y en lo profesional. Un compañero que hoy nos da ejemplo de civismo democrático y progresista asumiendo responsabilidades públicas, con la esperanza de que este 23 de julio podamos vencer con nuestro voto, pacífica y democráticamente, al amenazador desafío a nuestras libertades y derechos que nos lanzan la derecha extrema de la corrupción y la extrema derecha del odio y la violencia.
Querido Agustín, gracias por tu valentía y por tu compromiso. Tienes toda mi solidaridad y todo mi apoyo. Ánimo y adelante. ¡Salud y República!
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