Opinión
Diez claves para una política de cooperación transformadora

Desde la izquierda política y social asistimos a la evolución del contexto global con cierto grado de perplejidad y, reconozcámoslo, desde una posición de impotencia. Mantenemos el gesto de asombro ante la sucesión de eventos inconcebibles hasta hace apenas un puñado de años. Es hora de despertar. El momento de reactivarnos también ha llegado a las organizaciones sociales que trabajamos en el ámbito de la cooperación internacional y la acción humanitaria y que nos reivindicamos parte de una tradición política de izquierdas, entendida esta categoría en un sentido amplio, plural e integrador.
Pero este despertar no puede basarse en un ejercicio voluntarioso y retórico que obvie las condiciones objetivas y subjetivas realmente existentes. No vale quedarse solamente con la primera parte de la cita del sabio sardo, sino que, por el contrario, hay que agarrarse con firmeza al pesimismo de la razón, el único capaz de darnos las herramientas básicas para comprender la realidad y, entonces sí, (intentar) transformarla.
¿Y cuáles son, desde mi humilde opinión, los principales elementos que configuran lo real en una dimensión global? Sin pretender desasir la brocha gorda con la que dibujar trazos gruesos, que por fuerza ignoran matices importantes, podemos identificar tres grandes elementos.
El primero es el conflicto armado, la cruda y fría guerra, como el fenómeno político con mayor capacidad performativa del contexto global actual. Ucrania, Palestina y el conjunto de Oriente Medio, Sudán o las tensiones en el Mar de China constituyen elementos de reconfiguración de la realidad internacional y operan como factores desencadenantes o inhibidores de otros fenómenos en distintas partes del mundo.
El segundo, estrechamente ligado al primero en una relación de causalidad y efecto de difícil discernimiento, lo encontramos en el auge de fuerzas reaccionarias que, quizá sin un plan premeditado, han sido capaces de articular una coordinación internacional muy efectiva. Con el regreso de Trump a la presidencia de EEUU como su expresión más acabada, esta internacional reaccionaria está siendo capaz de imponer la agenda política global y mantener una ofensiva sostenida contra los derechos humanos y las sociedades democráticas.
Y, el tercer elemento, el evidente y aterrador cambio climático cuya existencia misma es negada por esa oleada reaccionaria que atiza los conflictos y que se alimenta de ellos para crecer. Las profundas alteraciones en el medio ambiente son ya nuestra realidad cotidiana y debemos prepararnos para adaptarnos a ellas y mitigar, en lo posible, su catastrófica evolución.
¿Y qué hacer? Con espíritu de contribución a la reflexión colectiva y reclamando el papel que las ONGs situadas en la izquierda del tablero político tenemos que desempeñar en nuestro ámbito de actuación, vinculado esencialmente al escenario internacional, ahí van diez propuestas:
1. Disputar el sentido común que vertebra el sistema de la cooperación y el ecosistema humanitario. El pretendido “consenso humanitario” es ideológico y representa los intereses del statu quo, para el que las organizaciones de la sociedad civil no son más que meras prestadoras de servicios.
2. Denunciar, sin concesión alguna, las violaciones de los derechos humanos allá donde se cometan, poniendo en el centro los intereses de los colectivos y organizaciones del Sur Global que luchan por cambios. Las ONGs tenemos un papel decisivo en la incorporación de valores éticos en la esfera internacional, por lo que la “real politik” y las lógicas de bloques nos deben ser ajenas.
3. Impulsar un desacoplamiento de la política de cooperación y humanitaria del enfoque securitario y los intereses condicionales de los países donantes. Es necesaria una descolonización real del modelo, poniendo en el centro el apoyo a la sociedad civil organizada y los derechos humanos.
4. Vincularnos a los intereses de las mayorías sociales en los distintos territorios en los que trabajamos, abandonando ciertos resabios elitistas y vanguardistas que nos alejan de los intereses reales de las personas, las comunidades y las organizaciones con las que nos comprometemos.
5. Generar dinámicas de articulación entre las ONGs que nos ubicamos en la izquierda social, escalando el grado de imbricación de nuestras acciones para multiplicar su impacto. Esta cooperación estable tiene que abrirse a otros actores del ámbito político-ideológico de la izquierda en los entornos institucionales, en las organizaciones políticas y sindicales y en los medios de comunicación.
6. Profundizar las estrategias de asociación y lucha común con las organizaciones y movimientos sociales que articulan estrategias de resistencia popular para conservar conquistas y no perder derechos adquiridos. Desgraciadamente, en un momento de reflujo de las luchas sociales, no afrontamos un tiempo histórico propicio para conseguir grandes avances.
7. Fortalecer los mecanismos de protección de los colectivos vulnerabilizados, cuya resistencia se erige en la única garantía para reconstruir dinámicas de transformación social en sentido de progreso para estas mayorías.
8. Incorporar las miradas del Sur Global en nuestras propias estructuras organizativas, abandonando las lógicas eurocéntricas que las vertebran. El mainstreaming “descolonizador” impulsado por las ONGs internacionales (alejadas de los compromisos éticos y políticos de la izquierda) no se dirige a cambios estructurales, sino a estrategias de conservación y reproducción de sus propios espacios de poder.
9. Incrementar nuestras capacidades técnicas y de gestión para situarnos en la excelencia a través de la cual operar sobre la realidad y transformarla. Tenemos que recordar que lo político, sin lo técnico, sólo es ruido.
10. Asumir las consecuencias (políticas, financieras y personales) que de todo ello se deriven. Por eso, mirada larga, firmeza de principios, claridad en la necesidad de resistir este embate y compromiso ineludible con la construcción de un mundo mejor.
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