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Último adiós a Ascensión Mendieta: ya descansa junto a los restos de su padre

Este martes ha sido enterrada en el cementerio civil de Madrid la mujer que se ha convertido en un icono de la lucha de las víctima del franquismo por recuperar los restos de su padre. Ha sido enterrada junto a Timoteo, como era su deseo. "Necesitamos abrir todas las fosas del franquismo", ha pedido su hijo, Francisco Vargas. 

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La hija de Ascensión Mendieta, uno de los iconos de la recuperación de la Memoria Histórica en España, que a los 88 años voló a Buenos Aires para lograr apoyo legal argentino en la búsqueda de los restos de su padre, coloca flores en la lápida durante su entierro celebrado esta tarde en el Cementerio Civil de la Almudena. EFE/Luca Piergiovanni

Ascensión Mendieta ya descansa junto a los restos de su padre, Timoteo. La anciana que se ha convertido en el símbolo de la lucha de las víctimas del franquismo por recuperar a sus seres queridos ha sido enterrada este martes en el cementerio civil de la Almudena, en Madrid. Tenía 93 años, a punto de los 94, y desde hace dos, como ella misma decía, ya estaba en paz. Tranquila consigo misma. Con su pasado. Había conseguido cumplir la promesa que hizo a su madre. La lucha que compartió toda su vida con su hermana. Había recuperado los restos de Timoteo de la fosa común del cementerio de Guadalajara, donde este sindicalista de UGT fue enterrado tras su fusilamiento en 1939 por la España franquista.

Las víctimas del franquismo pueden contar las victorias con los dedos de una sola mano. Y Ascensión Mendieta ganó

Y, en estas condiciones, el entierro de Ascensión se ha convertido en un homenaje. Un acto triste pero, a la misma vez, muy especial. Las víctimas del franquismo pueden contar las victorias con los dedos de una sola mano. Y Ascensión Mendieta ganó. Y, además, abrió camino para que otras víctimas también lo hicieran. Consiguió que la Justicia de Argentina ordenara exhumar a su padre, que la Justicia española acatara, que decenas de personas de diferentes países se ofrecieran como voluntarias para trabajar en su exhumación, que forenses internacionales se ofrecieran a la causa y que un sindicato noruego pusiera los fondos necesarios.

Mendieta consiguió unir a personas de diferente ideología, país y cultura en un mismo objetivo: dar un entierro digno a Timoteo. Llegaron jóvenes desde Estados Unidos e incluso Australia para remover la tierra, para encontrar a Timoteo, para cerrar la herida de Mendieta. Lo que Franscisco Vargas, hijo de Ascensión, ha denominado como "las brigadas internacionales de la Memoria".

Una mujer coloca flores en la tumba de Ascensión Mendieta durante su entierro celebrado esta tarde en el Cementerio Civil de la Almudena. EFE/Luca Piergiovanni

"Mucha gente dice que lo hizo mi madre, Ascensión, o lo que hemos hecho su familia ha sido reabrir heridas. Pero nuestras heridas estaban abiertas y muy infectadas. Necesitamos sacar a todos los que siguen en las fosas y que se juzgue a las personas que cometieron actos de lesa humanidad contra los que pensaban en contra", ha expresado Francisco Vargas. 

El último adiós de su hijo Francisco ha recorrido de manera breve los recuerdos de su madre. Desde la niña que jugaba en casa, que se enteró de la Guerra Civil al volver del colegio y que vio como las autoridades franquistas se llevaron a su padre para darle muerte hasta la mujer que con 88 años se subió a un avión para viajar a Buenos Aires a contarle a una jueza de Argentina que su único deseo era ser enterrada junto a su padre. 

Mendieta nos enseñó en su camino una nueva dimensión de la palabra lucha

Cualquier persona que haya conocido a Ascensión sabe perfectamente que ese era su deseo, que era su lucha y que poca gente podía estar a su altura en tenacidad. Mendieta te miraba a los ojos, te sonreía y te decía sin contemplaciones: 'Hijo, quiero que me entierren con mi padre'. Su hijo Francisco ha relatado a pie de tumba este dolor de Ascensión como una especie de tumor que la ha ido carcomiendo por dentro desde su infancia. Desde que ella misma abriera la puerta a los franquistas que se llevaron a su padre. Y ese dolor jamás se le fue de la mirada. Pero tampoco la tenacidad de la que sabe que va a dar hasta el último aliento en su lucha. Ascensión derribaba muros solo con su mirada.

Pero el tumor, afortunadamente, fue extirpado. La sociedad civil se puso manos a la obra. Abogadas como Ana Messuti, asociaciones como la ARMH, voluntarios como Malena García o René Pacheco se dejaron la piel en este caso. Ascensión Mendieta deja atrás cientos de amigos y amigas que han aparecido por el camino. Algunos pudieron conocerla y conversar con ella. Otros, no. Muchos y muchas seguían su lucha a través de los medios de comunicación y este martes han querido acercarse al cementerio civil a dar el último adiós. 

Alrededor de 150 personas han acudido al acto. En los corrillos, en las conversaciones, un mismo sentimiento de agradecimiento. Por haber descubierto a todos una nueva dimensión de la palabra lucha y por mostrar que la pelea y la victoria es posible sin una pizca de odio ni maldad. Descanse en paz, Ascensión. Ya estás con Timoteo. Que la tierra os sea leve. 

Ascensión Mendieta durante el entierro de su padre, Timoteo Mendieta, asesinado en 1939 por las fuerzas del franquismo.REUTERS/Juan Medina

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