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El antifeminismo, un "pegamento simbólico" para la extrema derecha europea

Un equipo dirigido por la eurodiputada y jurista María Eugenia R. Palop ha analizado los mensajes y la agenda política de las fuerzas ultraconservadoras de ocho países de Europa centrándose en un aspecto: su confrontación con el feminismo.

Mural feminista en Villa de Vallecas, a 10 de junio de 2021, en Madrid (España)-
Mural feminista en Villa de Vallecas, a 10 de junio de 2021, en Madrid (España). Alberto Ortega / Europa Press

¿Qué discursos y estrategias comparten los movimientos y partidos de extrema derecha en Europa? Esta es la pregunta que se ha hecho un equipo de investigación dirigido por la eurodiputada y jurista María Eugenia R. Palop que ha analizado los pasos de las formaciones ultraconservadoras de ocho países europeos: España, Italia, Francia, Alemania, Austria, Hungría, Polonia y Dinamarca.

Tienen diversas líneas comunes que van desde el repliegue nacional, hasta el militarismo, pasando por la xenofobia y la homofobia. Unos márgenes que amenazan la vida del resto y que comparten un aspecto primordial: su antifeminismo, que funciona como "un pegamento simbólico" para la ultraderecha.

El informe publicado por La Izquierda Europea (The Left) y que se puede consultar de forma íntegra en Espacio Público, dibuja una fotografía actual de la situación. Sus principales conclusiones parten de la idea de que el antifeminismo y los ataques a las políticas de igualdad funcionan como un paraguas ideológico capaz de agrupar a sectores muy diversos dentro de las fuerzas ultraconservadoras.

En concreto, se apunta que la ultraderecha reivindica la familia tradicional y la nación como enclaves seguros frente al peligroso disolvente de la "ideología de género" y la familia auténtica es la heteronormativa, formada por un hombre y una mujer con el objetivo de tener descendencia.

Además, como los partidos de extrema derecha son racistas, también son natalistas, creen que hay una "guerra demográfica" y que para "ganarla" hay que fomentar la natalidad y reforzar el rol de las mujeres como madres y cuidadoras. Del mismo modo, para ellos, la reivindicación de los derechos de las mujeres y de las personas LGTBI es una cuestión identitaria que nos vuelve débiles en un mundo necesitado de "hombres fuertes".

Así pasan de la teoría a la práctica

En todos los casos es posible constatar un intento de deslegitimación del feminismo y de las políticas y derechos para lograr la igualdad y no discriminación por razón de sexo y género. En concreto, se pretende incidir en
las normas y políticas públicas aprobadas de la siguiente forma:

Restringiendo derechos sexuales y reproductivos, especialmente el aborto y limitando el acceso a los métodos anticonceptivos y a la educación sexoafectiva que promueva la igualdad. También negando la existencia de la violencia machista y sus causas estructurales rechazando el enfoque de género en la política y la Justicia.

Oponiéndose al matrimonio igualitario y al derecho a la adopción de las parejas LGTBI y rechazando la autodeterminación de género y defendiendo que los currículos escolares perpetúen los estereotipos de género y sigan invisibilizando a las mujeres. Por último, se persigue a las instituciones y organizaciones que defienden los derechos de las mujeres, las personas LGTBI y las personas migrantes.

Actuar frente a la agenda de odio 

"Frente a la ira y el desconcierto, la respuesta nunca puede ser el desprecio por la vida del otro"

"Frente a esta agenda de odio tenemos que articular respuestas no solo políticas y jurídicas, sino también educativas, sociales y culturales", ha explicado Palop. "Frente a la ira y el desconcierto, la respuesta nunca puede ser el desprecio por la vida del otro", ha añadido la Eurodiputada de Podemos.

"A la hora de pensar en alternativas y estrategias no podemos dejar de reivindicar una mirada feminista, que reposicione los derechos de las mujeres y de las personas LGTBIQ+ en el centro de una estrategia para un nuevo contrato
social de matriz progresista
, inclusivo, tolerante e intercultural, que parta de
una perspectiva relacional y ponga en el centro al ser humano, asumiendo
nuestra interdependencia", sentencia el informe.

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