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La 'bunkerización' de la cúpula de Vox arrastra a sus gobiernos a la inestabilidad

Los de Abascal se esfuerzan por tapar tanto la crisis interna como las decantaciones de los equilibrios de poder en beneficio del ala más ultra del partido. 

Santiago Abascal
El líder de Vox, Santiago Abascal, y el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, durante la manifestación contra la amnistía en Barcelona. Lorena Sopêna / Europa Press

Esta semana la extrema derecha ha paralizado la aprobación de los Presupuestos autonómicos de Illes Balears al tumbar el techo de gasto para 2024. Nunca antes le había ocurrido a un gobierno balear. Vox ha querido recordarle a la popular Marga Prohens que, aunque no pelearan por entrar al gobierno como en otras comunidades autónomas, depende de ellos. Sin ambages, la portavoz parlamentaria de Vox, Idoia Ribas, calificó el 'no' de sus ocho diputados como un "aviso" al PP para que no olvide que sus votos son imprescindibles. 

El freno a las cuentas públicas fue una venganza de Vox contra el PP por no apoyar su propuesta sobre la libre elección de las lenguas cooficiales en la enseñanza, con la que buscan reducir a mínimos el uso del catalán en las aulas. Pero detrás de este pulso de la extrema derecha al PP hay también una crisis interna en Vox. La última de una serie de broncas domésticas imposibles de ocultar.

La dirección nacional de Vox quería que se abstuvieran en la votación del techo de gasto y dejaran vía libre a los Presupuestos, pero el núcleo duro del grupo parlamentario en el Govern balear rechazó las órdenes del equipo de Santiago Abascal. Según ha contado el medio balear Última Hora, Francisco José Cardona y el presidente del Parlament, Gabriel Le Senne, eran partidarios de acatar las órdenes de Madrid. 

Un día después de la votación, Ribas cesó a Cardona como portavoz adjunto en el Parlament y evidenció la guerra de una parte del partido en Illes Balears con la dirección intervencionista de Abascal que ha acabado lastrando la acción de gobierno de Prohens. 

Similar a lo que sucedió hace apenas dos semanas en Extremadura, cuando la única consejera de Vox en el Gobierno de María Guardiola (PP), Camino Limia, presentó su dimisión por la falta de entendimiento con la cúpula de su partido. 

El búnker ultra de Abascal

Lo cierto es que en el PP, su socio por todo el territorio, reconocen que Vox es un "foco" de inestabilidad constante en los gobiernos. O bien por "avisos" como el de Illes Baleares, o por declaraciones y actuaciones polémicas que lastran la imagen sus ejecutivos.

Además, apuntan fuentes populares que acumulan años de relación con la extrema derecha, la bunkerización de Abascal "es un hecho". Como lo es una reestructuración del organigrama interno que cada vez da más peso a Jorge Buxadé, líder de la delegación de la extrema derecha en Bruselas y vicepresidente del grupo de los Conservadores y Reformistas en el Parlamento Europeo (ECR).

Con todo, oficialmente, en Vox hacen esfuerzos por tapar tanto la crisis interna como las decantaciones de los equilibrios de poder en beneficio del ala más ultra del partido. Pero las grietas son grandes y se acumulan. En el PP les miran de reojo, pendientes de los desmembramientos internos de su socio preferente y competidor por la derecha. 

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