Concentraciones, acciones, boicots... la España que sí se mueve contra el genocidio de Gaza
Mientras las tropas israelíes toman Gaza, se multiplican las iniciativas ciudadanas contra el genocidio palestino.

Madrid--Actualizado a
En el momento en el que se escribe este texto, los últimos asesinatos notificados de palestinos a manos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) fueron los 27 gazatíes –se desconoce su edad y género– que el 2 de junio estaban a la espera del reparto de alimento de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF). A ellos hay que sumarles los 31 que fueron asesinados en una situación similar en Rafah el primero de junio.
Una semana antes, se hacían públicas las imágenes de la GHF que, en connivencia con las FDI, obligaba a los palestinos a formar colas en un recinto cerrado de alambre, al sol, en lo que bautizaron como "lugares de distribución seguros". Las redes ardieron entre los usuarios españoles. Prácticamente todos los periódicos se hicieron eco del humillante ritual al que las FDI sometían a quienes llevan meses famélicos bajo fuego israelí.
El revuelo que causaron estas imágenes son un síntoma del apoyo generalizado de la población española a la causa palestina, tal y como han demostrado varios sondeos de opinión y las recurrentes movilizaciones contra el genocidio celebradas a lo largo y ancho del país. La primera de ellas tuvo lugar el domingo 15 de octubre de 2023, apenas dos semanas después del ataque de Hamás del 7 de octubre. Sólo en la capital madrileña se congregaron en torno a 30.000 personas –cifra que fue rebajada hasta las 9.000 por la Policía Nacional– bajo lemas como "Israel asesina al pueblo palestino" o "No es una guerra, es un genocidio".
El Gobierno de coalición español, liderado por Pedro Sánchez (PSOE), tardó algo más en mostrar su oposición a la ofensiva israelí. Tras el 7 de octubre, criticó enérgicamente la masacre cometida por Hamás y defendió el derecho de Israel a defenderse. Una semana después, Tel Aviv ya había superado la apuesta de la milicia palestina en casi 1.000 muertos. Desde entonces, esta cifra no ha parado de multiplicarse, sumando decenas de miles de nuevas víctimas a un conflicto que se alarga desde 1948. A finales de noviembre de 2023, Pedro Sánchez visitó Israel, donde condenó los ataques de Hamás y pidió al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, "proteger a la población civil en Gaza". En aquel momento, las críticas a los ataques y el apoyo a la causa palestina no se materializaba en hechos.
Presión al Gobierno
Ha sido la movilización ciudadana, de colectivos sociales y de ciertas fuerzas políticas con representación en el Congreso de los Diputados –y de cuyo apoyo depende la continuidad del Gobierno–, lo que ha obligado al PSOE a virar hacia posicionamientos más determinantes. De hecho, es gracias a esta presión que, en la primera semana de junio de 2025, el Ministerio de Defensa de España haya suspendido un contrato por valor de 285 millones de euros con una empresa israelí para fabricar sistemas de misiles.
La decisión llega después de que el Gobierno español no llevara a término la promesa que adquirió meses antes de cortar el comercio de material militar con Israel. Cuando el pasado mes de abril trascendió que había faltado a su palabra –debido a la vigencia de un contrato de balas entre una empresa militar israelí e Interior–, una avalancha de críticas y protestas sociales hizo temblar la imagen del presidente y del titular del Interior, Ferando Grande-Marlaska. Días después, el Gobierno daba marcha atrás al contrato. Paralelamente, el Ministerio de Defensa anunciaba un plan de desconexión tecnológica con la industria militar israelí.
España ha sido la punta de lanza de Europa en el apoyo a la causa palestina. El resto de la UE, como la práctica totalidad de las potencias del norte global, han permanecido impertérritas ante las imágenes de cadáveres de niños, pedazos de cuerpos desparramados, fosas comunes, hospitales ardiendo o desplazamientos forzados. También han guardado silencio –cuando no se han pronunciado en contra– ante las investigaciones por genocidio de la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia en curso.
Sólo la hambruna a la que está sometida Gaza ha hecho que algunos líderes europeos miren hacia ese castigado pedazo de tierra, ahora reducido a escombros. Y lo han hecho tímidamente, después de 92 días en los que Israel ha impedido la entrada de alimento, combustible o suministro médicos en la Franja. Tímidamente, porque no han exigido el fin del genocidio, ni que se devuelvan las tierras a los miles de desplazados. Mucho menos que se abra un proceso en el que se explore cómo lograr la creación del Estado de Palestina.
Solo se han limitado a pedir la entrada de ayuda humanitaria en Gaza. Así lo ha hecho el canciller alemán, Friedrich Merz, que a finales del pasado mes de mayo dijo estar “consternado por el destino de la población civil y su terrible sufrimiento”. Al igual que ocurre en España, es fuera del parlamento alemán así como del francés, portugués o inglés, donde se concentra la oposición más explícita a las políticas que Benjamín Netanyahu aplica a los palestinos.
Una marcha cada fin de semana
Apenas dos semanas después de los ataques del 7 de octubre y del inicio de la guerra en Gaza, las calles de varias ciudades españolas se llenaban de pancartas contra el genocidio. Desde entonces, cada semana hay una movilización en un rincón u otro del país. Si bien la afluencia de gente en concentraciones y manifestaciones ha disminuido en los últimos meses, la sucesión de convocatorias evidencia que varios colectivos en defensa de la causa palestina continúan teniendo actividad. La última organización en hacer un llamamiento a la movilización ciudadana ha sido la agrupación de colectivos Parar la Guerra, que tendrá lugar el próximo 14 de junio.
Uno de los colectivos españoles que más lejos ha tratado de llegar en sus protestas contra el genocidio y el apartheid ha sido la organización de Rumbo a Gaza. Esta organización forma parte de la coalición internacional Freedom Flotilla -Flotilla de la Libertad-, que desde el año 2008 lleva a cabo acciones pacíficas contra el bloqueo ilegal al que Israel somete a la Franja de Gaza por tierra, mar y aire. Su acción estrella es la de tratar de alcanzar la costa del territorio palestino por mar. En 2010, la Flotilla de la Libertad fue atacada por las FDI cuando trataba de completar esta misión. Diez personas fueron asesinadas a manos de los soldados israelíes.
Desde entonces, todas las misiones de la Flotilla han sido saboteadas o impedidas por los distintos gobiernos europeos. La última vez fue el pasado mes de mayo, cuando el barco en el que varios activistas y personalidades internacionales –incluida Greta Thumberg– se disponían a navegar, fue atacado por dos drones que, según la organización, eran israelíes.
Hoy, la Flotilla de la Libertad, continúa buscando las grietas por las que combatir el bloqueo a Gaza mediante la acción no violenta. El pasado lunes 2 de junio, un nuevo barco zarpó desde Sicilia rumbo a Gaza. En él iban la activista sueca y el actor irlandés Liam Cunningham, entre otros. Paralelamente, la coalición que integra la Flotilla ha organizado la Marcha Global a Gaza, una expedición a pie desde El Cairo (Egipto) hasta Rafah, en la frontera con la Franja, que tendrá lugar a mediados de junio y en la que se espera que participen cientos de activistas de todo el mundo, incluido del Estado español.
La academia frente al genocidio
Las semillas plantadas en los campus universitarios de Columbia, Michigan y Berkeley (EEUU) en 2024 contra el genocidio brotaron en las universidades de toda Europa. Tuvieron un especial arraigo en España, donde surgieron charlas, acampadas y huelgas en todas las facultades públicas. Los alumnos, primero, y algunos miembros del profesorado, después, presionaron pacíficamente a las instituciones académicas para que rompieran sus acuerdos de colaboración con universidades israelíes. Buscaban, a su vez, que sus homólogas israelíes forzaran a Netanyahu a detener su ofensiva sobre Gaza. De paso, mantuvieron viva una mecha que se contagió a otros campus en otras facultades.
Los colectivos que participaron en las acampadas se organizaron alrededor de la Red de Universidades por Palestina (RUxP). A finales de noviembre de 2024, organizaron unas jornadas en las que participaron activistas y académicos de diferentes ámbitos bajo el lema "La universidad frente al genocidio". Pese a que hace meses que los estudiantes levantaron sus tiendas de campaña de la mayoría de las universidades y de que el foco mediático ha redirigido su mirada hacia las instituciones políticas tradicionales, en los pasillos de las facultades públicas españolas la lucha continúa.
Cada semana se producen concentraciones, reuniones con las autoridades universitarias, jornadas informativas, y actividades culturales en varias universidades del país. Con ellas, estudiantes y trabajadores de la academia buscan mostrar su oposición al genocidio, así como dinamitar los lazos entre las universidades españolas y el apartheid al que es sometida la población de Gaza.
Uno de los últimos colectivos en alzar la voz contra el genocidio ha sido la Red Académica Internacional sobre Masculinidades Género e Igualdad, a la que pertenecen observatorios de universidades españolas, portuguesas y mexicanas. En un manifiesto publicado el pasado 29 de mayo, invitaban a reflexionar sobre "quién decide las guerras", para después añadir que "el genocidio en Gaza refleja también la forma más extrema de la masculinidad militarizada: una masculinidad que legitima la opresión, niega la compasión, administra jerárquicamente la dignidad y elimina toda posibilidad de vida compartida".
La movilización en las universidades logró que la Universidad de Granada (UGR) suspendiera en mayo de 2024 la colaboración científico-técnica y de movilidad con universidades e instituciones israelíes "con la determinación de contribuir en el marco de sus competencias al fin de esta masacre y hasta tanto no se produzca el cese de las operaciones militares o la condena firme de la violación de derechos humanos por parte de las universidades e instituciones con las que se mantienen relaciones académicas o de investigación".
Por su parte, la Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas (CRUE), se comprometió a "revisar y suspender" los acuerdos de colaboración vigentes con universidades israelíes "que no hayan expresado un firme compromiso con la paz y el cumplimiento del derecho internacional humanitario". Pero, un año después de la oleada de movilizaciones, todavía hay 15 universidades con acuerdos de colaboración con la academia israelí. Por esta razón, la RUxP emitió recientemente un comunicado en la que señalaba los casos que todavía hoy siguen vigente. Asimismo se han reactivado las acampadas en varios puntos del país, como la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

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