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Parler españa  Dirigentes de PP, Vox y Cs se unen a la red social 'ultra' de los seguidores de Trump

Santiago Abascal, Beatriz Fanjul y Toni Cantó han decidido emular a la ultraderecha americana y han creado un perfil en Parler. Ahora las grandes tecnológicas han vetado la aplicación por la ausencia de regulación de su contenido.

El líder de Vox, Santiago Abascal, utilizando su móvil en el Congreso. / Archivo
El líder de Vox, Santiago Abascal, utilizando su móvil en el Congreso. / Archivo.

marta monforte

Estados Unidos siempre presume de marcar tendencia. En la moda, en el cine y también en la política. Después de que Twitter decidiera suspender la cuenta de Donald Trump por instigar el asalto al Capitolio la pasada semana, los seguidores del presidente saliente decidieron unirse a la red social Parler a modo de protesta, una red social que se creó en el año 2018 y que no aplica ningún tipo de regulación de contenido. Dirigentes de PP, Vox y Ciudadanos decidieron emular a la ultraderecha americana y también se abrieron perfiles en dicha red social, actualmente vetada por Apple, Amazon y Google.

Parler se ha basado desde su nacimiento en el año 2018, y como hecho diferenciador de Twitter, en la ausencia de regulación, "y lo han tratado de vender como que son la red social que permite la total libertad de expresión", explica David Álvarez, analista y consultor en redes sociales, en conversación con Público. Las razones que han dado las empresas tecnológicas para no ofrecer sus servicios es que Parler ha hecho caso omiso de las normas de uso y condiciones de dichas plataformas, fundamentalmente relacionado con la ausencia total de moderación de contenidos que incitan al odio.

"¡No podrán silenciarnos!", escribió el líder de Vox, Santiago Abascal, el pasado sábado, anunciado su incorporación a la plataforma. Otros compañeros de su partido, como el portavoz parlamentario de los ultraderechistas, Iván Espinosa de los Monteros, y el europarlamentario Hermann Tertsch, también se crearon una cuenta. "La libertad de expresión está siendo atacada a nivel global", censuró el vicesecretario de comunicación de Vox, Manuel Mariscal.

Pero los dirigentes de Vox no fueron los únicos en unirse a Parler. La diputada popular y futura líder de Nuevas Generaciones del PP, Bea Fanjul, anunció el salto a la citada red social con un polémico mensaje: "Empieza la revolución", aseguró. Se trata del mismo grito que lanzaron los seguidores de Trump durante el asalto al capitolio. El senador popular por Cantabria, Javier Puentes, también se creó una cuenta. "Difícil de entender que los medios no se hagan eco del ataque a la libertad de expresión por parte de las grandes tecnológicas", señaló.

Por su parte, el polémico Toni Cantó, portavoz de Ciudadanos en Les Corts también decidió unirse rápidamente a Parler, al igual que su excompañero de filas Juan Carlos Girauta, que ejerció como portavoz de Cs en el Congreso. "Esto ya era una cuadra que hay que limpiar a diario de bots e indeseables. Ahora es mucho más grave: censura ideológica", escribió en Twitter, la misma red social que criticaba. Girauta presumió de reunir a 6.000 seguidores en Parler en apenas unas horas. Sin embargo, la alegría no le duró mucho. 

La corta vida de Parler y sus vínculos con la ultraderecha

David Álvarez también explica el origen de esta red social y analiza su vinculación con la ultraderecha norteamericana en conversación con Público. Parler se creó en el verano del 2018. Sus fundadores  son John Matze y Jared Thomson y su sede se encuentra en Nevada, en Estados Unidos. Unos de los principales inversores de la red Parler es la familia Mercer, muy vinculados al presidente saliente. No en vano Rebekah Mercer es una de las mayores donantes del Partido Republicano.

Álvarez  recuerda que Trump y su equipo empezaron a usarla durante la pasada campaña electoral, debido a las diferentes publicaciones que Twitter limitó al presidente saliente "por incumplir sus normas de uso". "El hecho de la que red Parler se identifique por no aplicar ningún tipo de regulación de contenido, hizo que el entorno de Trump, la extrema derecha comenzara a usarla". Y ese también ha sido el motivo por el que las grandes tecnológicas la han vetado.

El analista explica que las empresas tecnológicas como Apple, Amazon y Google han decidido echarle el candado a Parler. "Lo que supone automáticamente el cese su actividad, así como la imposibilidad de poderte descargar la aplicación de modo masivo, que es lo que está sucediendo ahora mismo". Fuentes de Parler han informado que van a iniciar el proyecto partiendo desde cero, "aunque sin la colaboración de las grandes plataformas de alojamiento, como Amazon, se antoja muy complicado que vuelvan a activarse, por lo menos a corto plazo", pronostica Álvarez. 

"No está en peligro la libertad de expresión"

A juicio del analista, "lo que ha sucedido con Trump y las redes sociales es un ejemplo más, aunque muy importante, de las consecuencias de, por una parte, la irresponsabilidad de las grandes tecnológicas durante los últimos años por su dejadez en las connotaciones sociales y políticas de sus negocios, y por otra la impericia de los Estados a la hora de afrontar de un modo profundo toda esta problemática". 

Para Álvarez el problema reside en que las tecnológicas no han querido asumir que los proyectos que han creado durante la última década se han convertido en una parte importante de nuestra sociedad, con implicaciones políticas y sociales. Y lamenta que no se hayan tomando medidas de calado hasta que no se ha detectado que lo que estaba sucediendo afectaba a su reputación y a su modelo de negocio y cita el caso de Cambridge Analytica. "Todas las medidas que han ido tomando durante el 2020 siempre han sido en clave electoral estadounidense para que nos se les fuera de las manos. Y las elecciones terminaron y los problemas siguen estando ahí", opina.

Sin embargo, el analista no cree que la libertad de expresión esté en peligro, tal y como denuncian los dirigentes políticos de la derecha, pero sí advierte de que se corre el peligro "de la arbitrariedad" si estas acciones empiezan a hacerse de manera recurrente. "O se afronta una regulación conjunta de fondo o seguiremos con el problema", señala. Una regulación que, a su juicio, se debería realizar de modo conjunto con las grandes tecnológicas.

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