Entrevista a Daniel Campos"España no está en condiciones de regular la figura de los policías infiltrados"
El periodista relata en Guerrilla Lavapiés la infiltración de un agente en los movimientos sociales de los 2000.

Madrid--Actualizado a
La prensa ha destapado una decena de casos de policías infiltrados en movimientos sociales de Madrid y Barcelona durante los últimos años. "Lo que vemos es un patrón común: gente joven que lleva poco tiempo en el cuerpo y no ha recibido una formación específica para desarrollar estos trabajos", relataban en este artículo las fuentes consultadas por Público. La descripción coincide. El modus operandi también. Alfonso fue uno de los elegidos; un chaval recién salido de la Academia de Policía de Ávila y que había crecido en el kilómetro cero del activismo. El periodista Daniel Campos recoge su testimonio y sus anécdotas en Guerrilla Lavapiés (Península), un libro ambientado en el barrio que le da nombre y que recoge las infiltraciones –y la criminalización del activismo social– durante la época de los 2.000.
Una película ganadora de varios premios Goya, documentales, series y ahora un libro. ¿Qué pasa con los policías infiltrados?
Lo primero que tengo que decir es que mi libro fue antes que la película –bromea–. Lleva escrito desde 2019, cuando conocí al infiltrado, pero por cuestiones de tiempo y también de decoro profesional, tuvimos que aparcarlo. La figura de los policías infiltrados es atemporal; lo que pasa es que ahora se ha juntado mucha producción audiovisual y literaria, pero siempre ha interesado. Las dicotomías que se abren, casi psicológicas, unas lealtades que se confunden, un doble disfraz que se convierte a veces en su propia piel... Todo conjuga en un atractivo que perdura y se mantiene.
¿Cómo ha sido recoger y documentar el testimonio de Alfonso?
La verdad es que ha sido un proceso bastante grato; muchos cafés y alguna caña, una veintena de sesiones largas y que también le han servido al agente como terapia. Alfonso ha tenido que revivirlo todo otra vez casi dos décadas después.
El protagonista se rebela –a su manera– contra los mandos, siente que lo han dejado tirado en una suerte de limbo legal…
La figura del policía infiltrado se mueve en un terreno pantanoso que tampoco es grato para los propios agentes, porque plantea situaciones complicadas. El limbo legal sirve también para que los mandos puedan utilizar a los policías según las circunstancias, moverlos de un lado a otro. Alfonso era un infiltrado joven y llegó un momento en el que se sintió utilizado por las cúpulas policiales; decidió rebelarse y terminó casi forzando que lo pillaran, tenía claro que quería abandonar ese mundo. Luego intentó ascender y llevó los apuntes a alguna misión; no lo consiguió y pensó que le habían trucado el examen.
¿Por qué no se regula la figura del policía infiltrado?
Es un debate complicado, pero tenemos que abordarlo. Personalmente creo que hace falta regular la figura del policía infiltrado; ninguna tarea policial puede ser alérgica a la regulación, no podemos ser tan oscuros. Los que defienden que con una regulación sería imposible este trabajo están equivocados; debe regularse, tenemos que establecer unos límites, primero para clarificar la intromisión en derechos de terceros y luego para dotar de seguridad jurídica a los propios infiltrados.
Hablamos de una figura que también deja víctimas. 'La Directa', 'El Salto' y 'Público' han recogido testimonios de personas que hablan incluso de relaciones sexuales, daños psicológicos…
Exacto, por eso digo que tenemos que abrir este debate. Muchas veces resulta inevitable despegar la careta de la cara; los vínculos que se establecen pueden ser reales, Alfonso los consideraba [a los compañeros y militantes] amigos de verdad. La regulación, insisto, también serviría para definir este tipo de conflictos. Los policías infiltrados deberían trabajar con el aval de un juez, como ocurre con los agentes encubiertos. Ellos tienen unos andamios que los policías infiltrados no tienen.
¿Dónde están los límites? Este tipo de actitudes son éticamente reprobables.
No me corresponde a mí establecerlos. El debate es realmente amplio. Cualquier Estado tiene que tener una serie de mecanismos que le permitan anticiparse a elementos violentos que puedan poner en riesgo la seguridad de sus ciudadanos; tal vez el límite esté en el tipo de ámbitos o situaciones en los que las administraciones pueden hacer uso de esta figura. Es necesario un consenso para decidir en qué movimientos y colectivos hace falta infiltrarse; cuáles son los delitos que hace falta clarificar.
¿Cuál es el criterio a la hora de adentrarse en unos u otros movimientos?
El criterio debería ser la peligrosidad. La figura del policía infiltrado, no obstante, es una rara avis, una herramienta que no se utiliza casi nunca porque cuesta dinero y muchos recursos, supone un riesgo personal y, además, genera dudas por la posible intromisión de ciertos derechos. Lo normal para captar información es recurrir a los confidentes.
La norma es mirar a las casas okupas, la militancia política, los colectivos sociales. ¿Qué tienen de peligroso estos movimientos?
Lo que pasa es que hablamos generalmente de los casos que transcienden, la inmensa mayoría no los conocemos. Alfonso, por ejemplo, se mueve en un espectro súper amplio. El movimiento antiglobalización daba mucho miedo a las cúpulas policiales y al Ministerio del Interior; hablamos de un movimiento que ha conseguido torcer el brazo de las empresas que dominaban el mundo. Las autoridades apostaron por la infiltración de policías aquí porque no entendían el movimiento, no sabían quién estaba detrás, cómo actuaban, ni cuáles eran sus objetivos.
Los agentes infiltrados parece que no han llegado todavía a las bandas neonazis, tampoco a otros movimientos que sí pueden suponer una amenaza real para la población, como puede ser Desokupa.
No sé si existen infiltrados como tal en estos movimientos. Lo que sí te puedo asegurar es que las autoridades cuentan con medios para obtener información de los grupúsculos de extrema derecha que consideran potencialmente peligrosos.
¿Cómo ha evolucionado la infiltración de agentes con los distintos gobiernos?
No tenemos datos, pero creo, como te decía, que la figura es complicada y no se utiliza tanto como pensamos. Las noticias, las películas y la literatura pueden dar una imagen de acumulación de casos que no se corresponde con la realidad.
Mayor Oreja era ministro durante las primeras misiones como infiltrado de Alfonso, ¿cómo definiría su etapa al frente de Interior?
Mayor Oreja era un hombre obsesionado con ETA.
Luego vino Mariano Rajoy...
Un paracaidista con dotes.
Ángel Jesús Acebes.
El ministro de la política mal entendida.
Alfredo Pérez Rubalcaba.
La gente dice que Marlaska y Rubalcaba eran los mejor preparados.
¿Y Jorge Fernández Díaz?
Esta fue la época más oscura del Ministerio del Interior.
¿España está preparada para abordar el debate de los policías infiltrados?
España no está en condiciones de regular la figura de los policías infiltrados, porque no se dan los consensos necesarios para ello. El debate es suficientemente serio como para abordarlo con un ambiente tan crispado.

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