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Así evolucionan las izquierdas y derechas en la Europa del siglo XXI

Los analistas consultados coinciden en que el cambio más significativo que se ha producido en la Unión Europea respecto a los últimos años del siglo XX ha sido el auge de los partidos de derecha radical y populista.

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Imagen del Parlamento Europeo. — REUTERS

MADRID,

Los grandes espacios políticos europeos ya no son lo que eran. Las continuas divisiones en la izquierda, el triunfo del neoliberalismo, la crisis económica de 2008 y el crecimiento de la derecha populista radical han sido elementos que han transformado el paradigma social y político de la Unión Europea, afectando a conservadores, liberales, socialdemócratas y a los partidos tradicionales de la izquierda europea.

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Del mismo modo, la pandemia de la covid-19 plantea nuevos retos para los actuales y futuros representantes públicos. Está por ver cuál será el futuro de los partidos socialistas europeos y de los grupos situados a su izquierda —sobre todo, el posible éxito de los verdes en países como Alemania—, además de cómo se va configurando el bloque de la derecha, atomizado por el auge de las fuerzas radicales y populistas.

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Para analizar estas claves, Público ha contactado con varios profesores y expertos en Ciencias Políticas, que responden a algunas de las cuestiones que explican el momento en el que se encuentran los bloques de la izquierda y la derecha en Europa.

El auge de la extrema derecha

Los analistas consultados coinciden en que el cambio más significativo que se ha producido en la Unión Europea respecto a los últimos años del siglo XX ha sido el auge de los partidos de derecha radical y populista. "El bloque de la derecha ha estallado y se ha fragmentado en distintas estrategias: la liberal, la conservadora y la que podemos llamar ultraderecha", explica Sergio Príncipe Hermoso, periodista y profesor de Políticas de Información y Comunicación de la Unión Europea en la Universidad Complutense de Madrid.

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Las causas de esta atomización de las fuerzas conservadoras residen en la crisis económica de 2008, que "proporcionaría una ventana de oportunidad política para los partidos de extrema derecha, que además han empleado un claro discurso anti-establishment", afirma Elba Maneiro, investigadora en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Santiago de Compostela. "Podríamos hablar de una derecha radical outsider que se aleja de Blas Piñar y abraza a Steve Bannon".

Mientras, sostiene Príncipe Hermoso, "la izquierda ha ido evolucionando sobre una subdivisión que ya existía antes, con distintas estrategias que tenían una cierta tradición en algunos países europeos y que las hemos empezado a ver en España recientemente, con el nacimiento Unidas Podemos y las confluencias".

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La covid-19, una ventana de oportunidad

"La covid-19 ha supuesto un revulsivo para todos y ha puesto encima de la mesa nuevos argumentos", recalca el profesor de la Universidad Complutense, que considera que la izquierda puede tener, en este nuevo clima, "una gran oportunidad en función de cómo asuma la agenda verde y la lucha contra el cambio climático" y de si finalmente "la izquierda ecologista en Alemania —que celebra elecciones federales a finales de septiembre— y en otros países consigue tener éxito", pues es "un modelo muy veterano que incluso ha tenido experiencia de Gobierno".

No obstante, no solo la izquierda puede aprovechar el actual tablero político y social que ha emergido por la pandemia. "La sensación de inoperatividad o de cierta lentitud de respuesta por parte de las instituciones europeas frente a la pandemia otorga una especie de bolsa de oxígeno a los partidos populistas y de extrema derecha", apunta Francisco Collado, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Málaga. "Les da un argumento para reafirmarse en su postura de que la Unión Europea no funciona y así mantener un discurso contrario al proceso de integración europea".

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La crisis sanitaria también ha cambiado las lógicas de comportamiento dentro de los partidos conservadores tradicionales. Algo que se puede ver, como defiende Maneiro, en sus estrategias de comunicación política: "Pensemos en el caso de Ayuso y la Comunidad de Madrid. Su objetivo ha sido estar presente de forma constante en las portadas de todos los medios. ¿Cómo? Radicalizando el debate y enmarcando la discusión en torno a ciertos temas, como la libertad, en un juego de suma cero: conmigo o contra mí". Ese contagio en el empleo de formas populistas por ciertos líderes de partidos supuestamente moderados ayuda a entender la relación entre la derecha y la extrema derecha, tanto en Europa como en España.

La coexistencia de la derecha radical y moderada

La investigadora de la Universidad de Santiago de Compostela subraya que existen distintas estrategias en la relación entre la derecha radical y moderada en Europa. "Por ejemplo, en Italia y Austria los pactos con la derecha radical se han afianzado; mientras, en Bélgica, Alemania, Países Bajos o Francia los partidos tradicionales han mantenido un rígido cordón sanitario a las formaciones de derecha radical". Príncipe Hermoso, por su parte, recuerda el caso del ultraconservador Viktor Orban, primer ministro de Hungría, cuyas posiciones radicales han provocado "un choque de trenes en el Partido Popular Europeo (PPE)". Orban abandonó el grupo de los conservadores europeos después de que estos lo suspendieran para que no tuviera ni voz ni voto por no respetar los valores de la Unión Europea.

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En España, Vox se ha posicionado contundentemente a favor del representante húngaro. "Líderes como Orban son el futuro de Europa", defendió Santiago Abascal. Sin embargo, Collado añade que el caso de la formación de ultraderecha española es "paradójico" porque, aunque mantienen posturas de extrema derecha en el ámbito discursivo y de la comunicación, "en el plano económico no tienen una práctica propia de lo que suele exigir la derecha radical, con una gran presencia del Estado en la economía, sino que abogan por un puro y duro neoliberalismo".

De esta manera, el partido de Abascal ha conseguido atraer a los votantes más radicales del Partido Popular. Ante esta coyuntura, "la estrategia actual de Casado ha sido un giro nada sutil hacia ese espacio perdido y que difícilmente parece compatible con sus electores de centro-derecha", aclara Maneiro atendiendo a los motivos que ilustran el actual viraje a la derecha del PP, que se abstuvo de reprender a Orban tras su campaña de odio al colectivo LGTBI. "Cuando un partido con vocación de Gobierno como es el PP juega en los extremos siempre lleva las de perder, puesto que Vox siempre será capaz de radicalizar más ciertas cuestiones como la inmigración. Es un juego que los populares no pueden ganar frente a un partido que lo que busca es una posición discursiva marginal".

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Liberales y verdes: éxito en Europa y fracaso en España

En numerosos países europeos existen proyectos moderados con amplio apoyo social que representan tanto a liberales como a verdes. Alemania, Dinamarca, Francia, Países Bajos, Austria, Finlandia o Suecia son los países de la Unión Europea donde las formaciones verdes y liberales tienen un papel relevante en el ámbito político. En España, sin embargo, fuerzas políticas de estas características no consiguen despegar ni cosechar los apoyos suficientes como para hacerse un hueco significativo en las instituciones. El discurso ecologista es absorbido por las formaciones situadas, especialmente, a la izquierda del PSOE.

Mientras, los liberales parecieron encontrar lugar en Ciudadanos, pero fue flor de un día. La formación naranja cada vez tiene menos apoyos y ya ha desaparecido en algunas cámaras autonómicas. Para Maneiro, las formaciones liberales en España han fracasado "por la propia génesis y desarrollo de la derecha española, catalizada por la Transición". La profesora de Ciencias Políticas destaca que "la derecha española en la Transición nace con vocación de extender su espacio político de manera amplia en todo el espectro de centroderecha, aunando tanto las posturas liberales como las posturas conservadoras". Con todo, conviene puntualizar "que existe cierta tendencia a asumir que las posiciones liberales en el resto de Europa no van de la mano del conservadurismo social; sin embargo, no se debe olvidar los planteamientos de Margaret Thatcher respecto al divorcio o al aborto, que no deja dudas sobre esa compatibilidad entre liberalismo y conservadurismo".

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Por su parte, las formaciones verdes no han conseguido calar todavía entre los ciudadanos españoles porque, según Collado, "la tradición de los partidos políticos ecologistas es muy reciente en el tiempo"; de hecho, a finales de los 70, mientras en otras zonas de Europa ya estaban surgiendo partidos políticos verdes, en España "estos valores estaban dispersos en partidos como el Partido Comunista o el PSOE". Con la llegada de la democracia, "estos principios se integraron en Izquierda Unida".

Príncipe Hermoso manifiesta que, por ejemplo, "Equo, aunque tenía su espacio, no ha sido capaz integrarse en el debate político ofreciendo alternativas que efectivamente enseñen a la ciudadanía cuál es el camino frente al cambio climático". Maneiro argumenta que en España los últimos procesos históricos —tanto el periodo de crecimiento económico tras la Transición como la crisis de 2008— han hecho "que sea difícilmente compatible el apoyo a los valores posmaterialistas que caracterizan a los partidos verdes". A pesar de ello, ahora están surgiendo alternativas como Más País o Alianza Verde, este último partido dentro de Unidas Podemos.

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Bibloquismo o grandes coaliciones

Los pactos entre la izquierda y la derecha son habituales en países como Alemania o Austria, que precisamente son zonas donde liberales y verdes desempeñan un importante papel político y de Gobierno. En España, Collado indica que "la cultura política de los ciudadanos y la constante polarización" dificultan que puedan existir este tipo de pactos. Príncipe Hermoso opina que "la escasa tradición de coaliciones" obstaculiza los posibles intentos de acuerdo entre la izquierda y la derecha. Asimismo, agrega que hay asuntos, como el tema catalán, que hacen "irreconciliables las opciones de que derecha e izquierda gobiernen conjuntamente".

Maneiro explica este punto comparando el caso español y alemán: "En Alemania se produjo una ruptura total con las posturas antidemocráticas, en España la génesis de la democracia tuvo una mayor permeabilidad de los sectores antidemocráticos y marcadamente franquistas". De acuerdo con la investigadora de la Universidad de Santiago de Compostela, esto ha propiciado que los representantes alemanes "tengan un mayor compromiso con los valores democráticos y visión de Estado que permite la negociación y debate entre partidos aparentemente divergentes pero que comparten unos principios de exclusión de los sectores antidemocráticos".

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"A pesar de la visión edulcorada e idílica que se intenta transmitir de la Transición, lo cierto es que la democracia española fraguó desde sus inicios una política de bloques difícilmente permeables sin que ello suponga grandes costes electorales", sentencia Maneiro.

Por lo tanto, al igual que también ocurre en otros países europeos, la cultura política española está abocada al bibloquismo; es decir, un modelo multipartidista donde las formaciones de izquierda son capaces de formar gobierno con las fuerzas con las que comparten bloque mientras los conservadores se moverán del mismo modo aunque tengan que pactar con partidos ultraderechistas.

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