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Manifestación contra los indultos del procés Fiesta privada de la extrema derecha en la Plaza de Colón contra los indultos

En torno a 25.000 personas corean consignas en contra del Gobierno "felón", y dejan un reguero de españolismo desbordante en el centro de Madrid en la manifestación contra el perdón a los políticos del 'procés'.

Concentración Plaza de Colón
Un joven sostiene un cartel contra los indultos a los políticos del 'procés' entre un gentío con banderas españolas. Guillermo Martínez / Público

La concentración contra los indultos a los políticos presos del 'procés' en la madrileña Plaza de Colón ha dejado un reguero de españolismo desbordante en las grandes avenidas adyacentes. En torno a 25.000 personas han coreado consignas en contra del Gobierno "felón", los pretendidos indultos a los presos catalanes y a favor de que se respete la Constitución. Como si la medida de gracia otorgada por el Ejecutivo se saliera de la Carta Magna; como si el acuerdo esgrimido en 1978 fuese garantía de consenso actual.

El mismo día que el socialismo andaluz celebra sus primarias y Podemos ha elegido a su nueva secretaria general, el centro de Madrid ha terminado atestado de banderas rojigualdas. Eso sí, se vendían a tres euros la bandera. Dos por cinco, pero pequeñas. La ley de la oferta y la demanda: libertad a la madrileña. Un cartel tempranero, pues aún faltaban más de 20 minutos para la hora de inicio del acto, advertía. En un gesto temerario hacia la famosa frase de Aznar, el cartón advertía: "Si bebéis, no legisléis", firmado por el Movimiento Anti Comunista Socialista (ACOSO).

Una Plaza de Colón con el brazo extendido veía cómo cada minuto decenas de personas se empezaban a asomar a su alrededor. La España viva de Vox, tal y como rezaban varias bufandas, demostraba que se podían hacer dos veces a la vez: además de luchar por la unidad de España, también amenizaban la espera de su líder con unas latas de cerveza. No todo va a ser madrugar. El retraso se hacía patente en la zona. Minutos y minutos de espera que pasaban lentos sobre unas cabezas calientes, que buscaban la sombra.

Esa ha sido la frontera elegida. La zona del sol, para caminar; la zona de la sombra, para pararse. La "cerveza, agua, botes" que un vendedor ofrecía poco antes del mediodía se han terminado pronto. No así con las banderas de España, mucho más resistentes a las necesidades más primarias de cualquier persona. Bizarro ha sido el momento en que una bandera estadounidense se ha paseado por la calle Preciados. Bajando, apostados en el lateral del edificio de la Biblioteca Nacional, otras tantas decenas de personas esperaban que alguien dijera algo por la megafonía. Esa megafonía ha sido la utilizada para pedir respeto a los voluntarios de Unión 78, la organización convocante, que controlaban el aforo de la plaza. Varias personas a favor de la unidad de España no lo estaban tanto de que no pudieran entrar al centro del lugar.

Manifestación de Colón
Detalle de uno de los asistentes a la concentración de la Plaza de Colón con la bandera franquista. Guillermo Martínez / Público

Las banderas franquistas también se han dejado ver. Una grande, no del todo libre, ha sido ondeada dentro del perímetro restringido de Colón. Ya fuera, otro señor lucía orgulloso la bandera con el águila de los Reyes Católicos, tal y como la ha descrito. "No somos fascistas, eso lo fueron la Primera y Segunda República, esos masones que robaron al pueblo", ha dicho al ser preguntado por Público. A escasos metros, otro hombre lucía una mascarilla con dos mensajes, uno a cada lado: "Arriba España / Puigdemont a prisión". A la vez, posaba estirando su bandera elegida para la ocasión: la cruz de Borgoña con el águila bicéfala. En un ejemplo de barra libre de españolismo unitario, otra enseña de tela tenía la cruz del Valle de los Caídos.

Otros clásicos no han faltado en el espectáculo. La rojigualda con el, según han comentado a este medio, "sagrado corazón de Jesús, porque España está consagrada al corazón de Jesucristo", ha lucido impertérrita del cuello de varios de los congregados. Otras rezaban "Viva Cristo Rey" y "Stop Ley Celaá", cuando no eran decoradas con el escudo de la Legión española acompañando a su lema: "Legionarios a luchar, legionarios a morir".

"Traidor es la peor palabras que se le podía decir a alguien en la edad media, le decía un padre a su hijo poco antes de que algunos críos aparecieran portando una pancarta por la parte de la calle Génova en la que ponía: "Catalunya somos todos". Y una asistente se quejaba: "Tendría que poner Cataluña, pero con 'ñ'". Para gustos, colores, aunque solo hubiera dos en la plaza. Otro asistente mostraba su repulsa a los indultos, pero no de forma total. Los tiempos, debía saber, son muy importantes en política, así que su postura la ha resumido en un trozo de cartón escrito: "Indultos ahora no". Ya veremos más adelante.

Bajo un sol abrasador nadie hablaba de rascacielos. El único que se podía considerar como tal en la plaza lo están desmontando y los protagonistas de las conversaciones se debatían entre los socialcomunistas, los traidores y los catalanes. A las 12:51 han conectado los altavoces: "Al menos podemos escuchar el himno de España", ha dicho una mujer a otra. Tres minutos después llegaban las primeras palabras: "Decían que lo de Colón es una cosa de la ultraderecha, y sí, aquí hay personas de derechas, pero también de centro y de izquierda", ha aceptado el primer orador. "No a los indultos", ha espetado a los miles de asistentes. "No a los indultos", han contestado. La inmunidad de rebaño contra los indultos era una realidad.

Manifestación Plaza de Colón
Dos asistentes a la manifestación de la Plaza de Colón. Guillermo Martínez / Público

Citar a personajes de la talla de Alejandro Castillejo, miembro de la Institución Libre de Enseñanza, siempre es algo osado por parte de gente de derechas. Para qué se iban a engañar, una vez cogido carrerilla tambien se han atrevido con Antonio Machado. Después, "un español de Cataluña y un catalán de España" ha tomado la palabra para decir que "los jóvenes de España vamos despertando poco a poco, en una suerte de declamación que recordaba a los Flechas y Pelayos que ha llegado a su punto álgido al decir estas cuatro palabras seguidas: "Nuevos jóvenes de España".

Un gorro anarajando de la JMJ celebrada en Madrid hace ya algunos años quitaba el sol a una mujer que se acercaba a comprar el emblema banderil de España. Otro ya no solo vendía banderas, sino "banderas con palo". Al lado, un hombre le decía a otros dos que "la Rosa Díez mete más caña ahora que cuando estaba en UPyD". Los tres cumplían un prototipo de hombre que ha sobresalido esta mañana por colón: polo con la bandera de España, náuticos y pelo engominado que, a veces, olía a incienso. A las 11 se expían los pecados y a las 12 se siguen dando golpes en el pecho.

A las 13:20 de la mañana ha concluido el acto que ha juntado a miles de asistentes con la versión corta del himno de España gravitando en la megafonía. Tras algunos vivas a España, la gente se empezaba a dispersar. Las banderas siguen costando tres euros, cinco si compras dos, pero pequeñas. Es cuestión de repetirse, por si en algún momento se lo creen, por si funciona. Se retiraban, otra vez, hasta que la unidad de España les vuelva a necesitar.

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