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Gestión covid El País Valencià inicia su "desescalada prudente" en un mayo decisivo

Después de seis semanas con una incidencia acumulada por debajo del umbral de riesgo, el Consell se plantea ir levantando las restricciones sin repetir errores del pasado. La recuperación económica de los sectores más afectados continúa siendo la asignatura pendiente

Fotografía de archivo de decenas de personas paseando por el paseo marítimo de playa de la Malvarrosa, en València.
Fotografía de archivo de decenas de personas paseando por el paseo marítimo de playa de la Malvarrosa, en València. Kai Försterling / EFE

En el área de cuidados intensivos del Hospital de La Fe (el mayor del País Valencià) ya solo hay seis personas ingresadas por Covid. Con la reincorporación de muchos profesionales que tenían bajas preventivas y que ahora ya están vacunados, el área va volviendo poco a poco a la normalidad. "Ha mejorado mucho, parece que finalmente han aprendido la lección del pasado. Ahora queda para ver que pasará a partir del 9 (de mayo, cuando se levanta el estado de alarma), que es lo que nos hace sufrir más", explica David Pla, enfermero en esta planta. En las oficinas centrales de salud pública, la sensación es similar. Las rastreadoras reconocen que "por fin hemos recuperado el control después de un enero que nos desbordó totalmente".

Las cifras avalan las sensaciones de los profesionales de primera línea. Hace seis semanas que el País Valencià presenta una incidencia acumulada por debajo de los 50 casos por 100.000 habitantes, catalogado como "riesgo leve", a pesar de que los últimos días ha habido un pequeño repunte que está para ver como evolucionará. La positividad se encuentra al 3,5%, por debajo del 5% con que la OMS considera la pandemia bajo control. Es la única autonomía en el estado español con esta estabilidad.

"Las próximas semanas reduciremos las restricciones, pero las decisiones se tomarán según cómo evolucione la epidemia", explicaba Puig

Con estas cifras, el Consejo ha optado por iniciar lo que, en palabras del presidente Ximo Puig, se denomina "desescalada prudente". El pasado lunes 26 se alargó el horario del comercio y la restauración hasta las 10 de la noche y se ampliaron los aforos de celebraciones y espacios cerrados, aunque se mantienen hasta el 9 de mayo el toque de queda a las 10 de la noche y el confinamiento perimetral autonómico. "Las próximas semanas reduciremos todavía más las restricciones, pero todas las decisiones se tomarán según cómo evolucione la epidemia", explicaba Puig en rueda de prensa este miércoles. El Consell parece haber aprendido la lección de la Navidad, cuando la resistencia a aprobar restricciones en plenas fiestas hizo disparar la incidencia del virus hasta cifras récord, convirtiendo el País Valencià en el territorio con más infecciones. Después, una reacción contundente –con el cierre toda de la hostelería entre otras medidas- consiguió hacer descender la curva casi tan rápidamente como había subido. Tras afirmar que el próximo mayo será "decisivo", puesto que a finales de este mes se calcula que todos los mayores de 60 años ya se encontrarán vacunados, Puig recuerda que "este ha sido un éxito de toda la sociedad valenciana, pero hay que tener presente que el virus continúa aquí y que todo esto todavía no ha pasado".

Tiempo de reconstrucción

"Es razonable iniciar una desescalada prudente y normalizar hasta allí donde sea posible, puesto que no puedes estar siempre en situación de alarma, no lo soportaríamos", explica a Público el médico Rafael Sotoca, quien describe la situación valenciana a partir de lo que denomina "doble oasis". "Las cifras globales de la pandemia no son nada buenas, la situación es muy complicada y hay que tener en cuenta que si la vacunación no es global, puede no servir de nada (analiza el doctor). O nos salvamos todos o nadie".

"Es muy evidente la angustia provocada por la soledad o la situación económica", señala Sotoca

Sotoca pide aprovechar este momento de relativa calma para "recuperar el tiempo perdido": "En atención primaria tenemos ahora una auténtica ola de demandas que habían quedado aplazadas por la Covid: analíticas, pruebas, etc. -continúa- con muchas patologías agraviadas por la situación. Es muy evidente la angustia provocada por la soledad o la situación económica, y por tanto ahora el que toca es mantener el refuerzo médico para atender estas situaciones, además de encarar las medidas económicas, porque hay muchas situaciones que no se arreglan con antidepresivos, sino con medidas sociales. Entramos en una nueva etapa, pero no la final. El virus todavía estará con nosotros mucho tiempo".

Precisamente uno de los sectores más afectados por las medidas sanitarias es los de los locales de ocio nocturno. Desde hace 18 días, la Coordinadora Empresarial de Ocio y Hostelería de la Comunidad Valenciana (CEOH) se encuentra acampada ante el Palau de la Generalitat para pedir que se agilicen las ayudes promesas y una "mesa científica" que acuerde qué medidas tienen que tomar sus locales para reabrir, y en qué condiciones.

"Las medidas sanitarias para frenar la pandemia han tenido todas un carácter extraordinario e inmediato. A nosotros se nos ha hecho cerrar de un día para otro, que es muy lógico y lo entendemos perfectamente (explica el presidente de la CEOH, Lalo Díez) pero la concesión de ayudas han seguido los ritmos y criterios burocráticos normales. No es posible que anuncies un paquete de ayudas el 26 de noviembre y cinco meses después todavía estemos esperando. Cada final de mes es un mazazo".

Díez, que es propietario de dos locales de copas en la zona de Alacant, explica que en los últimos catorce meses "diez he estado cerrado y cuatro abierto con restricciones", y pide un mínimo de previsión "para saber cuando tendré que aguantar y saber si podré hacerlo, porque yo puedo bajar la persiana, pero la deuda me lo llevo conmigo, y no quiero perder la casa".

Desde la CEOH aseguran que sus demandas "son muy comprensibles" y que no entran a discutir las medidas sanitarias "que acatamos completamente", pero que "si no nos dejan trabajar nos tendrían que ayudar a sobrevivir, no a mantener los beneficios, pero sí a poder subsistir, porque hay gente nuestra que está yendo a las ONG a buscar comida".

Otra crítica es la lentitud de la administración a la hora de configurar una mesa científica –acordada hace tres meses y que todavía no ha visto la luz- que decida qué inversiones tienen que acometer sus locales para ser más seguros. "A mí (Ana) Barceló (consejera de Sanidad) ya me avisó que nos quedan meses para volver a trabajar. Yo entiendo que seremos los últimos, pero si tengo que hacer unas inversiones para mejorar la circulación del aire, purificadores, lo que sea, material que ya está en e mercado, que me digan que esto valdrá, no podemos gastar este dinero para que después nos digan que no sirve de nada".

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