La intrahistoria de la negociación al límite que enfrentó al Gobierno a las puertas del Consejo de Ministros
Los dos socios de la coalición protagonizaron una tensa mañana de conversaciones el viernes hasta que han acordado aprobar dos decretos para paliar los efectos que provoca la guerra en Irán.
La negociación se producía a varias escalas y Sánchez estuvo presente. A partir de este punto, el PSOE se compromete a defender como suya la prórroga de los alquileres.

Madrid--Actualizado a
Nunca el nivel de tensión y de desacuerdo entre los dos componentes del Gobierno de coalición había llegado al punto de que uno de los dos se negara a entrar en el Consejo de Ministros. Pero precisamente eso pasaba este viernes: lo más extraordinario del consejo extraordinario. Tal y como confirman a Público fuentes de las dos partes del Ejecutivo, cuando los ministros de Sumar llegaron por la mañana, sobre las 9 horas, a La Moncloa, como el decreto para paliar los efectos económicos provocados por la guerra en Irán no llevaba algunas medidas que consideraban imprescindibles, frenaban el inicio del Consejo de Ministros. Horas de negociación por delante.
El spoiler es que hubo acuerdo. Lo que empezaba como un enfrentamiento sin precedentes entre ambos —con los de Yolanda Díaz sin planteamientos de bajarse del burro— terminaba en entendimiento y con el compromiso de los socialistas y del propio presidente del Gobierno de trabajar en favor del decreto que incluye la prórroga de los contratos del alquiler, a pesar de que reconocía abiertamente que, en estos momentos, no cuenta con los votos necesarios.
Fuentes de la parte socialista del Gobierno relatan cómo empezaba la mañana. Usan la expresión "buen rollo". Antes de que empiece la reunión del consejo, los ministros suelen tomar un café, un desayuno, y el de la mañana de este viernes transcurría con total normalidad. El primero en llegar por parte de Sumar fue Ernest Urtasun, ministro de Cultura y portavoz de Movimiento Sumar. Cuando ya lo acompañaban sus cuatro compañeros de bloque, se retiraban a una salita contigua para debatir de lo que en ese momento todavía era un solo decreto que no incorporaba elementos capitales para ellos.
Conscientes de que las conversaciones que se habían llevado a cabo en las últimas semanas —y con, más ahínco, durante los últimos días— no habían alumbrado ningún acuerdo, había mucho que tratar antes de la reunión con sus socios de Gobierno en la que se iba a aprobar el decreto. Fuentes de varios ministerios apuntan, en conversación con este medio, que los diálogos habían sido hasta este viernes multilaterales, aunque el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, ha jugado un papel notorio. Sobre todo porque se ha encargado de dialogar también con los grupos parlamentarios, que, a la postre, tendrán que convalidar los dos decretos en la Cámara Baja antes de que pase un mes.
Tras esa reunión inicial de los cinco ministros, la primera decisión de la mañana: su negativa a que arrancara el Consejo hasta que el PSOE aceptara negociar la incorporación al decreto de la prórroga de los contratos de alquiler y el control de los márgenes de beneficios de las empresas energéticas para que estas nos se puedan aprovechar de la crisis en Oriente Medio.
Con algunos matices, fuentes de las dos partes del Ejecutivo relatan la mañana de una forma más o menos parecida. El matiz tiene que ver con una reunión entre Pedro Sánchez y Yolanda Díaz que, según fuentes de Sumar, habría sido fundamental para empezar a desatascar las cosas. Desde Sumar explican que, cuando el presidente ha llegado a La Moncloa, él y Díaz han mantenido un encuentro privado. Fuentes socialistas evitan confirmar esta información.
Sí hay plena coincidencia en que, a continuación, el protagonismo recaía en la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Bolaños se encontraba el viernes en el Vaticano, acompañando a los reyes en su visita oficial al papa León XIV. Desde Moncloa detallan que Montero se iba reuniendo con distintos interlocutores: los ministros de Sumar, Pedro Sánchez o los equipos económicos. En un momento de la mañana, se producía una reunión algo más amplia. Por un lado, Sánchez y Montero. Por otro, los cinco ministros de Sumar encabezados por Díaz. El escenario, una salita más o menos pequeña con un sofá, en el que se sentaba el presidente para tratar de resolver la cuestión.
División en dos del decreto
Ese intercambio se saldaba con un principio de acuerdo que, más tarde, se remataba en una reunión —esta vez sí, colectiva— con todos los ministros. El texto del decreto original lo habían elaborado Montero; el ministro de economía, Carlos Cuerpo; y Sara Aagesen, titular de Transición Ecológica. Siempre, con una premisa clara. Para el PSOE era crucial no violentar al Partido Nacionalista Vasco (PNV) en el marco de esta negociación. Sánchez considera a los jeltzales algo así como el sostén de la legislatura. Un partido que da pocos problemas para los que potencialmente podría dar y al que, por lo tanto, hay que cuidar.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el PNV? Fundamentalmente, que el partido que lidera Maribel Vaquero en el Congreso había dicho que no votaría a favor de un decreto del escudo social con medidas de vivienda dentro. Era una línea roja. Todo lo que tiene que ver con el campo de la vivienda es uno de los elementos que más separa a los jeltzales del gobierno de coalición.
Así las cosas, en el Consejo de Ministros se tomó, en última instancia, una decisión salomónica. En lugar de aprobar un solo decreto y tener que decidir entre el enfado de Sumar o el del PNV —además de, casi con total seguridad, condenar el paquete de medidas al precipicio—, se iban a aprobar dos. Uno, con el escudo social y el control de los márgenes de beneficios empresariales. Otro, con la prórroga de los contratos de alquiler.
Desgajando en dos el decreto, el Gobierno consigue prácticamente asegurar la convalidación del primero, que llegará al Congreso para recibir la ratificación de los grupos el próximo jueves, y dar una oportunidad al segundo.
"Que la gente viva en su casa no es una máxima de Lenin"
Y en Sumar se niegan a darlo por perdido. Fuentes de esa parte del Gobierno de coalición insisten en que hay que evitar el marco de que la prórroga de los contratos de alquiler —que el propietario tenga que respetar las condiciones actuales cuando se renueve el contrato— sea "una medida revolucionaria". "Que la gente pueda seguir viviendo en sus casas no es precisamente una máxima de Lenin", desliza una fuente.
Tanto en público como en privado, desde ese espacio se alienta a llevar a la calle la reivindicación y se especifica que Junts per Catalunya, la formación que más difícil pone las cosas, se ha pronunciado constantemente en contra de la moratoria de los desahucios —que no está en el decreto—, pero no con la misma vehemencia en contra de la prórroga de los contratos de alquiler. Después de que el PP haya dejado claro que tratará de torpedear la medida, no queda otra que confiarlo todo a mover las fichas de los posconvergentes y el PNV. Todavía sin fecha para que ese decreto llegue al Congreso, en Sumar creen que hay partido. El reloj echa a andar. Máximo, un mes por delante.

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