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Helpers: los "serenos 2.0" que no gustan a los vecinos de Ciutat Vella

Hablamos con los promotores de la plataforma de "denuncia pública" de la pequeña delincuencia vía Twitter. Los movimientos vecinales advierten que se trata de una iniciativa "racista" proveniente de la "derecha más reaccionaria".

Los Mossos d'Esquadra han puesto en marcha una operación contra el narcotráfico en Barcelona que incluye unos cuarenta registros de "narcopisos". /EFE

MARIA RUBIO

Se identifican como los "Serenos 2.0". Se reflejan en los Guardian Angels, un grupo de vecinos de Nueva York que a finales de los años 70 recorrían los metros para perseguir actos delictivos en un momento de alta conflictividad social. Ahora, en plena era de la economía colaborativa llevan a Barcelona lo que llaman "seguridad colaborativa".

Son los Helpers, un grupo de denuncia ciudadana contra la pequeña delincuencia vía redes sociales -como Twitter- que se autodefine como "el toque a la institución" del vecindario organizado ante la "crisis de seguridad que está sufriendo Barcelona, especialmente el distrito de Ciutat Vella". Otros vecinos del barrio, sin embargo, se oponen frontalmente a la iniciativa, al considerarlos una "red de delación" con discurso racista provenientes de la "derecha más reaccionaria".

El sistema es el siguiente: si alguien sufre un hurto o presencia una acción delictiva en las calles de la ciudad, puede enviar un mensaje al perfil de Twitter de BCN Helpers o tuitear con el hashtag #AlertaHelpers (emulando el hashtag de denuncia antifascista #AlertaUltra, muy activo durante los hechos del 1 de octubre). Inmediatamente después, la plataforma se hará eco

Este diario ha podido contactar con los portavoces del proyecto que prefieren mantenerse en el anonimato: "Iniciativas empoderadoras como la nuestra son la consecuencia lógica y esperable que se producen cuando la seguridad pública y la administración no son capaces de garantizar la seguridad personal", dicen. "Hay machismo exacerbado, calles cada vez más inseguras para el colectivo LGTBI, un hurto cada cinco minutos, menores de edad abandonados por las instituciones drogados en las calles... ¿Qué razón hay para no organizarse? Con la llegada de la inseguridad, las clases populares son las más castigadas".

Aseguran ser hasta 80 personas -un 80% mujeres, destacan- que, gracias a un centenar de vecinos que envían mensajes de manera habitual, pueden poner en marcha este sistema de denuncia basado en el "Social Media Intelligence": "Los vecinos no quieren quedarse de brazos cruzados mientras ven cómo se degrada su barrio día a día". Señalan al Gobierno de Ada Colau como responsable de la situación de "emergencia" del distrito de Ciutat Vella: "Está claro que no se han tomado la cuestión de la seguridad en serio". También señalan la gestión del Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat, con los menores extranjeros no acompañados (MENA) como parte del problema: "Han contribuido a la degradación del barrio y atizar la xenofobia, a estigmatizar el colector lectivo marroquí. Niños de 13 y 14 años que han dejado atrás sus familias están viviendo, delinquiendo y drogándose en las calles".

A menudo, los tuits con los que denuncian hechos delictivos, describen perfiles étnicos para señalar a pequeños delincuentes, un hecho que ha sido duramente criticado por la organización SOS Racismo en el diario Nació Digital , pero también por otras organizaciones vecinales del barrio. Por el contrario, Helpers niega que se trate de una actitud racista: "Compartimos su descripción física como un dato objetivo más, sin interpretaciones ni prejuicios. Hemos utilizado otras palabras como 'calvo', 'cabello oscuro' o 'piel clara'. De todos modos, estamos abiertos al diálogo con SOS Racismo".

Advierten, además, que su no será la única plataforma de este tipo si la seguridad no mejora: "Helpers deberíamos ser considerados como un toque de atención muy serio para las instituciones. Y no tanto por nosotros, sino por las posibles y previsibles iniciativas que podrían surgir en un futuro: iniciativas que seguramente no estarán cargadas de tan buenas intenciones".

"Comidas populares" en el Raval para combatir la "inseguridad"

En la otra cara de la moneda, parte del movimiento vecinal del distrito de Ciutat Vella no quiere ni oír hablar de los Helpers. Es el caso de Acció Raval, la asamblea de vecinos de este barrio que existe desde hace dos años: "Siempre señalan colectivos estigmatizados, no contrastan nada, sólo denuncian y estereotipan el barrio". Habla Ángel Cordero, un vecino de la asamblea organizado hace tiempo. Cordero explica que, desde la asamblea, quieren mantener un cordón de seguridad con estas plataformas: "No queremos fomentar a extorsionadores. Ni hablamos con Desokupa, ni hablamos con Helpers. Son movimientos anticolauistas que con el impulso de algunos partidos políticos exageran las cosas malas con fines electorales", dice.

Cordero, además, apunta que las iniciativas de seguridad ciudadana contra el narcotráfico en Barcelona pueden llegar a ser peligrosas por sus integrantes: "Nosotros estamos porque los vecinos puedan ver que, si se unen pueden transformar el barrio sin necesidad de liarse a palos con narcotraficantes. Es el primer punto de nuestro protocolo: no enfrentarse a narcotraficantes". Cordero, que entiende el problema de la "seguridad" en Barcelona como algo que va más allá de los hurtos y los pequeños delitos, cree que el modelo defendido por los Helpers "defiende mucho más al turista que al vecino".

Una opinión también compartida por Santi González, otro vecino miembro de Acció Riera Baixa, una de las asambleas de vecinos que, ante la situación del distrito, han abogado por organizarse calle por calle. "Seguridad es también tener acceso a la vivienda, un trabajo con un salario digno o sanidad pública gratuita universal. Todo esto es seguridad, no sólo contar los hurtos ". González considera que este estado "de inseguridad" proviene de la gentrificación del barrio, de los pisos vacíos y del exceso de turistas.

Ante lo que consideran una respuesta vecinal "reaccionaria", "propia de la derecha" y de gente "directamente racista", González explica cómo combaten la sensación de inseguridad en la calle Riera Baixa: "Los sábados, por ejemplo, todos los pequeños comercios hacemos venta en las calles para reapropiarnos del espacio público. También hacemos una comida popular en la esquina más conflictiva ". El objetivo: no quedarse en casa y "llenar de vida la calle". Contesta a aquellas voces que piden más policía con una oposición firme: "Lo que tenemos que cambiar es el modelo policial. En vez de perseguir a los manteros, que no hacen daño a nadie, que se pongan a ayudar a los vecinos". No piensa lo mismo Cordero: "Los gobiernos anteriores no han tenido en cuenta la ratio de policía por habitantes cuando la población ha aumentado. Sólo han cubierto jubilaciones ".

Pero ... ¿qué es la seguridad?

"La presencia policial en el Raval es abrumadora. Entre la policía y el servicio de limpieza, es prácticamente imposible que en una calle cualquiera, como Robadors, no haya un poli. Súmale, además las más de 12 cámaras de vigilancia". El sociólogo Miquel Fernández, miembro del Grupo de Investigación sobre Exclusión y Control Sociales (GREC) de la Universidad de Barcelona, contradice la gran demanda de la derecha en la ciudad: más Guardia Urbana y más Mossos. Y lo hace amparándose en las tres etnografías más recientes sobre el distrito que, asegura, así lo demuestran: Mujeres de la Calle. Cambio urbanístico y trabajo sexual en Barcelona, de Eva Sirvent y Jordi Carreras; Rambla del Raval de Barcelona, de Gerard Horta; y su propia investigación en el barrio, Matar al chino.

De hecho, la demanda para aumentar la presencia policial no ha sido una cuestión sólo de la derecha. La candidatura de Ada Colau, tras una legislatura con muchas presiones en este ámbito, incluyó en la receta por el barrio el aumento de plazas de la Guardia Urbana y una demanda para incrementar la presencia de Mossos: "¿Por qué no somos capaces de darle la vuelta y definir de manera más rigurosa la seguridad? No tiene que ver con los trapicheos. Que te atraquen es una experiencia desagradable pero no habitual. Que no te renueven el contrato del piso, el de trabajo o que tus hijos no tengan plaza en la pública es la inseguridad más cotidiana", explica el sociólogo, quien lamenta que Barcelona en Comú no haya "parado esta histeria" durante la campaña electoral.

Pero, ¿por qué el debate de la seguridad está tanto en el orden del día? "Se contrae la cuestión de la seguridad en la pequeña delincuencia y la presencia de extranjeros y se la dimensiona todo lo posible". Fernández relata un estado generalizado "de inseguridad" que radica en la pérdida de garantías sobre cuestiones elementales para la vida, como el acceso a la vivienda, la salud, el trabajo o la educación. Pero después, desde la derecha se reduce esta sensación a unos pocos elementos causantes. "Hay opciones políticas que sacan mucho rédito de esta reducción: acabar con la delincuencia con más policía y cámaras, más noticias de encarcelamientos, y echar a los inmigrantes. Cuando llegan al poder, la inseguridad se queda igual, porque proviene de otra parte, pero la ganancia a escala de votos es brutal ", explica. Una visión ultraconservadora, dice, "vestida de neoliberalismo", que ejemplifica en la campaña de Manuel Valls.

En el epicentro de este discurso, Ciutat Vella: "Es el punto de riqueza más importante de Barcelona. Cuando más el desvirtúa, cuando más lo liquidas, más provecho sacas. Consiste en quedarte con la población ideal para la extracción: los migrantes, trabajadores precarios que no pueden quejarse, y turistas, población flotante que sólo viene a consumir". En respuesta a esto, el sociólogo considera que la creación de plataformas de "seguridad ciudadana" es "la máxima perversión de todo el sistema": "Esto no es nuevo. Son el somatén, grupos de ciudadanos apoyados por los poderes, que vienen a hacer la misma función que 'Harry el Sucio': quitar de en medio la gente que no es productiva".

Fernández sólo entiende dos motivos que expliquen su existencia: "O quieren señalar que la Guardia Urbana está evadiendo responsabilidades interesadamente, o quieren tomar la justicia por su mano y extorsionar esta gente para que circule libremente el capital".