Las investigaciones tampoco son igual para todos, por Ana Pardo de Vera
No se trata solo de impuestos, se trata de la evidencia, otra vez, de que la Justicia no es igual para todos y todas en este país, algo que conocía bien el rey Juan Carlos cuando lo dijo en 2011.

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Cuanto más se sabe del caso Montoro, más se cabrea cualquiera que lleve a rajatabla sus cuentas con la Agencia Tributaria mientras asiste a la degradación progresiva de los servicios públicos en la mayoría de territorios, sean sanidad, educación o dependencia.
Pero no se trata solo de impuestos, se trata de la evidencia, otra vez, de que la Justicia no es igual para todos y todas en este país, algo que conocía bien el rey Juan Carlos cuando lo dijo en 2011.

Pero también esta misma semana, cuando el Supremo ha vuelto a decir a los y las españolas que no hay caso emérito y ha rechazado la última querella que se puso contra el exjefe de Estado por delitos fiscales, unos delitos que ha visto hasta Felipe VI, cuando echó a su padre de España, pero que no ve el magistrado Marchena, ponente del portazo en las narices a los querellantes.
Pero decíamos que conforme vamos desgranando la investigación contra Montoro, su presunta compra-venta de leyes a través del despacho que fundó o su supuesta utilización del Ministerio de Hacienda para hacerse con datos fiscales secretos de políticos, actores o periodistas, entre otros, más nos cabreamos. Y no solo por esa corrupción presunta, sino por esa larguísima y extraña investigación. ¿Qué nos lleva a este escepticismo?
Primero, nos ha llamado la atención la duración del secreto de sumario de la causa Montoro, hemos preguntado a quienes saben y los juristas -pero también las hemerotecas- nos dicen que sí, que esos siete años de secreto de sumario son algo muy excepcional.
Siete años que la fiscalía competente trató de acortar sin éxito y que, además, ahora sabemos también que no fueron nada sencillos para esa fiscal que se empeñaba en destapar una presunta trama de corrupción al más alto nivel e inédita en España por su sofisticación y su penetración en instituciones y empresas de todo pelaje, no solo en el departamento de Hacienda.
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