La legislatura en Andalucía entra en su último año: Moreno confronta con Vox y busca el centro
Para los socialistas, todo es un "teatrillo" del presidente con la ultraderecha: "El cinismo en la política es muy mala cosa". Moreno le dice a Vox que sus "discursos" les "vienen muy bien".

Sevilla--Actualizado a
"Este tipo de discursos [nos] vienen muy bien", le dijo este jueves Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), al portavoz de Vox, Manuel Gavira, que lo increpaba en el Parlamento de Andalucía, una vez más, con las obsesiones negacionistas de la ultraderecha sobre el clima, con las que el presidente de la Junta marcó distancias.
El PP de Moreno considera, en efecto, que cierto nivel de confrontación con Vox —con quien, empero, ha pactado las cuentas en el Ayuntamiento de Sevilla y a quien tiene, en realidad de aliado cada vez que lo necesita— le viene en estos momentos estupendamente para sus intereses electorales, combinado siempre con un enfrentamiento sostenido con el PSOE andaluz, ya liderado por María Jesús Montero, a la que el presidente dibuja, sin matices, junto a Por Andalucía y Adelante, en un solo bloque de izquierda en manos de Pedro Sánchez.
Moreno Bonilla, con ello —ahora que la legislatura va a entrar en unos meses en el tiempo de descuento—, busca ubicarse a sí mismo y en el imaginario andaluz —que la ciudadanía lo sienta ahí— en el centro: este mismo jueves, se fue del Parlamento para hacerse una nueva fotografía con el expresidente del Gobierno Felipe González, quien participó en un coloquio en Sevilla, organizado por la Asociación Círculo de Empresarios del Sur de España (Cesur). Moreno, así, quiere estar en esa presunta moderación, que, según denuncia la oposición y numerosos colectivos, mal se compadece con la orientación de sus políticas, que aplican en lo fiscal, en lo económico y en lo social el ideario neoliberal y piano piano, van deteriorando los servicios públicos, sobre todo la sanidad y la dependencia, también la educación.
Para la oposición, en efecto, Moreno Bonilla camina en el aire, por encima del bien y del mal, a lomos de su mayoría absoluta, y finge no haber roto un plato en los años que lleva de Gobierno. "Deje de levitar", le espetó María Márquez, la portavoz del PSOE y número dos de Montero, este jueves.
"[La economía real], —agregó la socialista— la de las familias normales, no la de las que viven en campos de golf, las que ganan de media 1.500 euros: a esas usted les [ha aportado] con sus reformas fiscales entre 14 y 40 eurillos, pero diga lo que les ha quitado". Márquez enumeró: "Les ha subido el comedor escolar, [la gente tiene que pedir] préstamos para que su niño estudie una FP. Lo de la sanidad es sangrante. [Las familias] no encuentran respuesta en el sistema sanitario público en Andalucía".
"[Usted hace] teatrillo con Vox", remachó Márquez su argumento. El PSOE, así, acusó al PP de confrontar, no con la ultraderecha, sino con el Gobierno de Pedro Sánchez, y de tener una doble cara. "El cinismo en la política —le dijo Márquez— es muy mala cosa, pero con un tema más sensible es imperdonable. No juegue con los niños que llegan aquí sin padre y sin madre. No confronte en un tema tan sensible. Validando el pacto con Vox en València, le pone a la altura moral del señor Mazón".
El Parlamento rechazó con los votos conjuntos de PP y Vox el acuerdo de PSOE y Junts sobre políticas migratorias. También votaron PP y Vox al alimón contra la quita de la deuda impulsada por Hacienda. "El problema —le reprochó Márquez— es que la propuesta se la hace Montero y no Montoro. Si se la hace Montoro, le da la mano que se la rompe y lo hace hijo predilecto de Andalucía. ¿Trabaja para Andalucía o para el señor Feijóo?"
El Centra y el centro
"Ni uno ni otro", abundó el presidente en su debate con el portavoz de Vox. Es decir, ni la ultraderecha ni la izquierda. "Somos el PP de los andaluces", añadió. "Para gobernar Andalucía —abrochó el presidente ante Gavira— tiene que tener una mayoría social, equilibrio y sensatez. Hay que hacerlo así. Hay un término medio. En ese término medio estamos nosotros".
Esta es la estrategia, en efecto, que busca aplicar Moreno Bonilla, cuando la legislatura en Andalucía ha superado ya el ecuador y está en camino de entrar en su recta final, en su último año. En otoño se esperan los presupuestos para el año 2026, que el PP aprobará sin problemas, y unos meses después, salvo sorpresa, cuando el presidente quiera, se irá a las urnas.
La última encuesta del Centro de Estudios Andaluces (Centra), llamada Identidad de Andalucía 2025, viene a explicar la apuesta de Moreno Bonilla por autoubicarse en el centro: el 50,5% de los andaluces se identifican en ella o bien como moderados (11,4%), o bien como de centro (el 14,3%), o bien como moderados de derecha (13,6%) y como de centro derecha (11,2%). El 6% se define como algo o muy radical de derecha, y el resto —un 4,8% no sabe, no contesta— está en la izquierda: como moderado de izquierda (el 13,9%), como de centro izquierda (el 14,7%) y como algo o muy radical de izquierda (el 10,1%).
La idea, pues, es evidente: en ese 50,5% está la mayoría absoluta, considera el PP, la que ya consiguió en 2022, por la vía del deterioro del PSOE y por tratar a Vox —que entonces apostó por Macarena Olona—, no como un socio, sino como una formación radical, a su derecha.
Este año largo que queda, pues, se antoja decisivo para saber si logra mantener su mayoría absoluta y si el PSOE de Andalucía recupera votos y emerge como alternativa.
'Mansplaining'
La oposición combate esta idea de Moreno como figura de centro y también esa imagen de persona moderada por la vía de identificarlo como un "suavón", que aplica políticas "nítidamente" de derechas. "Líbradme del agua mansa, que de la brava me libraré yo", le dijo este jueves el portavoz de Adelante, José Ignacio García.
El presidente, además, se llevó un merecido varapalo de Márquez, la portavoz socialista, cuando este le instó, con condescendencia, a leer la prensa económica. "Como si no supiéramos lo que son los señoros —le replicó Márquez—. ¿Sabe lo que es el mansplaining? A lo mejor el que va a tener que leer un poco más es usted". Márquez también lo atacó por el lado de la soberbia y lo llamó "Juanma I de Andalucía". Luego ironizó y dijo que cuando mira el escudo de Andalucía, se pregunta: "¿Será Hércules o será Moreno Bonilla?" "Un poquito de respeto y de humildad", cerró Márquez.
Las encuestas, hasta ahora, fijan una foto cómoda para Moreno Bonilla, antes de que entre en juego eso que se ha dado en llamar pulsión electoral, cuando realmente la ciudadanía piensa y elige qué votar, qué rumbo quiere tomar. Moreno Bonilla tiene un buen colchón de votos y, si lo necesita, en efecto, a pesar de esas pretendidas diferencias y de las estrategias en busca del centro, en el caso de que perdiera la mayoría absoluta, la bala de Vox en la recámara. Está también la incógnita de si, a lomos de las redes sociales y de los canales de comunicación fuera del radar, Se Acabó la Fiesta logra representación en Andalucía (algún sondeo no lo descarta y menos tras su resultado en las europeas).
Malestares y vías de agua
Hay en Andalucía diferentes malestares —sanidad, vivienda, desempleo— que está por ver el efecto electoral que tienen. De momento, las políticas de Moreno Bonilla tienen a la Comunidad Autónoma en el vagón de cola en relevantes indicadores, como el PIB per capita, la desigualdad y el desencanto con la sanidad pública.
En la izquierda, Montero, de momento, que no es poco, tras años de peleas, ha logrado aunar a las diferentes familias del PSOE en torno a su liderazgo y ha lanzado también algunos golpes de efecto (Algarrobico, Caparrós, la quita de la deuda) bien amplificados por el partido. Sin embargo, el PSOE necesita algo más que anuncios para recuperar en Andalucía la credibilidad perdida.
El caso de los ERE, si la Audiencia de Sevilla culmina su rebelión contra el Constitucional —cuyos fallos han dado munición al PSOE para defenderse— y lleva el asunto a la justicia europea, seguirá dando más coletazos en este año, también con el sinnúmero de piezas separadas que cuelgan aún en los tribunales.
Cierto es que, para la izquierda, además de los malestares, que está por ver que impulsen su recuperación, también hay factores políticos. El Gobierno de Moreno, después de un tiempo sin apenas rasguños, tiene que atender ahora algunas vías de agua, como la crisis de los interventores, que para la oposición es una "purga" con todas sus letras a través de la que Moreno pretende hacer y deshacer en la Junta a su antojo.
Y, también está el flanco de los juzgados, donde la izquierda ha puesto varias denuncias por algunas actuaciones del Ejecutivo que considera delictivas. De momento, hay una causa abierta en Sevilla y otra en Cádiz por la gestión de la sanidad y Ricardo Sánchez, presidente del PP de Sevilla, también está investigado por una concesión cuando era alcalde en Mairena del Alcor.
Y también está el caso de la contratación por la Junta, para un proyecto sobre El Rocío, del cantante José Manuel Soto, sobre quien, como se encargan de recordar una y otra vez, los diputados de la izquierda, el propio Moreno dijo en un acto público: "Cuando él vino a traerme esa idea no venía con maleta, ni con mochila, ni con grandes proyectos, ni con maquetas, ni cosas de esas… pero venía como él viene: con las ideas muy claras, mirándote a los ojos, muy vehemente en lo que cree".

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