Embalsamar el franquismo: así preparó el régimen la muerte del dictador para asegurar su sucesión
El fallecimiento del tirano hace 50 años se produjo a cámara lenta y en medio de una batalla médica para mantenerlo con vida paralela a los enfrentamientos entre las distintas facciones de la dictadura.

A Coruña--Actualizado a
En la madrugada del 20 de noviembre de 1975, los cuatro forenses que habían sido designados para tratar el cadáver de Francisco Franco comenzaron los preparativos para embalsamarlo y adecentarlo para su exposición pública. Los dirigía el doctor Bonifacio Piga, catedrático de Medicina Legal y padre de Antonio Piga, que formaba parte del equipo y el único de los cuatro que aún sigue vivo.
Según recogen los historiadores que han escrito sobre las últimas horas de Franco, los forenses trabajaron en una silenciosa habitación del hospital madrileño de La Paz rodeados de otros colegas, médicos y cirujanos agotados tras semanas de transfusiones, intervenciones quirúrgicas a la desesperada y órdenes contradictorias.
El cuerpo de Franco, que según contaría Piga hijo años después pesaba menos de 30 kilos, estaba casi desecado y señalado por los pinchazos, las incisiones, los drenajes y las cicatrices, reflejo de una prolongadísima y forzada agonía. Quizá los cuatro forenses se dieron entonces cuenta de la metáfora, o quizá no, pero lo cierto es que aquel no era un embalsamamiento más: construyendo la última imagen del tirano, también estaban, de algún modo, contribuyendo a momificar un régimen que se resistía a morir del todo.
Propaganda
En 1973, aunque la propaganda de las dictadura se esforzara en camuflarlo, Franco arrastraba ya una fatiga evidente, con muestras de senilidad y deterioro neurológico, temblores a causa del parkinson, dificultades motrices y problemas circulatorios. Juan Carlos de Borbón, a quien cuatro años antes había designado sucesor, describe en algunas conversaciones con periodistas como Laurence Debray, su biógrafa oficial, que en varias ocasiones Franco ni siquiera respondía a sus preguntas, manteniéndose sin habla con una expresión impávida en mitad de una conversación.
A principios del verano de 1974, el dictador padeció una tromboflebitis en la pierna derecha, al parecer porque se pasaba horas sentado, casi inmóvil, viendo partidos del campeonato del mundo de fútbol en Alemania
El 12 de junio de 1973, había delegado la presidencia del Gobierno en Luis Carrero Blanco, cuyo asesinato el 20 de diciembre de aquel año, según Paul Preston, supuso el golpe psicológico más duro que el tirano había recibido desde los tiempos de la guerra civil. Stanley Payne ha documentando cómo desde entonces su estado físico se fue agravando, con episodios de angina y dificultades respiratorias cada vez más frecuentes, que le obligaban a cancelar o a ausentarse precipitadamente de reuniones, despachos y audiencias oficiales.
A principios del verano de 1974, el dictador padeció una tromboflebitis en la pierna derecha, al parecer motivada por su inactividad durante las horas que se pasaba sentado, casi inmóvil, viendo partidos del campeonato del mundo de fútbol celebrado en Alemania–curiosamente, el último en el que no ha participado la selección de España–. El 9 de julio, su médico personal, Vicente Gil, amigo y asesor desde 1937, recomendó su ingreso en el hospital. Y aunque la medicación funcionó contra el trombo, le provocó una grave hemorragia digestiva que estuvo a punto de matarlo. Su sacerdote particular, José María Bulart, llegó a darle la extremaunción.
Al parecer, Franco se sumió entonces en un profundo abatimiento psíquico frente al que el sucesor de Carrero en la presidencia del Gobierno, Carlos Arias Navarro, reaccionó instándole a firmar el decreto provisional de delegación de poderes en Juan Carlos de Borbón. La oposición del yerno del dictador, Cristóbal Martínez Bordíu, cardiólogo, provocaría un serio enfrentamiento con Vicente Gil, que acabaría con la destitución de éste como galeno de cabecera del Jefe del Estado y su sustitución por Vicente Pozuelo Escudero, un internista militante de Falange.
Reformas
Tras ser dado de alta y de pasar unas semanas de descanso en su residencia estival de Meiras, en Sada (A Coruña), donde recibió al entonces príncipe de España, Franco sufre una nueva hemorragia digestiva masiva en octubre de 1974, que obliga a nuevas transfusiones y que, según Payne, hace que algunos de sus ministros y otros altos cargos de la dictadura comprendan que la situación empieza a ser irreversible y que la sucesión del dictador ha comenzado ya. Entre ellos estaría Manuel Fraga, que se había enfrentado al sector de Carrero Blanco –Fraga también aspiraba a la presidencia del Gobierno–, y quien vive la hospitalización del tirano desde su puesto de embajador en Londres. Él y otros representantes de algunos sectores del régimen estarían advirtiendo desde dentro de que éste no sobreviviría a la muerte de Franco sin un mínimo de reformas, siquiera cosméticas.
Aquellas disputas se entremezclan con las discusiones médicas sobre los tratamientos de Franco, cuya salud se deteriora y obliga a nuevos ingresos. Su nuevo médico, Vicente Pozuelo, relató antes de su fallecimiento en 1997 que el yerno del dictador comenzó a intervenir continuamente en las decisiones del resto de facultativos, cuestionando los tratamientos que recomendaban sus colegas, presionando para que emprendieran cirugías más invasivas e incluso anulando decisiones del resto de profesionales, provocando una verdadera pugna de poder entre los médicos civiles y los que representaban a la familia. Esa guerra discurría paralela al enfrentamiento político soterrado entre las distintas facciones de la dictadura.
El sistema también empieza a dar muestras de su incapacidad para, pese a todo su poder propagandístico y de censura, ocultar lo evidente: el dictador se muere.
Franco sufre más complicaciones en febrero de 1975, y de nuevo en julio de ese año. El sistema también empieza a dar muestras de su incapacidad para, pese a todo su poder propagandístico y de censura, ocultar lo evidente: el dictador se muere. Aunque lo hará matando: en septiembre se celebran consejos de guerra que condenan a muerte a José Luis Sánchez-Bravo, Xosé Humberto Baena, Ramón García Sanz, Ángel Otaegi Etxeberría y Jon Pardes Manot. Pese a la presión interna y externa, son ejecutados el día 27 de ese mismo mes.
Apoyo a Juan Carlos de Borbón como sucesor
Apenas dos semanas después, Franco sufre una indisposición durante los actos del 12 de octubre. El 2 de noviembre le afecta una nueva hemorragia digestiva severa que obliga a intervenirle en un quirófano improvisado en su residencia del Palacio del Pardo. Al día siguiente ingresa en el hospital de La Paz, de donde ya no saldrá. Mientras tanto, Juan Carlos de Borbón, que ya ejerce como jefe del Estado en funciones, negocia con Estados Unidos y con Marruecos la salida de España del Sáhara Occidental a cambio del apoyo de ambos países a su posición como sucesor del dictador.
Sobre el cuerpo de éste, los médicos siguen interviniendo a instancias de Martínez-Bordíu, a pesar de que, según Pozuelo, sus colegas no dejan de advertirle de que sólo está provocando enormes sufrimientos al paciente. Algunos historiadores, entre ellos Preston y Javier Tusell, mencionan la hipótesis de que el yerno del dictador pretendía hacer coincidir la fecha de su deceso con la del aniversario del de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange, condenado a muerte por conspiración y rebelión militar contra la República y fusilado el 20 de noviembre de 1936 en Alicante.
El 18 de noviembre de 1975, Franco entre en coma. No es declarado muerto hasta las 4:20 de la madrugada del 20 de noviembre de 1975. Un teletipo de Europa Press lo anuncia escuetamente a las 4:58, cinco horas antes de que Arias Navarro lo confirme en directo y en persona por televisión. En 2019, Antonio Piga, el único de sus embalsamadores que sigue vivo, contó que al equipo forense que trató al cadáver, y que llegó a La Paz pasadas las once y media de la noche del día 19, le obligaron a falsear la hora de su muerte. Lo ha repetido en varias ocasiones desde entonces.



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