La noche que Tierno Galván bailó con Miss Guinea Ecuatorial
El "mejor alcalde de Madrid" protagonizó algunas de las imágenes y frases más icónicas de la transición. Más allá de la anécdota, detrás de la foto con Flor Mukudy hay una historia de lucha antirracial y feminista.

Madrid--Actualizado a
La retina del imaginario popular se quedó con la fotografía de Enrique Tierno Galván y el pecho al aire de Susana Estrada durante la entrega de los premios Populares del diario Pueblo en 1978. Sin embargo, hay otra curiosa imagen del considerado por muchos el "mejor alcalde de Madrid" que pasó desapercibida, pero que habla de una época y de una ciudad, de la transición y de la movida, del movimiento panafricano —sí, aunque parezca increíble, aquí también hubo Panteras Negras—, de una España cambiante que no iba a reconocer ni la madre que la parió, que diría Alfonso Guerra, quien no comulgaba con el Viejo Profesor.
Esta es la historia de la noche que Tierno Galván bailó con Miss Guinea Ecuatorial, inmortalizada por el fotógrafo Ricardo Martín.
Discoteca Okume, referencia de la comunidad ecuatoguineana. Las chicas no pagan entrada. El local tiene un "toque cosmopolita", escribe Moncho Alpuente en El País, quien la describe así: "Reducto de la africanidad madrileña, donde se pueden escuchar los últimos hits del funky nigeriano; para honrar a la patrona del barrio se organizan estos días concursos de break-dance, y el único empleado blanco de la casa monta guardia en los umbrales vestido de esmoquin".
La virgen es la de la Paloma. El escenario, La Latina.
Madrid, 4 de abril de 1983. Una joven de diecinueve años gana el "concurso de bellezas africanas" que organiza Okume y baila durante cinco minutos con Tierno Galván, "que no perdió la ocasión de piropearla", relata Javier Valenzuela en El País. "Lo primero que me dijo el profesor fue que era muy guapa. Luego me preguntó si estudiaba o trabajaba. No le vi cortado en ningún momento, sino muy cortés y también muy saleroso", declara la chica, que había desfilado por la pasarela "luciendo su escultural anatomía en los estrechos límites de un bañador azul".
"Salió, se paseó con garbo y ganó el título por unanimidad, y eso que era dura la competencia de las otras aspirantes", escribe Javier Valenzuela, quien por entonces también daba cuenta en las páginas de su periódico de las salvajes andanzas de los perros callejeros, recogidas en Crónicas quinquis (Libros del KO), donde recuerda que "el Madrid con el que Tierno soñó durante sus casi siete años de alcalde era una ciudad abierta y tolerante", con "muchas fiestas populares" y sin la base yanqui de Torrejón de Ardoz. También hablamos de la capital de "la guerra del pan, las luchas vecinales, la desigualdad, la inseguridad", como señala Arturo Lezcano en su libro Madrid, 1983,
Apodado por sus acólitos E.T. —nada que ver con el extraterrestre de Steven Spielberg, pues aludía a las siglas de su nombre y apellido— y por sus detractores derechistas el Búho Rojo —"por sus ideas, sus gruesas lentes y su encorvado andar", apunta Valenzuela—, Tierno es aclamado por los organizadores del concurso de belleza como el "padre de los africanos en Madrid". El alcalde socialista esculpe su figura abrazando al pueblo capitalino y a sus hijos adoptivos de la excolonia, también a las ovejas descarriadas de la movida y a los fans de John Lennox, como rebautizó al músico británico para regocijo de los beatlemaníacos.
"¡Roqueros! ¡El que no esté colocao que se coloque y al loro", les gritó en el Palacio de los Deportes durante un festival celebrado en 1984 en el que se subieron al escenario Barricada, Mermelada, Burning, Coz o Juanma el Terrible. "Pero el alcalde tenía más miga que las frases mediáticas y el don de la oportunidad para recibir un flashazo en el momento más oportuno. Eso era solo un atributo más de una personalidad prismática, que absorbió con su imagen toda una época desatada y loca, curiosamente —o no tanto— opuesta a la que representaba el Viejo Profesor", opina Arturo Lezcano en Madrid, 1983 (Libros del KO).
Tierno Galván, alcalde de Madrid
Fundador del Partido Socialista Popular (PSP), es un cristiano agnóstico que defiende el marxismo, se opone a la OTAN, discrepa con Felipe González —aunque terminaría integrándose en el PSOE— y flirtea con Comisiones Obreras y el PCE, que lo aúpa al cargo de alcalde de Madrid en 1979, revalidado con mayoría absoluta en 1983. Durante esa época, sus bandos son antológicos. "Unos artefactos de factura barroca, con lenguaje pomposo, a veces coloquiales, casi siempre didácticos y a partir de cierta fecha irónicos, cuando no directamente humorísticos", recuerda el periodista coruñés en su ensayo.
Siempre con la gente, hasta el punto de que, como relata Javier Valenzuela, llega a los incendios y siniestros a la vez que los bomberos. "Cuando pase algo grave, ustedes me llaman, me sacan de la cama si es menester", le había pedido a la Policía Municipal. Tierno, como Dios —que según él "no abandona nunca a un buen marxista"—, está en todas partes, también sobre la pista de una discoteca agarrando la cintura de una mujer ecuatoguineana que casi le saca una cabeza. Concretamente, en "un espacio plural en el que se hacían fiestas africanas para elegir misses negras", escribe en su libro el cronista granadino, a las que E.T. "sacaba a bailar con desparpajo y preguntaba, como un mozuelo":
- ¡Señorita!, ¿usted estudia o trabaja?
Aquella chica estudia. Nacida en Malabo e hija de un alto funcionario, Flor Mukudy [en realidad, Mukudi] aterrizó en España hace siete años y quiere ser azafata de vuelo. No se imagina que acapararía la atención del ABC, que titula una fotonoticia en la sección Gente: Tierno sólo quería estrechar relaciones con Guinea. El lenguaje y el tono definen una época: "Está ya un poco escamada de tanto salir en los periódicos y empieza a pensar que el profesor ha pretendido hacerse publicidad electoral a costa de ella [...]. Al baile del alcalde con la guineana le han empezado a llamar popularmente el baile del tierno y la maciza".
El diario conservador, que atribuye la presencia del regidor en la discoteca a un intento de enderezar "el deterioro creciente de la situación entre España y este país africano", le había dedicado la víspera dos páginas. En el artículo Una flor para Tierno se describe la discoteca, ubicada en la calle Calatrava y regentada por Florentino Ecomo Nsogo, como el punto de encuentro de "lo más granado del jardín de ébano ecuatorial residente en Madrid". Allí, Tierno descubre "una flor exótica" de "un metro ochenta sobre el nivel del mar", elegida Miss Guinea Ecuatorial "entre la colonia de jóvenes doncellas ecuatoguineanas afincadas en el foro".
Según el ABC, "la bella Flor confesó posteriormente que el alcalde baila muy bien, no me pisó ni una vez, y me dijo que era muy guapa". Junto a esas líneas, José Alejandro Vara firma La Flor de Malabo. Los textos huelen como la Rosaleda del Retiro, aunque la forzada carga exótica desprende por momentos un aroma a Real Jardín Botánico. Así, fabula Vara, en Malabo "crece otro tipo bien distinto de florecillas silvestres de color azabache como la Flor Muduky [sic]", quien sonríe con "inocente dulzura" mientras García Calvo "cantaba a la negra flor de la zarzamora". Un olor a rosa y a rancio.
"Esta flor ecuatoguineana desembarcó en el Madrid de la transición —ella, claro, no sabía de qué iba la cosa— del brazo de nueve hermanos, su mamá y su papá, hombre de negocios y de mucho viajar", prosigue el que sería director de La Razón, quien subraya que "se matriculó para azafata porque lo que más le gusta es conocer mundo, además de visitar los pubs de [la calle] Orense, donde las jóvenes anaranjadas de la zona echan la tarde entré hamburguesas y grititos de Miguel Bosé". Más tópicos: la joven de "amplia sonrisa de fruto exótico sueña con ser modelo, que es con lo que sueñan todas la mises, e incluso, un día, por qué no, emular sobre un escenario a Grace Jones, la diosa de ébano".
Tierno Galván y Guinea Ecuatorial
Mucho antes del "bailongo" descrito por José Alejandro Vara, en 1967 y 1968 Madrid acoge la Conferencia Constitucional de Guinea Ecuatorial con el objetivo de elaborar una Carta Magna. Los delegados del país africano intentan fichar como asesor a Tierno, pero no se muestra interesado. Dos años después, Teodoro Obiang Nguema visita la capital española. El Viejo Profesor ya es alcalde y recibe en el Ayuntamiento al dictador ecuatoguineano, quien ha asumido el cargo de presidente tras derrocar en 1979 a su propio tío, Francisco Macías Nguema.
Tierno Galván bendice los lazos de amistad entre ambos países y le entrega las llaves de oro de la ciudad. Obiang corresponde diciendo que su pueblo forma parte de la comunidad hispánica. Uno de sus miembros es Abuy Nfubea, quien antes de convertirse en periodista y escritor sería uno de los fundadores de los Panteras Negras, el movimiento negro que hizo frente a los nazis que repartían palizas por Madrid. Sentado en la terraza de un bar de la plaza del Emperador Carlos V, frente a la estación de Atocha, rememora aquellos años de organización y lucha, hasta que cita el nombre de Flor Mukudy y la escena del baile.
La presencia de Tierno en la fiesta africana representa, a juicio de Abuy Nfubea, un "signo de empoderamiento político de la comunidad afro". Su relato y la interpretación de aquel encuentro difiere de las crónicas de la época y de la deformación que sufriría incluso décadas más tarde. Así, un mes después de la noche de marras, Amado José El-Mir escribe en La Provincia: "El ancien profesor le da a todo, puede discursear horas enteras sobre las cualidades de la rosa, como pegarse un bailongo con Flor Mukudy aunque luego acarrea consecuencias diplomáticas".
Según El-Mir, "la miss Guinea, aparte de estar de muy buen ver y tener sonrisa de dentífrico [...]; burla-burlando el agarrao con el señor Tierno no sentó nada bien y menos en estos momentos". Abundan los comentarios de carácter machista, como este de la revista Cambio 16 que presenta a Tierno Galván "ceñido a los muslos de Flor Mukudy y marcándose un chotis según los cánones de narices". Aunque se lleva la palma Alfonso Ussía, autor de varios artículos en los que menciona la anécdota y recuerda unos versos que le dedicó al Viejo Profesor de dudoso gusto poético.
"Don Enrique se menea / con la nena Miss Guinea; / suavemente toquetea / su culito respingón. / Y la nena, que es muy sosa, / y altamente pudorosa, / le susurra candorosa: / ‘¡Don Enrique, "ujté é un sobón!’".
Alfonso Ussía asegura en El Debate que Tierno —"cínico, inteligente, culto, cruel y gracioso"— le respondió "con un tarjetón" donde le decía: "Fue muy agradable y sugerente". En una columna recuerda el "repaso electoral contundente" que le dio a Jorge Verstrynge en las elecciones municipales de 1983, cuando fue el candidato de Alianza Popular: "Aquel chotis con la guineana Flor Mukudi le dio muchos votos, entre ellos el mío". Y en otra despotrica contra Yolanda Díaz, atribuye el poema a un poeta "joven y muy cercano a mí" y añade que "don Enrique, comparado con la sobona de Fene, era manco".
Tierno Galván y el baile con Flor Mukudy
Las carajadas sobre la anécdota de Tierno no solo siguen presentes en la prensa contemporánea, sino también en los libros. Carmen Gallardo, en La última reina (La Esfera), escribe: "Parece que se aficionó a las señoritas ligeras de ropa. En 1983 el fotógrafo Ricardo Martín le inmortalizaba en la discoteca Okume (una de las tres que había entonces en Madrid, donde se reunían los africanos residentes en la capital) bailando con Flor Mokudi [sic], miss Guinea Ecuatorial, con un vestido que obligaba al ya regidor a hacer ciertos malabarismos para posar su mano sobre algún pedacito de tela".
Javier Valenzuela, sin embargo, es más prudente al levantar acta de la velada: "La presencia de Tierno en la fiesta africana complació extraordinariamente a la concurrencia, compuesta en su mayor parte por miembros de la representación diplomática y comercial de Guinea Ecuatorial en Madrid. Tierno, que calificó de intrépidas señoritas a las participantes, coronó con naturalidad a la ganadora y no se arredró cuando fue invitado, casi desafiado, a bailar con ella". Abuy Nfubea indica que también había miembros de las legaciones de Camerún, Zaire y Nigeria.
La madre de Flor era "un fuerte referente feminista y un ejemplo" para su hija, señala Nfubea en el libro Afrofeminismo (Ménades), donde reflexiona sobre la importancia de aquella noche: "El cuestionamiento actual de los paradigmas de belleza eurocentrista no es nuevo en España, ni nació al calor de internet. Las que lo introdujeron no fueron las youtubers [...]. Desde 1979, se produjo un boom de la belleza afro gracias a iniciativas como los concursos de belleza: Miss África, Miss Guinea Ecuatorial, Miss Ébano, Miss Bisila…".
Las pasarelas se despliegan en los puntos de encuentro de los africanos en la capital, como las discotecas Sueños u Okume, adonde acuden Tierno y Juan Barranco, primer teniente de alcalde —que lo llamaba "resignadamente" Juanito Precipicio, escribía en 1984 Jaime Campmany en el ABC— y portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid, cuya concejalía de Cultura apoya el concurso "más famoso", organizado por Manuel Bondjale Oko, de la Asociación Cultural Maleva, y patrocinado por el empresario Florentino Okomo de Yakure, de la Asociación para la Mediación de los Problemas de los Africanos en España (AMPAE).
El Viejo Profesor, según los líderes del panafricanismo, habría contribuido al "fortalecimiento de la cuestión negra". Aunque muchos ecuatoguineanos se alinean con la Alianza Popular de Manuel Fraga y una minoría es fiel a organizaciones de extrema derecha, como Fuerza Nueva de Blas Piñar, algunos abrazan la causa del alcalde socialista y contribuyen a impulsar el movimiento Free Mandela. Como informa Diario 16 en julio de 1977, durante un mitin del líder del PSP en la plaza de toros de Carabanchel al que asistieron 25.000 "alumnos", se enarbolan banderas del Movimiento de Libertad y Futuro de Guinea Ecuatorial .
Tierno Galván, represaliado por el franquismo
Catedrático de Derecho Político, Tierno fue expulsado de la Universidad de Salamanca por sus actividades antifranquistas, aunque en 1976 volvería a dar clase en la Facultad de Filosofía de la Complutense. Como abogado defendió a presos políticos y acogió en prácticas a Eleuterio Sánchez. "Trabajé muy poco en su bufete de Marqués de Cubas, fue una pena. En el 79-80, cuando el PSP se tuvo que fusionar con el PSOE para aparcar a la derechona y tuvo que renunciar a su despacho. Le hicieron alcalde honorífico para que estuviese contento y se callase. Yo creo que estuvo deprimido, porque le tenía mucho cariño al PSP", relataba el Lute a este diario.
En las elecciones municipales de 1979, encabeza la lista del PSOE, que recluta a líderes del movimiento vecinal, social y sindical. Al incorporarlos como cuadros, los desarticula. "Creo que se cogió el poder muy pronto", contaba en esta charla Luis Montes, estudiante obrero, activista de barrio y, ya como coordinador de Urgencias del Hospital Severo Ochoa, injustamente vilipendiado y perseguido por Esperanza Aguirre. "La administración local tenía numerosas competencias y muchos presidentes y secretarios del movimiento vecinal fueron concejales [u ocuparon diversos puestos] con Tierno Galván. Su Ayuntamiento se forjó con líderes de esos movimientos". Todo estaba inventado cuando, tres décadas después, se reproduciría el trasvase del activismo social a la gestión política.
Tierno encarnaba "mejor que nadie la oposición intelectual al régimen", asegura Javier Valenzuela en Crónicas quinquis, aunque no pasó de diputado. Juan Barranco explica cómo se produjo su irrupción en el Consistorio: "Cuando llega la democracia, su figura se proyecta hacia un presidente de la República. Como eso no puede ser, encuentra su destino en Madrid. Y pasa a ser el alcalde que siguen recordando hoy con más respeto, admiración y cariño", cuenta en Madrid, 1983. Le sucedería el propio Barranco, quien llegó a concebir una Oficina de Relaciones con la movida, a pesar de que lo pasaba mal cuando las visitas importantes le pedían que se la enseñase. "Y yo no sabía qué decir".
"La ciudad estaba asfixiada por la dictadura y había una creatividad aplastada. ¿Qué hace el Ayuntamiento? Abrir las puertas. Y esa capacidad creativa emerge en la movida, nos hacemos cómplices de esa vitalidad", le relata el exalcalde a Arturo Lezcano, quien también describe en su libro la otra cara de aquella capital, insegura, delincuencial y drogota, no importa el orden. "Bebemos, fumamos y nos colocamos. / Tenemos plena libertad. / [...] Es una mierda este Madrid / que ni las ratas pueden vivir", cantaba Rosendo, entonces al frente de Leño.
Quizás por ello la frase "¡El que no esté colocao que se coloque y al loro!" que pronunció Tierno en el Palacio de los Deportes durante la Gran fiesta del estudiante y la radio, organizada por el programa Tiempo de Universidad de Radio 3, no fuese la más apropiada. "En labios de otro político le hubiera costado la carrera. Pero el Viejo Profesor era de los de aprobado general", opina el periodista José Manuel Gómez Gufi en el libro Ni tribus, ni movidas. Lo salvó su carácter: "Enrique Tierno Galván fue un alcalde de Madrid que le caía bien a mucha gente a los que no suelen caerle bien los políticos".
Tierno Galván y el pecho de Susana Estrada
Un año antes de que Leño publicase Este Madrid, Tierno protagoniza otra foto legendaria. "Recordamos, hablando de mozas, en plena eclosión floral, cuando don Enrique no se inmutó ante las protuberancias de la Susana Estrada en un acto público y se limitó a sonreír estoicamente ante la belleza", escribe Amado José El-Mir en La Provincia. En realidad, Tierno no se queda callado durante la entrega del galardón Boom del desnudo a la protagonista de la Historia del striptease, el primer espectáculo donde se mostraba un desnudo integral sobre las tablas.
"Señorita, se va usted a constipar", le dice a la musa del destape, con el pecho derecho desnudo, durante la entrega de los premios Populares del diario Pueblo, instantánea de la fotógrafa de El País Marisa Flórez, que puede verse en la exposición Un tiempo para mirar, en la Sala Canal de Isabel II de Madrid. En realidad, la cita exacta es "Señorita, no vaya usted a enfriarse", quizás "No vaya usted a coger frío". Poco importa. "Las fotos no retienen las palabras, pero, en cualquiera de los dos casos, la frase de Tierno abulta el inventario de respuestas ingeniosas pronunciadas por un personaje público dentro o fuera de una campaña publicitaria", escribe Marta Sanz en la novela Daniela Astor y la caja negra (Anagrama).
Allí, cerca de Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, "ante tal situación el Viejo Profesor solo acierta a decir" una frase que no ha tenido tanto recorrido y solo figura en la contraportada de El País del 19 de octubre de 1983 y en el libro La herencia política y humana de Enrique Tierno Galván (Tibidabo), de Alex Masllorens: "A mí me gustan las mujeres con los pechos altos". Según el periodista y exparlamentario catalán: "Y todos miraron de reojo a la actriz Victoria Vera que, por cierto, era militante del Partido Socialista Popular. La actriz había dicho que adoraba a Tierno y no fue la única mujer que se atrevió a decirlo".
Jorge Marí, en el libro colectivo Manuel Vázquez Montalbán: el compromiso con la memoria (Támesis Book Limited), también reflexiona sobre la fotografía: "La aparición de la artista del destape junto al Viejo Profesor brinda a aquella un reconocimiento y una cierta legitimación de la relevancia cultural de su arte —y consiguientemente, del destape como fenómeno de masas—, mientras que al político le sirve para exhibir públicamente su tolerancia y su compromiso con el proceso de apertura, la liberación de las costumbres, la abolición de la censura, la libertad de expresión".
Para Nancy Berthier, la instantánea, "más allá de un contexto inmediato que se olvidó pronto, condensará todo el espíritu de una época". En una atmósfera solemne, "el contraste entre este cuerpo masculino mayor, completamente cubierto, y el cuerpo femenino semidesnudo de la joven Susana es radical y generador de una dimensión erótica", escribe la hispanista francesa en el ensayo Carisma e imagen política. Líderes y medios de comunicación en la Transición (Tirant Humanidades). "Un erotismo que es probablemente el ingrediente que permite entender la posteridad de esta imagen, símbolo de un mundo que se iba liberando bajo control"
Y, aunque Daniela Astor y la caja negra es una novela, resultan esclarecedores algunos apuntes de Marta Sanz sobre la personalidad del hombre que está a punto de ser elegido alcalde: "Al Viejo Profesor ya no sólo le adornan la sabiduría y el punto medio en el que se encuentra la virtud, sino que además se hace simpático y chisposo en su corrección y su ocurrencia versallesca y, a la vez, castiza. Galante. De otro tiempo que era ese mismo". Años después y con Tierno aún en la Alcaldía, la estampa es censurada y se cae de la exposición Madrid, Madrid, Madrid, 1974-1984, patrocinada por el Ayuntamiento.
El legado de Tierno Galván
No cabe duda de que la foto de Flor Mukudy tomada por Ricardo Martín en la discoteca Okume no ha producido tanta literatura, pese a las historias y los significados que encierra la imagen. Habla de la comunidad africana —y de la lucha antirracial y el empoderamiento feminista— en la capital y de su ¿mejor alcalde? En una entrevista a Moncho Alpuente en la revista Luzes, le preguntan si recuerda a alguno bueno: "En algunas cosas, Tierno Galván, porque le dio un cambiazo a Madrid. Era una ciudad absolutamente acomplejada y nos acusaban de centralistas, cuando en realidad sufríamos el centralismo".
La continuación de la respuesta no está directamente relacionada con el Viejo Profesor, pero Moncho Alpuente era tan simpático que resulta inevitable no reproducirla: "Vivir aquí no era ningún chollo, porque estabas mucho más vigilado que en Pontevedra. Cuando era joven, de un día para otro, mi amigo Ignacio empezó a llamarse Iñaki porque su abuelo era vasco. Jorge paso a ser Jordi. Ángel cambió por Anxo… Todo el mundo reivindicaba sus raíces: la gente se avergonzaba de ser de Madrid porque era la capital del franquismo. El caso más célebre, aprovechando que su familia era de Azpeitia, es el de Patxi Andión, nacido en la calle Ferraz. Llegabas a su casa, preguntabas por él y su padre gritaba: ¡Paaaco!".
¿Pero qué logró Tierno? "Devolverle el orgullo a Madrid e invertir en su electorado: la gente joven, que estaba totalmente desasistida", explicaba el periodista. "Lo hizo por motivos políticos, porque no hay cosa que más le desagradase a Tierno que el rock and roll. De hecho, cuando inauguró la calle John Lennon, la llamó John Lennox. Era un viejo cínico, en el mejor sentido de la palabra". A Maruja Mallo, en cambio, no le caía tan bien. Cuando Manuel Vicent le preguntó si creía en Dios, la artista gallega respondió: "Yo creo que Cristo era un mito o una cosa parecida a Tierno Galván, que es un infeliz, el pobre", rememoraba el escritor en una reciente columna en El País.
Misses y afrofeminismo
Quizás no se entienda la referencia al feminismo en el contexto de un concurso de belleza. Abuy Nfubea diserta en el libro Afrofeminismo sobre el empoderamiento de las ecuatoguineanas frente a un colonialismo que "se ha enriquecido con la inseguridad de las mujeres respecto a sus rizos". Ellas burlan el canon estético establecido —que impone el pelo liso y las cremas blanqueadoras—, "reivindican la belleza natural africana", luchan contra el endorracismo que "discrimina a los de piel oscura" y esgrimen el eslogan Black is beautiful.
Flor Mukudy y otras misses, como Mariah Jesús Ebako o Consuelo Nvumba Mañana, contribuirían a la visibilización, como después también lo haría Malaika, la primera publicación que ensalzaba "la belleza y el talento de las mujeres negras", así como su cultura. O, más recientemente, Primavera Afro, que "no es solo un festival de la estética", sino también un “espacio antirracista y de empoderamiento y denuncia” donde “se dan charlas sobre el amor propio”. Como subrayaban sus organizadoras en la última edición, celebrada el pasado abril en Barcelona, “nuestro cabello, símbolo de belleza y fuerza, crece libre y frondoso, al igual que nuestra comunidad”.
“Cada rizo, cada trenza, cada afro es una manifestación de nuestra herencia, una expresión viva de nuestra historia y nuestra lucha”, dejaban claro las responsables del festival, que debe tanto a Dorka Rodríguez, del canal Afromadrid; Lianny Mesa Vergal, del canal Mujer siempre bella; Gaëlle Mibanga, militante de la asociación estudiantil afrodescendiente Kwanza y del canal Princesas Afro, y Alfonsina de la Cruz, enumera Abuy Nfubea en su libro. "Que la mujer negra se sienta bella y que nadie les pueda decir nada por su pelo forma parte de sí misma, es un espacio de activismo necesario para la mujer negra", concluye el periodista.
El entierro de Tierno Galván
Tierno murió a los 67 años y no resucitó al tercer día, pero de algún modo sigue vivo casi cuatro décadas después. "Su Madrid era un patio de vecindad, cuyos habitantes inundaron de flores la clínica Ruber cuando, en febrero de 1985, fue ingresado allí, ya con el mal que le llevó a la tumba", relata Javier Valenzuela en Crónicas quinquis. "Un pueblo grande, habitado por gentes que, según dijo él una vez a una periodista, tal vez sin creérselo, le recordarían diciendo: ¿Tierno? ¡Sí, aquel pesado!".
El cáncer se lo llevó el 19 de enero de 1986. Decenas de miles de personas visitaron su capilla ardiente y un millón asistió a su entierro. Entre ellos, como recuerda Abuy Nfubea, miembros de la Asociación Cultural Maleva, quienes firmaron su libro de condolencias y asistieron a su funeral, que para los ecuatoguineanos fue "uno de los acontecimientos más emocionantes que se vivió en la transición, más que el de Antonio Machín". Descanse y baile en paz.








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