"El mundo rural siente que no se entiende su realidad": ¿tiene la izquierda discurso para el campo de Castilla y León?
"La derecha controla el campo fundamentalmente por inercia histórica, por redes clientelares agrarias y por un relato identitario que la izquierda no ha sabido disputar", valora el politólogo Eduardo Bayón.
"La izquierda está muchas veces más preocupada por el medioambiente que por los trabajadores del campo", critican, por su parte, los agricultores.

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Cuenta atrás. Apenas restan ya 24 horas de la campaña electoral de Castilla y León. Dos semanas centradas en los principales dolores de cabeza de los castellano y leoneses. Con una fecha marcada en el calendario: domingo 15 de marzo. Despoblación, transporte, servicios públicos y campo, mucho campo. Del acuerdo de libre comercio con Mercosur, pasando por los requisitos "inasumibles" de la PAC, hasta el ajuste de los precios en origen o la falta de relevo generacional.
Los dolores del campo han salpicado aquí y allá la conversación en torno a una comunidad, la más grande de España, en la que casi la mitad de los municipios —1.083 pueblos— tienen menos de 500 habitantes. Nueve provincias con un importante peso rural —más de un 4% del PIB de la comunidad depende directamente del sector agrícola, el doble que la media española— en las que el PP se ha mantenido ininterrumpidamente en el poder desde que Aznar entrara en La Moncloa, allá por 1987.
"Hoy el campo pone y quita gobiernos, la mayoría de tendencia conservadora". Habla María Eugenia Palop, profesora de Filosofía del Derecho y exeurodiputada de Unidas Podemos. Sobre todo en comunidades con un fuerte peso rural, como Castilla-La Mancha, Extremadura o Andalucía. En Castilla y León, la relación entre el sector del campo y la derecha viene, además, de antiguo. "La derecha controla el campo fundamentalmente por inercia histórica, por redes clientelares agrarias y por un relato identitario que la izquierda no ha sabido disputar", confirma el analista político Eduardo Bayón. La pregunta se hace evidente: ¿Tiene la izquierda un discurso para el campo?
Palop responde sin titubeos: "Por supuesto". "La izquierda se ha opuesto a la estrategia de tratados de libre comercio desde que el mundo existe. Se ha opuesto a los programas depredadores y de expolio de las grandes multinacionales. También al control del suelo por parte de las mineras, las solares y las eólicas. A la agricultura y la ganadería intensivas o a la industria neoextractivista en manos del gran capital”, enumera la docente. Propuestas, apuntala, con más impacto en la vida del campo que las que recogen los programas del ala conservadora de la política española, fundamentalmente el PP y Vox. ¿Por qué entonces a la izquierda le cuesta tanto conectar con el electorado rural? Por un problema de comunicación: "No ha sabido enarbolar bien la bandera del campo, explicando con claridad sus posiciones".
Menos tajante se muestra Bayón. Para el analista, la izquierda se limita a defender "fragmentos" del campo: la sensibilidad medioambiental —que el sector agrario percibe a menudo como hostil—, la defensa de los servicios públicos en los pueblos y algunos guiños sindicales. "No hay, sin embargo, un relato integrado que conecte la realidad del trabajador agrario con un proyecto político de izquierdas", sentencia el consultor. El del campo, sigue explicando Bayón, es un descontento de clase, no identitario. Un marco en el que, frente al "simplismo falaz" y el "oportunismo" de Vox, la izquierda tiene margen de actuación. "El tractorista que protesta lo hace contra su posición subordinada en la cadena de valor. Ahí el discurso obrero y de clase es perfectamente aplicable", sentencia el analista.
No lo tiene tan claro Palop: "No creo que haya que hablar a agricultores y ganaderos como si fueran obreros de la metalurgia porque son sectores diferentes, con preocupaciones y necesidades distintas". Lo que hace falta, amplía la exeurodiputada, es implicarse en el territorio "de manera más porosa". Tener más presencia en los pueblos, en los barrios, en las administraciones locales. En otras palabras, que haya una traducción de las propuestas de la izquierda"clara y palpable" en la vida cotidiana de la gente.
Acompañamiento. Esa debería ser, para Palop, otra de las grandes apuestas de la izquierda en el campo. "Existe una brecha generacional y digital muy considerable, que afecta a la hora de acceder a según qué servicios y políticas públicas", explica la docente. Señalando al perfil más habitual del campo: varón de entre 50 y 60 años. "Al final, cuando el campo se queja de que hay un exceso de burocracia", plantea la expolítica, "lo que quiere decir es que se siente solo y abandonado frente a esa burocracia". Con el único apoyo de gestorías privadas o de los sindicatos agrarios. "Ese acompañamiento y esa ayuda la podría poner en marcha la izquierda", propone, en su lugar, Palop.
La campaña castellano y leonesa
Oposición a Mercosur, precios justos y apuesta por una red de supermercados públicos y de cercanía, SuperCyL. Estas son las propuestas estrella de Podemos de cara a las elecciones que se celebran este domingo. Así lo explica en conversación con Público Miguel Ángel Llamas, candidato de los morados. El campo, asegura Llamas, es una de las prioridades de su proyecto de comunidad, consciente, sin embargo, de las dificultades de la izquierda para conectar con el mundo rural. "Históricamente es un sector más influido por la Iglesia Católica y por otros factores socioeconómicos que conducen al conservadurismo", razona el político morado. Aprovechando para hacer autocrítica: "A lo mejor también tenemos que mejorar nuestra comunicación". Y reforzar las conexiones, sentencia, con el sindicalismo agrario.
"La tierra para quien la trabaja", exhorta, por su parte, Juan Gascón, candidato de la coalición En Común (IU, Movimiento Sumar y Verdes Equo). Repartir los latifundios, reforzar los servicios públicos en los pueblos y fomentar una agricultura ecológica "menos agresiva", poniendo la lupa en los requisitos de la PAC. También desde la coalición de los partidos de Sumar miran hacia el campo, conscientes del peso del mundo rural en la composición de las nuevas Cortes castellano y leonesas. "La gente lo que quiere en el campo es construir una vida digna y poder vivir de su trabajo", condensa a Público el coordinador regional de IU, apostando por reforzar lazos con los sindicatos: UCCL, Asaja, COAG o UPA.
La voz del campo
"Lo mismo nos acaban dando unos que otros", trasladan desde el campo, a través de las palabras de Aurelio González, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Castilla y León (UPA). "Todos se comprometen a escuchar al mundo rural durante la campaña", desarrolla el sindicalista, "pero luego hacen lo mínimo que pueden". González pone voz al descontento del campo, hastiado de la "mala política", nacional y autonómica. El mal ambiente, el y tú más, la hipocresía de decir unas cosas y hacer otras, enumera González. Y, sobre todo, la "incapacidad" para llegar a acuerdos. Un ejemplo: el tope de precios en situaciones de emergencia para productos de primera necesidad, como los alimentos o la energía. Una medida que, hace apenas un par de semanas, las derechas parlamentarias —PP, Vox y Junts— tumbaban en el Congreso. "Porque lo presentaban unos partidos concretos, otros votaron en contra y no se aprobó. Esto nos parece demencial", zanja el agricultor.
La oposición al acuerdo con Mercosur y a los recortes de la PAC, el control de la fauna salvaje o medidas para favorecer la rentabilidad del sector agropecuario, clave para asegurar el relevo generacional. Estas son algunas de las prioridades que los sindicatos ponen sobre la mesa en el seno de la campaña electoral. Con un tirón de orejas a la izquierda: "Están más preocupados muchas veces por el medioambiente que por los trabajadores de la agricultura o la ganadería y no se han dado cuenta de que somos precisamente nosotros los que mantenemos el campo". Un error de cálculo que, en combinación con el desgaste de los dos partidos mayoritarios, lanza al votante rural a los brazos de Vox: "Si los partidos tradicionales no solucionan los problemas, la gente opta por los extremos".
"El mundo rural muchas veces siente que no se entiende bien su realidad", critica, por su parte, Antonio Torres, agricultor de Villarmentero de Esgueva (Valladolid) y militante de Asaja. Para Torres, los políticos —de izquierda a derecha— tropiezan al no cuidar el "contacto directo" con el sector y tomar las decisiones que afectan a la agricultura "desde los despachos". "Ayudaría que se escuchara más a los agricultores a la hora de diseñar las políticas agrarias y que hubiera personas que conozcan de primera mano la realidad del campo participando en el debate político", desarrolla el agricultor. Un diálogo campo-instituciones que, insisten los sindicatos, ha brillado por su ausencia en la todavía en marcha campaña electoral.
Reconectar con el mundo rural
Hacen falta más caras visibles del mundo rural. "Son los campesinos los que tienen que liderar la lucha del campo", reivindica Palop. Desde dentro de las formaciones políticas, los sindicatos y las instituciones. "Igual que las mujeres dirigen la lucha feminista, los ecologistas la lucha contra el cambio climático o los sindicatos de inquilinas la lucha por una una vivienda digna", ejemplifica la docente. No se trata, sigue puntualizando, de buscar "un líder que aglutine todas las demandas posibles", sino de encontrar para cada sector y reivindicación la cara adecuada.
En la misma línea se mueve Bayón. "No más candidatos que 'van al campo' en visita de campaña con botas de agua", exhorta el analista, tachando esta apuesta de "paternalista". "El campo necesita perfiles con arraigo real", desarrolla el consultor. Alcaldes de municipios rurales, sindicalistas agrarios y militantes de los propios territorios. Desde los sindicatos apuestan precisamente por la política municipal: "Para que seamos nosotros mismos quienes dirijamos nuestros pueblos". Una implicación que miran con suspicacia más allá de las paredes de los ayuntamientos: "A la gente del campo no nos gusta demasiado la política".
Hay margen de mejora. Y es que no en todas las comunidades ha habido tradicionalmente la misma desconexión entre la izquierda y el campo. "El PSOE de Andalucía tuvo durante décadas una implantación rural fortísima, construida sobre el jornalero andaluz", cita a modo de ejemplo Bayón. Un caso particular que Palop extiende a Extremadura o Castilla-La Mancha. "Es importante prestar atención a las zonas rurales incluso por razones electoralistas", insiste la docente, con la mirada puesta en la Ley d’Hondt, por la que el voto rural "vale más" que el urbano. Pero sobre todo por razones de justicia, "de reparto de cargas y de responsabilidades".
"Hasta que no se consiga colmar esa brecha ciudad-campo, tendremos un problema que puede acabar convirtiéndose en un auténtico tsunami", advierte la exeurodiputada. Cerrar esa herida, comenta por su lado Bayón, puede hacerse sin renunciar a las señas de identidad de la izquierda. "Es un falso dilema pensar que defender al agricultor pequeño implica abandonar las políticas verdes o los derechos LGTB", razona, en este sentido, el analista, abogando por un cambio de framing. Para dejar de presentar las políticas agrarias como una "concesión al campo conservador" y empezar a hacerlo como una "extensión coherente" de un mismo proyecto. Convirtiendo el campo en una bandera más de la clase trabajadora.


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