Oleiros o cómo presumir de alcalde comunista en el pueblo con más ricos de Galicia
En el municipio gallego con mayor renta por persona gobierna desde hace 40 años una formación vecinal que basa su proyecto en la justicia social y la protección del entorno.
'Público' viaja este verano a municipios en manos de la izquierda más alternativa para conocer cómo sus políticas han transformado entornos urbanos en espacios más sostenibles.

Oleiros--Actualizado a
Uno sabe que está en Oleiros cuando el navegador de Google Maps empieza a dar indicaciones que parecen sacadas de una comanda de la Taberna Garibaldi: "Continué dos kilómetros por la Avenida Che Guevara"; "Gire a la derecha por la rúa Dolores Ibárruri"; "En la rotonda, tome la tercera salida en dirección a la calle Simón Bolívar"; "Su destino está a doscientos metros a la izquierda en la Avenida Salvador Allende"...
Oleiros es una localidad costera de 38.000 habitantes situada en la otra orilla de la ría de A Coruña, donde se da una singular circunstancia que algunos creen paradójica: es el municipio con mayor renta por habitante de Galicia, el número 45 de los más de 8.000 que hay en España, por encima de Madrid y Barcelona. Pero no lo gobiernan neoconservadores trasnochados, ni modernos liberales de centro, ni siquiera la añeja socialdemocracia búmer.
No. Desde hace 40 años, el poder local en Oleiros lo ostenta Alternativa dos Veciños, una agrupación independiente surgida del movimiento vecinal antrifranquista de los años 70 liderada por Ángel García Seoane, Gelo, un alcalde que logró hace décadas que lo respalden masivamente hasta los vecinos de la derecha más rancia. Lo votan incluso los que lo señalan como acérrimo comunista de los de antes, porque era amigo de Fidel Castro y porque el mobiliario urbano propiedad del Ayuntamiento suele alternar los anuncios de las fiestas locales con durísimos mensajes de denuncia contra el genocidio de Netanyahu en Gaza.
Quienes visitan Oleiros, y son decenas de miles de personas las que acuden durante los meses de verano, se encuentran con eso y con una villa verde y azul repleta de hermosos bosques, coquetas playas y un patrimonio natural e histórico plagado de rincones con encanto y de animada vida cultural y social, donde los autóctonos de toda la vida conviven con los venideros llegados de fuera, principalmente de A Coruña, y que han multiplicado por tres la población en el último medio siglo.
Muchos de ellos componen familias de clase media y alta que habitan en luminosos pisos con vistas al mar, en urbanizaciones de adosados con pádel y piscina o en chalés unifamiliares de diseño, firmados por arquitectos de postín. "La mayoría no son empresarios y altos cargos de Abanca e Inditex, sino profesionales liberales, ingenieros, médicos, abogados, que vienen por la alta calidad de los servicios, de la protección paisajística, de la educación pública”, explica Gelo en su despacho, sentado frente a una réplica de la icónica imagen del guerrillero revolucionario Ernesto Guevara tomada de la foto de Alberto Korda, miniatura de la escultura de casi ocho metros de altura que recibe al visitante en la avenida que lleva su nombre, y que conduce a los arenales más frecuentados de Oleiros, como Bastiagueiro, Santa Cruz y Mera.
"Aquí tenemos escuelas infantiles, de teatro, de danza, cursos de surf para jóvenes, formación y talleres para mayores, bibliotecas e instalaciones deportivas, espacios sociales y culturales para todos...", añade el regidor, que no oculta su orgullo cuando asegura que quienes más se benefician de esas infraestructuras públicas no son las familias más adineradas sino las más modestas, que habitan ese callejero nutrido de los bautismos en la pila de la nomenclatura roja, pero que se alimenta también de nombres poéticos y delicados que aluden a la idiosincrasia del municipio, al mar, a la ecología, la igualdad, el feminismo, la galleguidad, las artes, la buena literatura...: "Auditorio García Mázquez"; "Rúa Follas Novas", "Rúa Zamburiña", "Pensamentos”, "Uxío Novoneyra", "Muíño do Vento"...
Hace cinco o seis décadas, en pleno bum desarrollista, Oleiros se había convertido en objetivo de la voracidad de las mafias de la especulación inmobiliaria, que de hecho a punto estuvieron de arrasar algunas de sus zonas emblemáticas, como el entorno de la playa de Santa Cristina, en la desembocadura de la ría. "Se pretendía convertir Oleiros en un Benidorm, con grandes edificios pegados al mar, rellenos para puertos deportivos privados, playas de pago, casinos, burdeles, macrodiscotecas…", explican fuentes del Ayuntamiento. "Querían hacer un gran patio de recreo para determinados sectores, siguiendo el modelo turístico de masas que se imponía por toda España y que sólo generaba riqueza para unos pocos, precariedad y explotación para muchos, y que destruía la identidad y tradición de los pueblos", continúan.
Frente a eso, García Seoane organizó un movimiento vecinal que, tras hacerse con el poder a mediados de los años 80, ha ordenado el suelo con tres planes generales de urbanismo, un caso único en Galicia, vetando la construcción de edificios de más de dos plantas, y con muchas excepciones en las zonas más urbanas, de tres. También se derribaron construcciones ilegales, como la casa que el presidente del Opus Dei en la comunidad había construido en una isla de propiedad pública frente a la playa de Mera que Gelo voló adrede con goma 2 –su ilegítimo propietario le había tachado de terrorista–. O como el muro de una casita de fin de semana en Santa Cristina que otro acaudalado amigo de lo ajeno había levantado impunemente en terrenos públicos.
Aquella actuación derivó en una sonada polémica judicial y política –el abogado de la acusación era el padre del candidato del PP rival de Gelo–, que culminó en una condena de seis años de inhabilitación para el alcalde. Él se apartó del cargo, pero durante ese período siguió ejerciéndolo en la sombra como asesor de Esther Pita, la militante de Alternativa dos Veciños que lo sucedió. Cumplida su inhabilitación, García Seoane se presentó a las elecciones en 2003 y volvió a ganarlas, con más del 45% de los votos. También las de 2007. En 2011 obtuvo mayoría absoluta, que repitió en 2015, 2019 y 2023. En estas últimas, en mayo de ese año, obtuvo cerca de 2.000 sufragios más que la suma de los de PP, PSOE, BNG, Sumar, Podemos y Vox.
El alcalde, que está pendiente de otra denuncia por derribar en 2020 un inmueble que amenazaba ruina en un caso por el que la Fiscalía pide otros 12 años de inhabilitación, dice que sus éxitos electorales responden a que a él lo apoyan no sólo los votantes de izquierda sino también los de "la derecha inteligente". Y cabría preguntarse si hace falta esa distinción en las filas conservadoras de Oleiros: sólo dos meses después de las municipales, en las generales de julio de ese año, el PP obtuvo allí un 44,3%. En las autonómicas de febrero de 2024, los de Feijóo y Rueda también arrasaron con más del 49%. Alternativa dos Veciños, que desde hace años también obtiene representación en municipios vecinos como Culleredo, Sada y Cambre –de hecho es la cuarta fuerza de Galicia en votos a nivel local–, y que tiene un escaño en la Deputación da Coruña –el propio Gelo–, nunca se ha presentado a unas autonómicas ni a unas generales.
Público ha tratado de obtener una valoración del PP sobre las más de cuatro décadas de gestión de García Seoane, pero no ha podido contactar con sus portavoces en Oleiros, que no han respondido a las llamadas de este diario al grupo municipal, ni ha obtenido respuesta del departamento de comunicación de la dirección del partido en Galicia.
Sí ha respondido la portavoz del PSOE, María del Carmen Acuña, quien, lejos de confirmar la imagen de municipio progre, alerta de que Oleiros se está convirtiendo, si no lo ha hecho ya del todo, en un municipio elitista que "está expulsando a los vecinos del pueblo". "Conozco a personas que querían quedarse en la casa familiar tras la muerte de sus padres, pero que han tenido que marcharse porque no podían pagarle a sus hermanos a precio de mercado la parte correspondiente de su herencia".
Acuña sostiene que el proyecto de Alternativa dos Vecinos "empezó siendo algo positivo y muy bonito", pero alerta de que Gelo "se ha endiosado" tras más de cuatro décadas en el poder y de que, más allá de su simbología de izquierda, la villa se está convirtiendo en una zona exclusiva para ricos, donde no hay conciencia de colectividad vecinal porque, según explica, los niños se crían "en urbanizaciones cerradas donde no hacen vida de barrio ni de pueblo" y donde no existe apenas oferta de vivienda social. "El alcalde se hace fotos delante de la estatua del Ché para parecer progre, pero a quien sienta en su cómodo despacho es a los grandes constructores que están devorando el pueblo de nuevo con un urbanismo salvaje", concluye.
Mientras tanto, García Seoane y su equipo defienden que “gracias a la honestidad en la gestión” del suelo y al reparto justo de los ingresos obtenidos de su desarrollo urbanístico, Oleiros ha podido extender servicios esenciales, como el saneamiento, el agua y el alumbrado, al 100% de su población, "lo que no es demasiado frecuente en municipios de una población muy diseminada –79 núcleos históricos y 41 urbanizaciones–" al tiempo que capitalizaba las arcas municipales: "Desde 1979, el Ayuntamiento ha pasado de poseer sólo tres inmuebles públicos –la Casa Consistorial, un colegio donde se hacinaban más de mil niños y una escuela infantil– a ser propietario de 148 edificios y 1,2 millones de metros cuadrados de grandes parques públicos y zonas verdes", explican.
Lo cierto es que Oleiros sigue siendo una golosina, y es verdad que los precios de la vivienda se han disparado. Los pisos decentes más baratos superan los 200.000 o los 250.000 euros, y el alquiler de temporada, en buena parte oculto, ha devorado al mercado de larga estancia, cuyas ofertas asequibles para un salario medio se cuentan literalmente con los dedos de la mano. Quizá es ahí, en esa nueva bomba especulativa que amenaza a la justicia social en todo el Estado, donde reside el mayor reto del proyecto político de Alternativa dos Veciños.
"No me interesa la masificación turística, no quiero que seamos el Ayuntamiento con más turistas de Galicia, sino que aquí se viva bien", detalla el líder de la formación, cuyo equipo insiste en que ya se han adoptado medidas: "Además de mantener la planificación urbanística, que continúa blindando el orden territorial, se apuesta sin ambigüedades por la calidad y no por la cantidad, con una oferta hotelera moderada y la prohibición de [más] viviendas turísticas".
Esas viviendas también empiezan a infestar ese peculiar callejero de Oleiros que suele sorprender a los visitantes que conducen por el municipio guiados por Google Maps –"Parque de las Trece Rosas", "Rúa Antonio José de Sucre", Parque José Martí"–, y que significa mucho más que una chanza en el menú de un bar de rojos. "Lamentablemente, por cuestiones partidistas, desde la izquierda se tiende a menospreciar modelos como el de Oleiros, cuando debería ser al revés", dice García Seoane. "Son ejemplos de buen hacer y honestidad, proyectos serios y a largo plazo, que se demuestran positivos para la mejora del bienestar de los ciudadanos, que es lo que se necesita en el Estado español para alejar las sombras de los retrocesos sociales y del fascismo de nuevo cuño. En Oleiros hay una izquierda transformadora, útil para el progreso social y económico. Los hechos lo demuestran", concluye







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