Òscar Ordeig, el conseller de Illa que sale reforzado de una sucesión de crisis agrarias
El titular de la cartera de Agricultura, Ganadería y Pesca catalana ha encadenado cuatro crisis significativas en poco más de un año, la más importante, la reciente de la peste porcina africana.
Su gestión lo ha situado como una pieza clave del Govern de Illa.

Barcelona-
Òscar Ordeig (Vic, 1978) es, sin buscarlo, el conseller de las crisis. Al frente del Departament d’Agricultura, Ramaderia i Pesca de la Generalitat de Catalunya —una cartera a menudo menospreciada en el relato político— ha tenido que afrontar en poco más de un año hasta cuatro grandes emergencias sectoriales: la dermatosis nodular, la gripe aviar, las restricciones europeas a la pesca y, finalmente, la peste porcina africana. Y lejos de quedar erosionado, la manera como ha gestionado cada uno de estos episodios ha reforzado un perfil político que, de entrada, parecía destinado a pasar desapercibido dentro del ejecutivo de Salvador Illa.
Ordeig, que vive en Lleida y fue concejal en la Seu d’Urgell (en el Pirineo) durante 14 años, es licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y doctor en Administración y Dirección de Empresas. Formado políticamente en el municipalismo del Alt Pirineu, ejerció también como primer secretario del PSC en Lleida y, ya en la etapa de Illa en la oposición, era quien llevaba las mismas carpetas que ahora gestiona desde el Govern. Es en aquel momento, explican fuentes socialistas, cuando se gana la confianza del presidente catalán.
A pesar de no venir del mundo agrario, Ordeig ha hecho del conocimiento y del contacto directo con el secºtor una de sus principales herramientas. "No es payés ni ganadero, pero es muy del sector", resume Teresa Cunillera, histórica dirigente del PSC en Lleida —fue diputada en el Congreso por esta demarcación durante más de dos décadas—. La también exdelegada del Gobierno en Catalunya (2018-2022) destaca su capacidad de estudio y de construcción de relaciones personales con agricultores, ganaderos, pescadores y comunidades de regantes. "Cuando lo haces así, el sector lo nota", añade.
De carácter activo e inquieto, antes incluso de que arrancara el curso político, Ordeig ya tuvo que interlocutar de manera intensa con el sector de la agricultura, que amenazaba con una nueva oleada de movilizaciones por los incumplimientos acumulados de los gobiernos anteriores. La aprobación de un paquete de veinte medidas pactadas con Unió de Pagesos permitió desactivar una huelga que habría vuelto a llenar el país de tractores. Superado el verano, sin embargo, llegó la tormenta.
Crisis encadenadas
El pasado 3 de octubre se detectó el primer caso de dermatosis nodular en una granja de Castelló d’Empúries (Girona). La enfermedad, altamente contagiosa entre bovinos, obligó a sacrificar a más de 2.500 animales y levantó una fuerte oleada de críticas por la falta de prevención. Decenas de ganaderos vieron cómo su medio de vida quedaba en jaque. La respuesta del Govern, sin embargo, fue rápida: vacunación masiva de más de 150.000 cabezas de ganado y confinamiento del radio afectado. Esta misma semana se ha anunciado el levantamiento gradual de las restricciones y se han publicado los criterios para reclamar indemnizaciones.
En paralelo, el Departament tuvo que afrontar la gripe aviar, que a finales de verano volvió a poner en alerta al sector avícola. La detección de focos en aves salvajes y algún caso puntual en explotaciones activó protocolos estrictos de confinamiento, bioseguridad y vigilancia epidemiológica. La coordinación con el Ministerio y la Unión Europea evitó una expansión mayor de la enfermedad y limitó su impacto económico. "Tener una administración que explica qué pasa, cómo se buscan los orígenes y qué medidas se adoptan desde el primer momento tranquiliza", apunta Cunillera, que contrasta esta actitud con crisis del pasado marcadas por la opacidad.
El tercer frente llegó desde Bruselas. Las restricciones europeas a la pesca pusieron en pie de guerra al sector y hicieron saltar las alarmas. Ordeig se implicó directamente, manteniendo contacto constante con las cofradías y participando en las negociaciones comunitarias. "Ha estado en contacto directo con el ministro [Luis] Planas", explica Cunillera, que destaca la capacidad del conseller para hacer de puente entre Madrid, Bruselas y el territorio. Finalmente, el pasado sábado culminaron unas maratonianas negociaciones con las que la Comisión autoriza a los pescadores catalanes de arrastre a faenar 143 días en el Mediterráneo durante 2026, con el compromiso de renegociar la normativa actual el año que viene.
Y, finalmente, hay que recordar la crisis más delicada: la peste porcina africana, que arrancó a finales de noviembre con la detección de dos casos en jabalíes muertos en Collserola, en el término de Cerdanyola del Vallès (Barcelona). El sector porcino , el más importante del sistema agroalimentario catalán, afrontaba una amenaza de dimensiones desconocidas. Tres semanas después de la detección del brote en fauna salvaje, la situación se ha contenido dentro del radio establecido y, hasta ahora, la afectación se ha controlado.
"Con cualquiera de estas crisis, ha aparecido su carácter", resume Cunillera. Un estilo cercano y transparente con una trayectoria política marcada por el arraigo al territorio. Ordeig no se ha dejado absorber por Barcelona y continúa viviendo en Lleida, un detalle que, según quien lo conoce, no es menor. "Si le escribes, te contesta", dice Cunillera, que lo interpreta como un síntoma de una manera de hacer política poco habitual.
El futuro para el conseller no será menos exigente. El cambio climático, las normas europeas y la fragilidad estructural de una parte importante del sector primario hacen pensar que las crisis no desaparecerán. Pero si algo ha dejado claro este primer año es que el Departament d’Agricultura no es una carpeta secundaria. Y que Òscar Ordeig, lejos de quedar atrapado en ella, ha aprendido a surfear las olas con una solvencia que lo ha situado como una de las piezas importantes del Govern de Illa.

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