Radiografía del sector porcino de Catalunya, que contiene la respiración por el impacto de la peste
Repasamos las principales magnitudes de un sector que lidera la producción estatal, tiene un peso muy grande en las comarcas situadas en el Eje Transversal, depende en gran parte de las exportaciones y genera unos innegables impactos ambientales.

Barcelona--Actualizado a
La detección de al menos dos casos de peste porcina africana (PPA) en jabalíes muertos en Cerdanyola (Barcelona) ha comportado una serie de restricciones para la actividad humana, fundamentalmente en el Parque de Collserola. Pero, sobre todo, han disparado la preocupación de un sector que tiene un peso enorme en la industria agroalimentaria catalana, con una incidencia más que notable en el empleo en diversas comarcas. Tras las grandes cifras, sin embargo, al porcino también lo rodean algunas polémicas, derivadas de su impacto ambiental y de un modelo productivo centrado, especialmente, en las exportaciones. Radiografiamos a fondo un sector que acapara titulares estos días.
5.600 granjas y más de 8 millones de cerdos Según los últimos datos del Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat, que corresponden a mayo de este 2025, Catalunya cuenta con 8,075 millones de cerdos, de los cuales casi el 60% (4.759.873 ejemplares, el 58,9%) se encuentran en explotaciones de la demarcación de Lleida. La provincia de Barcelona concentra más del 20% –unos 1,75 millones de ejemplares–, fundamentalmente gracias al peso de las comarcas centrales (Osona y, en menor medida, Lluçanès, Berguedà y Bages), mientras que el sector tiene menos importancia en Girona y, sobre todo, Tarragona. Desde 2008, la cabaña porcina catalana ha aumentado en cerca de 1,5 millones de animales.
En cuanto al número de explotaciones, a cierre de 2024 Catalunya tenía un total de 5.604, combinando centenares de macrogranjas –las que tienen un mínimo de 2.000 cerdos– con otras medianas o familiares. Casi el 40% se concentran en solo tres comarcas: el Segrià (cuya capital es Lleida y es la que más tiene, con 776), la vecina Noguera (711) y Osona (618). De hecho, Catalunya tiene un eje del cerdo claramente definido a nivel territorial, como puede verse en el mapa adjunto. Sale de Ponent (Lleida), en concreto de las comarcas del Segrià y la Noguera, para cruzar las comarcas leridanas, la Catalunya Central hasta llegar al Alt Empordà (Girona), siguiendo en gran parte el Eje Transversal o autovía C-25.
La dependencia económica
Según recoge Nació, el sector porcino da trabajo directamente a entre 15.000 y 20.000 personas en Catalunya entre las explotaciones porcinas y las industrias de procesado, si bien la cifra se eleva a alrededor de 50.000 si se tiene en cuenta el empleo indirecto e inducido. En cuanto a la dependencia económica, el porcino es especialmente importante en comarcas no demasiado pobladas y con un elevado volumen de explotaciones. Así, según el Anuario Económico Comarcal, elaborado por el BBVA, el mayor valor añadido bruto (VAB) del sector lo encontramos en el Lluçanès (Barcelona), con el 11,27%; seguido del Pla de l'Estany (en Girona, 4,57%), el Berguedà (Barcelona, 3,49%), el Moianès (Barcelona, 3,06%), el Alt Empordà (Girona, 2,58%), Osona (Barcelona 1,86%) y la Noguera (1,65%). En la región metropolitana de Barcelona su peso, en cambio, es inexistente.
El mayor productor del Estado
El Estado español es el primer productor de carne de cerdo de la Unión Europea y el tercero del mundo, solo por detrás de China y Estados Unidos. Produce alrededor de cinco millones de toneladas de porcino al año, de las cuales alrededor del 40% –cerca de dos millones– corresponden a Catalunya, según recoge el Observatori del Porc, que depende del Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación del Govern. En volumen de producción, por detrás de Catalunya se sitúan Aragón y Castilla y León.
En cambio, en cuanto a la dimensión de la cabaña porcina, Catalunya aparece en segunda posición, con el 24% de los cerdos del Estado, por detrás de Aragón, que tiene el 28%. En total, España acumula casi tres de cada diez ejemplares de la UE.
Potencia exportadora Las exportaciones del sector agroalimentario catalán superaron los 15.700 millones durante 2024, según los datos recogidos por la empresa pública Promotora dels aliments catalans (Prodeca), adscrita al Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación. De este total, casi una tercera parte corresponde al subsector de carnes y embutidos, que supera los 5.000 millones en exportaciones, y dentro de él el predominio del cerdo es incuestionable, con unas ventas al exterior que van más allá de los 3.000 millones al año.
Según muestra el último informe del Observatori del Porc, los principales destinos de las exportaciones catalanas de este tipo de carne son China (19%), Italia (18%), Francia (17%) y Japón (12%). Precisamente son las ventas a dos de los gigantes económicos asiáticos lo que ahora mismo más preocupa al sector. La razón es que, una vez detectado el foco de peste, la carne de cerdo no afectada puede venderse sin problemas dentro de la Unión Europea, un hecho que abre la puerta a continuar con la actividad teniendo en cuenta que, hasta ahora, la enfermedad no ha entrado en ninguna de la cuarentena de granjas más cercanas a los jabalíes que han dado positivo. En cambio, China y Japón sí que han limitado de momento la compra de carne de cerdo del área de Barcelona. Y esto impacta directamente en las explotaciones de comarcas como Osona, el Lluçanès, el Berguedà o el Bages, que concentran el grueso de la cabaña porcina barcelonesa y dedicadas, en gran parte, a la exportación.
Un impacto ambiental incuestionable El modelo de ganadería intensiva que se ha impuesto y ha ido a más en los últimos años hace tiempo que está en el punto de mira de colectivos animalistas, ecologistas y en defensa del territorio. Un modelo que se ha centrado en incrementar la cabaña ganadera –especialmente la porcina–, encajando miles y miles de animales en macrogranjas para engordarlos con el objetivo de aumentar el volumen de exportaciones y, por tanto, el negocio agroalimentario.
Organizaciones ambientales definen la ganadería industrial como un "modelo depredador tanto de recursos naturales como de territorio. [...] Consume enormes cantidades de agua y destruye los recursos hídricos. Es un sistema que debe extinguirse, porque es insostenible a nivel ambiental y económico", manifestaba hace un tiempo en este diario Andrés Muñoz, en aquel momento responsable de soberanía alimentaria de Amigos de la Tierra.
El enorme volumen de la cabaña porcina en determinadas comarcas catalanas tiene entre sus contrapartidas la difícil gestión de los purines, las deyecciones ganaderas, fuertemente contaminadas. Esto hace, por ejemplo, que desde hace muchos años entidades como el Grup de Defensa del Ter denuncien la contaminación de las fuentes y, por tanto, de los acuíferos en Osona y el Lluçanès. Y, paralelamente, proliferan los proyectos de plantas de biogás para gestionar –y aprovechar– estos purines, unos planes que están generando una revuelta significativa en el mundo rural catalán.
A la vez, debe sumarse la contaminación por emisiones de metano de las macrogranjas, documentada por el Ministerio de la Transición Ecológica del Govern español. Y que en Catalunya sitúan al grupo Casa Tarradellas como principal contaminante del sector, según recogió Crític. Finalmente, habría que añadir la huella ambiental que genera el traslado de los animales –vivos o muertos– a otros países para destinarlos a las exportaciones. Todo ello hace que diversos sectores defiendan la necesidad de transformar el sector, para reducir la cabaña porcina y bajar el volumen destinado a las ventas exteriores.
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