Opinión
El Imperio Norteamericano ya tiene su Calígula

Conforme vamos siendo mayores aprendemos que las personas tenemos un recorrido vital, que comienza careciendo de capacidad cognitiva y siendo totalmente dependientes cuando nacemos y que puede terminar de la misma forma, con un deterioro cognitivo grave y totalmente dependientes, si llegamos a una edad muy avanzada. Este deterioro cognitivo puede empezar más o menos tarde, depende de nuestra suerte genética.
Esta reflexión viene a cuenta de que los últimos cortes de video que he visto de Donald Trump me llevan a pensar, desde mi humilde desconocimiento, que el Presidente de los Estados Unidos podría estar ya afectado por un deterioro cognitivo importante. Lo vemos recurrir a palabras muy simples, muchas veces poco apropiadas para manifestar lo que pretende, y utiliza frases muy cortas para describir situaciones complejas, es como si su elenco de palabras y su capacidad de expresión se estuvieran reduciendo significativamente. Las frases "tener el honor de tomar Cuba" o "los iraníes me han hecho un regalo muy valioso" resumen a la perfección lo que pretendo transmitir.
Esta reflexión me trae al pensamiento al emperador Calígula, un personaje detestable que gobernó durante apenas cuatro años Roma y que sin embargo se convirtió en uno de los más recordados de la historia. Entre sus comportamientos más repudiados están la autodivinización, su crueldad extrema, el exterminio de sus oponentes, su comportamiento incestuoso y, por supuesto, su desprecio a todas las estructuras políticas de Roma, en especial al Senado (promovió para cónsul a su caballo). Los historiadores atribuyeron esos comportamientos a una enfermedad mental que terminó con su asesinato por parte de su propia escolta, la Guardia Pretoriana. Guardia que para evitar la vuelta a la República nombró cesar a Claudio, tío del propio Calígula y superviviente de su ira por mor de su discapacidad.
Pues bien, durante lo que va de mandato Trump no ha hecho otra cosa que mostrar comportamientos excéntricos, alógicos, amorales y en algún momento inhumanos, que ahora se muestran parejos a una incapacidad discursiva manifiesta. Una deriva caliguliana en toda regla. Cierto que en algunos momentos parece seguir un guion estratégico, pero cuando menos lo esperas introduce cambios en el guion que rompen el sentido de esa lógica estratégica. Hace unas semanas publiqué en este mismo medio mi teoría de que Trump actuaba sobre la base de una estrategia militar de confrontación con China a medio plazo, pero eso fue antes de que incendiara el golfo pérsico con su ataque a Irán. De hecho, en estos momentos pienso que Trump ha perdido la brújula estratégica y ha pasado a guiarse por su megalomanía, su seguidismo al genocida Netanyahu, y su miedo a la política interna, todo ello aderezado por su pérdida de capacidad.
Lo explico, Venezuela era una china en el zapato norteamericano y tenía el petróleo que necesita el continente a largo plazo, pues nada, Trump mandó un portaviones y la Delta Force, secuestró a su presidente, compró al resto de la cúpula chavista y a repartir el bote petrolero entre los adeptos. Rápido y limpio, impecable en una lógica imperialista. Ha sido ese momento de soberbia y megalomanía del "éxito" en Venezuela el que ha aprovechado el genocida Netanyahu para susurrar al oído de Trump la palabra mágica "Ayatolás, Ayatolás,…". "Sr. Trump lo de Irán está hecho, asesinamos a la cúpula que acaba de matar a miles de iraníes hace un mes, el pueblo se levanta, los echa, ponemos al hijo del Sha y controlamos Irán y todo el petróleo del golfo". Y ahí está Trump, que huye del ICE y de Epstein como gato escaldado del agua fría, enviando a su país a una guerra ilegal sin pedir permiso al Congreso.
En el Pentágono inicialmente creyeron a pie juntillas las teorías de Israel, aunque ahora, cuando están a punto de tener que poner tropas terrestres en Irán e iniciar un Iraq 2, supongo que estarán arrepentidos. Mucha CIA y mucho Mossad, mucho poder de asesinato selectivo, pero no pensaron que los Ayatolás llevaban 40 años esperando el ataque y que Irán se había preparado a conciencia. Conclusión, los días pasan, los Ayatolas no caen y no se les acaban los misiles ni los drones, el precio del petróleo se dispara y como Trump no sabe cómo terminar la partida de Irán sin dejar todo lo apostado en la mesa, ahí está mandando a sus tropas de élite camino de una operación que todos suponen que comenzará en la isla de Kharg, para cortar los ingresos a Irán y obligarles a negociar, pero que nadie sabe dónde terminará.
Mientras tanto, eso sí, el expansionismo sionista a lo suyo, sacar a los libaneses del sur del país y destruir sus casas para que nunca vuelvan, porque lo que obviamente no le dijo Netanyahu a Trump es que lo que le interesaba de verdad era provocar la reacción de supervivencia de Hezbolá para atacarlos e incorporar el sur del Libano al Gran Israel, sobre la base de su doctrina de la "amenaza existencial", el Lebensraum del movimiento nacional-sionista que encabeza Netanyahu.
El desconcierto de Trump es tal que, en un intento desesperado de no tener que lanzarse a la invasión, se ha tragado su soberbia y ha comenzado a mendigar a sus aliados y a China ayuda para abrir el estrecho de Ormuz, petición que obviamente todos han rechazado. Y ahí radica el verdadero problema político para Norteamérica, problema que no es cómo terminar la guerra, Francia y Gran Bretaña entrarán al quite en el momento que se lo pidan, el verdadero problema para Norteamérica es que, con la guerra de Irán y su alianza con el genocida Netanyahu, su Calígula ha terminado de dilapidar la fiabilidad internacional de los Estados Unidos.
No obstante, no podemos caer en la simplicidad de atribuírselo a Trump, pues lo que estamos viviendo es el resultado final de un proceso político patológico del republicanismo norteamericano, que le ha hecho transitar del Tea Party al MAGA, y el America First de Trump, desconectando a EEUU del resto del mundo. Un proceso que comenzó con el apoyo internacional recibido por EEUU tras el 11S para la invasión de Afganistán, tomado como un cheque en blanco por el Partido Republicano, que hizo que se instaurara en su seno un neoimperialismo yankee. De la mano de Bush y sobre todo de su vicepresidente Cheney, engañaron a los aliados con el "hay armas de destrucción masiva en Iraq", Aznar todavía lo defiende. De esos tiempos son también los engaños a Rusia, introduciendo a los países del este de Europa en la OTAN (aunque en esto encontramos precedentes en el mandato del demócrata Bill Clinton), engaños que se encuentran en el origen de la guerra de Ucrania.
Pues bien, en estos momentos Calígula y su corte aislacionista, en su alocada gestión han llevado a EEUU, no solo a engañar a sus aliados, sino a despreciarlos y maltratarlos un día sí y otro también con aranceles, amenazas comerciales, amenazas militares … El resultado no puede ser otro que un gravísimo deterioro de la confianza de sus aliados tradicionales que le están dando la espalda militarmente en su aventura con el genocida y que están girando sus alianzas comerciales hacia oriente, donde China sin mover un dedo, no mostrando ninguna ansiedad expansionista militar y, simplemente preocupándose por contribuir a la estabilidad económica y política, está ganando prestigio y fiabilidad día tras día. Es decir, la política de Trump al final está contribuyendo a agrandar la influencia mundial de China, lo contrario al objetivo de su teórica geoestrategia política y militar.
No obstante, como entiendo que los norteamericanos/as quieren preservar lo que han sido y devolver la cordura a su gobierno, espero que, en noviembre, en las próximas elecciones de midterms, den un vuelco al Congreso y si cabe al Senado. El Partido Republicano ha demostrado que ni quiere ni puede controlar a su Calígula y la única forma de controlarlo es que el Partido Demócrata arrase en el congreso y promueva un impeachment. Estoy seguro que la mayoría de los republicanos, ya doblegados, aceptarían e incluso verían como lluvia de mayo ese impeachment, como demuestra que estén ocultando todo lo que pueden al Vicepresidente Vance. Veremos cómo llegamos a noviembre.

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