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El partido abertzale Aralar se disuelve: "Hemos logrado nuestros objetivos"

La organización fundada por el sector crítico de la izquierda independentista vasca celebrará este sábado su último congreso. Cerca de 300 militantes apoyarán su disolución e integración en EH Bildu, donde actualmente comparten militancia con sus antiguos rivales internos.

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Rebeka Ubera, actual y última secretaria general de Aralar. | EFE

Ya no hay vuelta atrás. Aralar, el partido que nació hace 16 años como una escisión dentro la izquierda abertzale, ha puesto fin a su existencia. Sus dirigentes escribieron este sábado la última página de este recorrido guiados por una fuerte convicción: creen firmemente que han logrado la mayor parte de sus objetivos. Solamente por eso, el agur no fue tan triste para las aproximadamente 300 personas que participaron en su VII y último congreso en el espacio Baluarte de Pamplona, donde terminaron cantando y bailando.

"Nuestra organización se fundó con fecha de caducidad", sintetiza a Público Rebeka Ubera, actual y última secretaria general de esta formación política. En tal sentido, esta profesora gipuzkoana recuerda que el partido tenía desde sus orígenes cuatro objetivos centrales: "El fin de la lucha armada de ETA, la configuración de una izquierda amplia y plural, la democracia interna y la aceptación de la territorialidad" de Euskal Herria. A grandes rasgos, Ubera cree que han conseguido cumplir con la misión. "Es verdad que no hemos conseguido en su totalidad la pacificación y que aún falta liberar a los presos políticos, pero lo que podíamos hacer como partido, lo hemos hecho", apuntó.

Para entender este proceso hay que remontarse a finales de los noventa. Por entonces, Herri Batasuna (HB) realizaba un debate interno que daría paso a su refundación. Allí surgieron voces críticas, agrupadas principalmente en la ponencia Aralar. Básicamente, esa corriente cuestionaba la lucha armada de ETA, condenaba la violencia y reclamaba su final. Su nacimiento como grupo organizado dentro de Euskal Herritarrok (una de las marcas de la izquierda independentista vasca que posteriormente sería ilegalizada) se produjo en junio de 2000, mientras que nueve meses más tarde, en marzo de 2001, se inscribió como asociación política.

"Nacimos en un contexto muy complicado, en el que la violencia se expresaba en su total crudeza. Creíamos que había que dar un paso, y fuimos capaces de expresar en público lo que muchos y muchas decían en privado"

La ruptura definitiva con la denominada izquierda abertzale oficial se produjo en junio de ese mismo año, cuando desestimó integrarse en la recientemente creada Batasuna. Eran tiempos difíciles, marcados por el fracaso del Pacto de Estella, la ruptura de la tregua por parte de ETA y las crecientes amenazas de ilegalización contra las estructuras políticas del independentismo. En ese marco, el abogado navarro Patxi Zabaleta acabó convirtiéndose en la cara visible del sector crítico del abertzalismo de izquierdas.

"Fueron momentos muy duros para quienes empezamos con este proyecto político", admite Ubera, quien recuerda que la ruptura produjo una "confrontación" importante dentro de ese espacio. "Nacimos en un contexto muy complicado, en el que la violencia se expresaba en su total crudeza. Nosotras y nosotros creíamos que había que dar un paso, y fuimos capaces de expresar en público lo que muchas y muchos decían en privado".

Reencuentro y reconciliación

Las cosas han cambiado mucho. Después de 16 años, con ETA ya desarmada y en pleno debate sobre su disolución, el sector de la izquierda abertzale que se identifica con Sortu se rige por unos estatutos y unas claves de pensamiento que se asemejan al espíritu crítico que mantenía Aralar en sus inicios. "Con el tiempo, hemos visto que las ideas que defendía nuestra organización han sido asumidas y asimiladas por todas las sensibilidades de la izquierda abertzale, e incluso se han convertido en su base", destaca su secretaria general. "Hemos sido capaces de superar las diferencias, reencontrarnos e impulsar la reconciliación entre las sensibilidades de la izquierda abertzale", añadió.

No en vano, ambos partidos comparten hoy casa. El hogar común se llama EH Bildu, la coalición abertzale en la que también participan Alternatiba —fundada por militantes provenientes de IU— y Eusko Alkartasuna, un partido que nació de una escisión del PNV. Cada uno de estos partidos conserva sus estructuras propias y tiene sus propios afiliados. En esa línea, la idea de Aralar es que sus miembros pasen a actuar directamente bajo las siglas de EH Bildu, donde los integrantes con derecho a voz y voto reciben el nombre de bilkides.

De todo eso se habló durante la mañana de este sábado en Pamplona. Allí se miró al futuro, aunque también hubo tiempo para repasar lo vivido durante su existencia como formación política. El último acto público llegóá en torno a las 12.45 horas. Luego hubo una última comida y un último baile. Aralar ya es historia.

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