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Partido Popular Ayuso versus Feijóo: el doble discurso del PP que Casado no define

El líder del PP todavía está tratando de descifrar a quién se quiere parecer de mayor: si a Ayuso con su discurso "sin complejos" de la mano de Vox o un Feijóo que apuesta por la "moderación y responsable gestión" frente a la covid-19.

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a 12 de noviembre de 2019.
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a 12 de noviembre de 2019. Archivo / Europa Press

Pablo Casado todavía está tratando de descifrar a quién se quiere parecer de mayor. El líder del Partido Popular dirige una organización que aúna diferentes discursos, formas y liderazgos, con los que él se identifica en función del día. Lo cierto es que tras dos fracasos electorales contra Pedro Sánchez en el año 2019 —que le cuesta reconocer públicamente—, el conservador necesita nutrirse de los éxitos de sus correligionarios para reivindicarse, aunque eso le lleve a defender discursos contradictorios.

Estos dos modelos se contraponen con las dos figuras de mayor peso dentro del partido: la del presidente gallego Alberto Núñez Feijóo, que el verano pasado revalidó su cuarta mayoría absoluta, y la de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, que el pasado martes obtuvo una arrolladora victoria en las elecciones regionales, quedándose a cuatro escaños de la mayoría absoluta. En ese sentido, Casado dijo hace apenas un mes que él quería ser "la media" entre ambos.

Ateniendo a sus resultados electorales Ayuso se ha convertido, de facto, en la segunda persona con más autoridad dentro del PP tras Feijóo. La madrileña ha forzado la desaparición de su antiguo socio de Gobierno, Ciudadanos, y ha logrado frenar el ascenso de Vox, tras el sorpasso de los ultraderechistas en Catalunya. Sin embargo, a diferencia del presidente de la Xunta, necesita a la extrema derecha para ser investida y sacar los Presupuestos adelante. 

Relación y pactos con la ultraderecha

La relación con el partido de Santiago Abascal es una de las cuestiones que separan al gallego y la madrileña. Mientras que el presidente de la Xunta ha expresado en varias ocasiones su rechazo a la formación ultra, asegurando que no tiene "ninguna intención" de pactar con ellos porque "están contra Galicia", la presidenta de la Comunidad de Madrid ha afirmado recientemente que "contará con Vox si ellos quieren".

El barón gallego fue uno de los que forzó el giro de Casado "al centro" tras el desastroso resultado de las elecciones generales de abril de 2019, pidió sosiego al presidente y marcó distancias con el nombramiento de Cayetana Álvarez de Toledo, representante del ala dura de los populares. Junto a otros colegas del partido, celebró el 'no' del líder popular a la moción de censura impulsada por Vox contra Sánchez. "Cuanto más Vox, más Gobierno socialpopulista", afirmó.

Mucho más comprensiva fue la presidenta madrileña, que en los días previos a la celebración de la moción de censura en el Congreso, dijo que "la división del centro derecha es una catástrofe para España", en referencia a Vox, a quienes siempre ha evitado definir como un partido de extrema derecha y, ni siquiera, populista, como sí han hecho otros miembros del PP. "Me debo a los madrileños y a los diputados de Vox, el PP y Ciudadanos que son los que me han puesto aquí", decía ella tras el contundente rechazo de Casado a Vox.

La gestión pandémica

Pero las diferencias entre ambos no son únicamente discusivas. Con la pandemia han saltado a la vista las diferencias entre la gestión de cada presidente autonómico contra el virus. En ese sentido, Ayuso ha ido por libre y ha generado cierta incomodidad en las filas populares. Pero su modelo, con restricciones más laxas que en el resto de España —que ella ha definido como libertad frente a comunismo en campaña— es ahora reclamado por un Pablo Casado que augura un "cambio de ciclo" con la victoria de Ayuso.

En plena tercera ola, Feijóo se vio forzado casi a cerrar la práctica totalidad de la actividad no esencial en Galicia, al igual que hicieron otros gobiernos como el valenciano. En sentido opuesto se situó Ayuso, pese a que Madrid ha liderado los ránkings de incidencia acumulada y ocupación de las UCIs desde hace meses. Preguntado por esas diferencias, el gallego afirmó: "Madrid ha optado por una decisión por la que yo no me sentiría responsable si la tuviese que aplicar en Galicia y, por tanto, he optado por otra".

Tras estas declaraciones la presidenta madrileña aseguró que "respetaba" la opinión del gallego "y el trabajo que realizan todas las comunidades autónomas, la suya, la primera". Y apostilló: "La salud no es solo no contagiarse, también es las depresiones, el desánimo y estar confinados de manera masiva". Ambos líderes populares también han tenido visiones enfrentadas respecto a los confinamientos perimetrales, que todos los barones populares defendían a excepción de la líder madrileña. "No pienso cerrar Madrid porque no me da la gana", resumía a modo de respuesta.

El proceso de vacunación

Una de las críticas más extendidas entre los presidentes autonómicos —especialmente por los del PP, pero también entre los socialistas— ha sido la falta de vacunas, sobre todo al inicio del proceso de vacunación. Ayuso aprovechó esta supuesta escasez para cargar contra Sánchez, pese a que el Gobierno central no podía negociar con las farmacéuticas las dosis para España, sino que se trataba de un proceso centralizado por la Comisión Europea, que ha sido la que ha definido el paquete común. Así lo acordaron los 27 estados miembros de la UE y el artículo 7 del acuerdo prohíbe expresamente hacer compras de forma unilateral, salvo excepciones.

En ese contexto, se filtró que el Gobierno de Ayuso negoció en el mes de febrero la compra de la vacuna Sputnik V, fabricada en Rusia, al margen de los protocolos de la Unión Europa, de Sánchez y del que era su socio de Gobierno entonces, Ciudadanos. Una operación que estaba abocada al fracaso desde los inicios, puesto que el suero ruso todavía no ha sido aprobado por la Agencia Europea del Medicamento (EMA), pero que Ayuso defendió escudándose en la supuesta "inacción" del Ejecutivo central.

Tras hacerse pública la noticia, Feijóo reprochó que se tratase de negociar con las farmacéuticas cuando tales decisiones se deben discutir antes en el Consejo Interterritorial del Ministerio de Sanidad, que es, a su modo de entender, "el lugar donde se habla sobre la adquisición centralizada de las vacunas". Además, recordó que cualquier servicio de salud debe cumplir con "dos requisitos básicos" para que pueda ser comprado: "La autorización de la Agencia Europea del Medicamento y la valoración y comunicación en el Consejo Interterritorial, como no se ha dado la primera circunstancia ya no se pasa a la segunda".

Confrontación con Pedro Sánchez

Ayuso ha hecho de la confrontación con el Gobierno central su principal bandera durante este último año, oponiéndose casi de manera sistemática a cualquier decisión que proponía el Ejecutivo y  que sí con el acuerdo del resto de presidentes autonómicos. Esa ha sido, según varias fuentes del PP, uno de los puntos claves de la victoria de la presidenta madrileña el pasado 4M.

Lo cierto es que una de las obsesiones de la presidenta madrileña ha consistido en dar la batalla cultural contra la izquierda, fomentar los choques entre conservadores y progresistas en torno a la moral, las costumbres y los estilos de vida, al igual que hacía una de sus mentoras, la expresidenta Esperanza Aguirre. Su idea de liderazgo pasa enarbolar por un discurso "sin complejos" y profundamente ideológico.

Feijóo ha ido alternando el tono moderado y crítico con el Gobierno de Pedro Sánchez, al contrario que sus compañeros de partido en Madrid. Cuando revalidó el Gobierno, el presidente de la Xunta garantizó a Sánchez que Galicia era una "comunidad leal e institucional". En ese sentido se mostró de acuerdo con la figura del estado de alarma, pese a que Casado votó en contra en dos ocasiones de prorrogarlo. A su modo de ver, el socialista estaba "ejerciendo un derecho constitucional", independientemente de que él pudiera estar o no "al cien por cien" de acuerdo con las medidas.

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