El acuerdo para la financiación ensancha la grieta entre ERC y Junts pese a los llamamientos a un frente común en Madrid
La amenaza del partido de Puigdemont de vetar en el Congreso el nuevo sistema de financiación autonómica acordado entre socialistas y republicanos si no incluye el concierto económico, tensa las ya siempre complicadas relaciones entre ambos partidos en la pugna por la hegemonía del independentismo.

Barcelona--Actualizado a
"Ante cualquier acuerdo de ERC siempre lo mismo: la derecha española dice que es una traición por exceso y la derecha catalana dice que es una traición por defecto. PP, Vox y Junts con diferentes banderas pero misma soberbia. Bueno. Pues solo dos cosas: 1) Que si quieren votar en contra que lo hagan pero que lo expliquen. 2) Y que no sean pesados. Sobre todo eso. Y sobre todo Junts". Este es el incisivo mensaje con el que el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, respondía el pasado viernes a la campaña desatada por varios dirigentes de Junts contra el acuerdo de financiación que cerraron el jueves el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de ERC, Oriol Junqueras. Ofensiva de los de Puigdemont y respuesta de los republicanos que indica claramente cómo este acuerdo de financiación ha ensanchado, todavía más si cabe, la grieta que desde hace unos años se ha ido generando en la relación entre los dos principales partidos independentistas de Catalunya.
La amenaza expresada por la portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, de votar en contra del acuerdo de financiación pactado entre socialistas y republicanos si no se incluye el concierto económico, asegurando que presentarán una enmienda a la totalidad con texto alternativo en el trámite parlamentario, ha sentado mal en las filas republicanas, ya que esto supondría que no pueda salir adelante. Una amenaza que tensa las ya siempre complicadas relaciones entre ambos partidos en la pugna por la hegemonía del independentismo.
Paradójicamente, este fuerte encontronazo llega en medio de una estrategia de Junts basada en hacer un llamamiento a ERC para articular un frente unitario del independentismo en Madrid. Un llamamiento a sumar los 14 diputados de los dos partidos que, con el ataque al acuerdo de financiación de los republicanos, se vislumbra absolutamente inviable. Tanto el vicepresidente de Junts, Antoni Castellà, como la portavoz en Madrid, Míriam Nogueras, salieron en tromba el pasado viernes para instar a ERC a negociar juntos el concierto económico. Un planteamiento que Nogueras también ha hecho extensivo a la negociación de algunos de los traspasos pendientes o el despliegue efectivo de la amnistía. Pero en Esquerra hablan de "deslealtad" por el hecho de que Junts no sólo se muestre disconforme con el sistema acordado, sino que amenace con boicotearlo.
Una gran desconfianza acumulada
Y es que los intentos de una acción unitaria del independentismo choca con una realidad persistente: la desconfianza acumulada entre las dos formaciones y un historial de relaciones rotas que hace muy difícil imaginar una unidad sostenida más allá de momentos puntuales.
Ambos partidos llegan a este punto después de un período convulso. Junts salió del Govern de la Generalitat en el 2022, lo que supuso una ruptura de relaciones con ERC que todavía dura hoy en día. En el Congreso, la dinámica tampoco ha sido distinta. Desde la investidura de Pedro Sánchez en el 2019, ERC ha defendido una estrategia basada en negociar con el Estado, convenciéndose de que la resolución del conflicto político pasaba por situarse en la mesa de negociación. De esa línea surgieron movimientos de los republicanos como la mesa de diálogo y, posteriormente, el debate sobre los indultos. Junts, en cambio, mantuvo una posición más escéptica y ha estado años acusando a los republicanos de "traidores" por construir una relación con el Estado que, a su juicio, era aliarse con la represión.
Aquel desacuerdo abrió una brecha que con los años se ha convertido en distancia estructural. Con la paradoja de que tras una legislatura llena de reproches contra ERC por haber pactado con el PSOE, fue Junts quien llegó en el 2023 a un acuerdo con los socialistas para investir presidente del Gobierno a Pedro Sánchez. Lo que provocó la crítica de los republicanos, que consideraron que ponía de manifiesto "la hipocresía" de los de Puigdemont.
Desde los indultos, nada que hablar en Madrid
La carpeta de los indultos es una de las que más ha marcado esta distancia. Los juntaires se desmarcaron, incluso diciendo que no los querían. Pero ERC, con su clara estrategia de desjudicialización del procés, apostó fuerte. Estas posiciones divergentes hicieron que ambos partidos se alejaran de forma clara, no sólo en el ámbito político, sino también en el personal. Hay que tener presente que todos los dirigentes encarcelados de ambos partidos pudieron ser liberados, y a los de ERC -con Oriol Junqueras al frente- no les gustaron los reproches de Junts "mientras se aprovechaban de los beneficios de la negociación [de ERC]", aseguran fuentes republicanas.
Y lo mismo ha ocurrido con otras carpetas clave, también en esta legislatura. La ampliación de competencias, el debate sobre la financiación y el traspaso de Rodalies han sido escenarios en los que ERC ha buscado articular propuestas intentando sumar a Junts en votaciones clave, pero los juntaires han preferido mantener un perfil propio, recelosos de ligarse a estrategias que consideraban demasiado condicionadas por los ritmos fijados entre ERC y el PSOE. Inmersos en una estrategia de confrontación con el PSOE, pese a los acuerdos que durante esta legislatura han ido estableciendo, incluso después de la reciente ruptura de relaciones.
Así pues, la idea de un frente independentista catalán no parece muy viable ni en Madrid ni en Catalunya. Más allá de que no existe ninguna coordinación, actualmente, entre ambos partidos, el hecho de que la estrategia de los postconvergentes haya pasado en los últimos años por desmarcarse de casi todo lo que han hecho los republicanos genera mucha distancia. Desde ERC recuerdan que, cuando en el pasado han planteado acuerdos de fondo y protocolos de coordinación, la respuesta de Junts siempre ha sido negativa, y ahora ya no se fían. "Son adorables", decía irónicamente una fuente del partido de Junqueras el día que Nogueras pedía ese frente común. De hecho, sólo ven en Junts movimientos por táctica política y no por una voluntad real y de fondo de que haya unidad de acción entre los dos partidos.
Sin embargo, no todos los puentes están rotos y los republicanos nunca han rechazado mantener conversaciones. Por otro lado, Míriam Nogueras aseguraba este mismo viernes a Público, en plena tormenta política por la financiación con duros enfrentamientos, que "ambos partidos hablamos" y ponía de ejemplo los encuentros entre los dos presidentes de los partidos, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. También en el Parlament se conserva un puente abierto entre las dos formaciones que mantienen varios miembros de los grupos parlamentarios, y especialmente con el presidente de los republicanos en el Parlament, Josep Maria Jové, y la jefa de filas de Junts, Mònica Sales, al frente.
Junts ve una ventana de oportunidad
Junts, por su parte, defiende que el momento político es excepcional y que es necesario aprovechar la debilidad del Gobierno [central] para "consolidar la nación [catalana]". La formación subraya que el independentismo tiene la oportunidad de convertir su fuerza parlamentaria en resultados y que, sin un frente mínimamente compartido, cada partido corre el riesgo de negociar en solitario y perder capacidad de influencia. Sin embargo, esto puede sonar también contradictorio con la ruptura de relaciones con el PSOE de hace dos meses.
Pero la historia reciente pesa. Los episodios acumulados de descoordinación y las diferencias de estrategia se acumulan. La herencia de la ruptura del Govern y la desconfianza en las relaciones personales, que tiene en los jefes de filas de Madrid, Gabriel Rufián y Míriam Nogueras, la máxima expresión, siguen condicionando cualquier tentativa de alianza. Además, el cambio de discusión en el eje político posiciona a ambos partidos en bloques distintos. ERC prefiere mirar más hacia la izquierda y esto dificulta pactos políticos con una formación como Junts cada vez más escorada a la derecha. Junts pretende preservar su autonomía discursiva y evitar la percepción de subordinarse a una estrategia que considera demasiado ligada a la coyuntura estatal, mientras acentúa la posición de derechas presionado fuertemente por el crecimiento de la ultraderecha independentista de Aliança Catalana. Ambas posiciones tienen coherencia interna, pero chocan frontalmente.
En estos momentos, la llamada de Junts a la unidad parece más un globo sonda lleno de tacticismo que algo que se pueda traducir políticamente. La cuestión de fondo es si Junts y ERC son capaces de superar la inercia del pasado y convertir su presencia decisiva en el Congreso en una herramienta compartida. O si, por el contrario, las diferencias estratégicas y las cuentas pendientes seguirán bloqueando cualquier intento de frente común, y se sigue imponiendo la eterna lucha por la hegemonía del independentismo en Catalunya. Hegemonía que, mientras Junts y ERC se la disputan, en cada encuesta queda más amenazada por un nuevo actor, la Aliança Catalana de Silvia Orriols. Formación que, a diferencia de la CUP que siempre ha sido un actor minoritario del independentismo -aunque muy decisivo en algunos momentos-, la demoscopia sitúa ya en esta pugna con gran fuerza.

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