Entrevista a Joan Tardà"No ganaremos las elecciones al Parlament si no hacemos una candidatura de las izquierdas catalanas"
Hablamos con el histórico diputado en el Congreso de ERC sobre la propuesta de articular un frente amplio que agrupe en una sola candidatura en Catalunya a su formación, los Comuns, la CUP y Podem.

Barcelona--Actualizado a
En un contexto global de contra-reacción conservadora, de ascenso de la extrema derecha y en el que la movilización social no es especialmente significativa, Joan Tardà (Cornellà de Llobregat, 1953) defiende la necesidad de intentar provocar una catarsis que pueda cambiar el escenario. Para el histórico dirigente de ERC ─fue diputado en el Congreso entre 2004 y 2019, tras ser concejal en su ciudad (1999-2004)─ esto pasaría por articular una candidatura conjunta de las izquierdas catalanas tanto en las elecciones generales como en las del Parlament.
La iniciativa tendría que englobar a su partido, los Comuns, la CUP y Podem y, según su opinión, estaría en condiciones de ganar los comicios catalanes, mientras que en el caso del Congreso el ejemplo podría sacudir a las izquierdas estatales -básicamente a Sumar y Podemos-, tras años de enfrentamientos cainitas. Tardà ya hace tiempo que defiende una vía de este tipo, pero la propuesta ha ganado cierta presencia mediática y política después de que Gabriel Rufián planteara crear un frente plurinacional para las próximas generales.
Con lo que está pasando a nivel global, ascenso de la extrema derecha, militarismo exacerbado, genocidio de Gaza, imposiciones e impunidad de Trump, y la poca movilización ciudadana, ¿tiene la sensación que estamos en un momento de resistencia?
Sí, completamente de acuerdo. Más que nunca resistir es vencer, ahora de lo que se trata es de al menos parar el golpe. Ya hace años que había gente avisando de que venían tiempos difíciles, pero en vez de parar máquinas y ver que se podía hacer de raíz, todo han sido cataplasmas y parches y ahora la amenaza ya está aquí. Incluso en la medida en que no se hacía nada se iba normalizando la amenaza, y en estos momentos buena parte de la ciudadanía ni siquiera es capaz de ver la magnitud del desastre que viene. Es como si se hubiera normalizado como inevitable que la derecha gane y cuando esta idea arraiga acaba mutando y haciendo creer que, además, es necesario.
A veces la impotencia, la incertidumbre y los miedos derivan en soluciones exógenas y fáciles, y esto tiene mucho que ver con el nacimiento de los mesías. Ahora este mecanismo se produce a raíz de dos hechos que se dan en la sociedad. Uno es que las clases medias se dan cuenta de que se han proletarizado y esto genera una reacción a la defensiva, de no mirar hacia arriba, sino hacia abajo. Y el segundo es que estamos viviendo un escenario nuevo, que es la respuesta del precariado, que es una nueva clase social que no tiene nada que ver con la clase obrera tradicional, que estaba dotada de una cultura ideológica que clasificaba el mundo entre los que tienen y los que no. El precariado, en cambio, tiene todas las contaminaciones que sufre cualquier ciudadano que pertenezca a la sociedad actual, en la cual predominan el funcionalismo, la inmediatez, el consumo convertido en el nuevo Dios y dónde a través de las redes sociales todo el mundo tiene acceso a visitar el cielo. Una sociedad en la que mandan el hedonismo y el individualismo, y el bienestar y el placer están cerca y si no los alcanzas es porque eres tonto. La realidad, sin embargo, es que se trata de poder trabajar para seguir siendo pobre, para tener un patinete y la nevera medio llena.
Las clases medias se dan cuenta de que se han proletarizado y esto genera una reacción a la defensiva, de mirar hacia abajo
El precariado se ha comido a la clase obrera y a parte de la pequeña burguesía, es un inmenso guirigay enmarcado en una realidad que es que el Estado del bienestar ha repartido muy poco la riqueza. En el caso español todavía menos, porque el Estado del bienestar llegó más tarde y fue más delgado. A pesar de que se ha conseguido construir los pilares básicos del Estado del bienestar, no ha sido suficiente. La prueba está en que en la Constitución de 1978 aparece el derecho a la vivienda como principio rector, pero nunca se ha desplegado ninguna ley que convirtiera en un derecho subjetivo el usufructo de la vivienda. Y ahora tenemos a centenares de miles de personas que han crecido en un Estado del bienestar, pero que se sienten absolutamente desamparadas por este mismo Estado.
Un escenario bastante crítico.
Vivimos unos tiempos absolutamente críticos, que además tienen otra variable perversa, que es el factor tiempo. Ahora todo es más vertiginoso que años atrás y esto coge a la izquierda institucionalizada a contrapié, porque aunque vea los peligros le cuesta mucho reaccionar. Porque está muy institucionalizada y porque también ha creado un Estado del bienestar que tiene muchos corsés, condicionados por el capital. La misma izquierda socialdemócrata ha olvidado que no todo depende de su capacidad para modernizarse y ser eficiente, sino que depende mucho de que juega un partido donde las reglas no las marca ella, sino el sistema capitalista. Durante muchos años se ha abandonado un discurso ideológico sobre la lógica capitalista basada en la plusvalía, la especulación, la acumulación de capital... Ha habido como una rendición ideológica.
¿Con este escenario, luchas concretas como la del derecho a la vivienda o, cada vez más, la climática pueden ser claves para contribuir a hacer girar el péndulo y superar la contra-reacción conservadora?
Sí. Las dos grandes esperanzas de la pasada década fueron el procés de independencia y el 15M. El procés era interclasista, razón por la cual tuvo éxito, y el 15M tuvo un efecto extraordinario, fue una gran catarsis que hizo descubrir a miles de jóvenes de entonces que no eran hijos de clases medias, sino que eran hijos de clase obrera. El hecho de ser catalanes o españoles y europeos y tener un título y un máster les había hecho creer que ya les permitía tener la vida si no garantizada, como mínimo un poco por encima de lo que había sido la de sus padres. Y, además, observaban el paisaje y veían cómo el capitalismo les ofrecía también una oportunidad, que es la reserva de mano de obra barata que llegaba de fuera. ¿Qué nos ha quedado? La reserva de mano de obra continúa fluyendo y ellos ya están absolutamente incardinados en la clase social del precariado, es decir, a compartir piso hasta los 34 años.
Lo que fomenta parte del éxito de Vox es vivir atrapados en el desengaño y el rencor y esto es muy difícil de resolver
¿Cómo conseguimos que esta realidad no se convierta en un resentimiento que es clave en el éxito de Vox? Lo que fomenta buena parte del éxito de Vox es la incapacidad para hacer una lectura diferente y vivir atrapados en el desengaño y el rencor, y esto es muy difícil de resolver. Primero, porque la gente que está más explotada vive casi al margen del sistema político. Y, en segundo lugar, porque los que en estos momentos están en situación de precariedad creen más en una solución externa que no proviene de ellos mismos. Y las soluciones externas son soluciones mesiánicas, falsas. Es decir, "que venga aquel y al menos pondrá orden". No es un problema estrictamente político, es casi antropológico, es muy profundo.
Lo mismo pasa con algunos independentistas, que no han sabido metabolizar una larga lucha. En vez de metabolizar que tuvimos suficiente fuerza para intentarlo, a partir de intentar aprovechar una coyuntura que nos parecía más favorable de lo que realmente era, han transformado este sentimiento en rencor y en autodestrucción del independentismo, hasta dar lugar a Orriols [la líder de Aliança Catalana], que será letal para el independentismo y para el catalanismo.
Entonces, ¿por donde pasa la solución?
Si esta es la realidad de las clases populares, no puedes esperar soluciones inmediatas, no existen. Hay quién dice que tendremos que pasar por una fase de gobernanza de las derechas para que la gente reaccione al ver como descohesiona la sociedad, la polariza y la violenta. Pero es evidente que habría que evitarlo, porque no tienes ninguna garantía de que al cabo de unos años esto se pueda revertir. Y tienes que prever los centenares de miles de víctimas, porque será una guerra de clases.
Con una desafección extraordinaria, los partidos de izquierdas están obligados a actuar de manera disruptiva
Con una desafección extraordinaria y una mínima identificación entre esta gente y los políticos, los partidos de izquierdas están obligados a actuar de manera ejemplar, de manera disruptiva. Si lo hacen, es posible que una parte de esta gente, que tiene estudios y un nivel académico diferente a los padres, pueda vivirlo como una catarsis y sentirse interpelada. Y atendiendo el actual nivel de desconfianza, para que esto pase los de arriba tienen que hacer todo lo contrario de lo que han hecho hasta ahora.
¿Esta disrupción pasaría por superar los rifirrafes entre las izquierdas, definir horizontes compartidos e, incluso, en el caso catalán crear una candidatura que reúna al conjunto de las izquierdas soberanistas como ha defendido desde hace tiempo?
Tal como están hoy las clases populares, si no hay un efecto disruptivo será imposible que puedan identificar al independentismo o al soberanismo como algo suyo, y algo necesario. Se tiene que provocar una catarsis o, cuando menos, lo tienes que intentar. El gran acierto de Rufián [con la propuesta de crear un frente plurinacional para las elecciones generales] ha sido haber puesto el elefante dentro de la habitación, aquello que dijo de "si no nos ponemos de acuerdo, nos matarán por separado políticamente". Esto es evidente, pero lo es tanto que incluso resultará difícil para las nomenclaturas de los partidos explicar públicamente por qué no lo quieren.
Seguramente la principal resistencia a articular algún tipo de frente de izquierdas proviene de aquí, de las direcciones de los partidos.
Sí. En nuestro caso, partimos de la base de que a las izquierdas catalanas nos interesa más un gobierno en el Estado del PSOE y Sumar que no uno de PP y Vox. Y no solo nos interesa que el PSOE gane y derrote al PP, sino que el PSOE todavía dependa más de los partidos situados a su izquierda, sean independentistas o no. Estoy convencido, y lo batallaremos a fondo desde Àgora [un colectivo de ERC del que forma parte], de que en las elecciones generales previstas para el 2027 haya una sola candidatura de las izquierdas catalanas. Un frente popular o un frente amplio que incorpore a toda la gente que es de izquierdas e independentista, soberanista o, quizás, federalista pimargallià.
Necesitamos un frente de izquierdas que incorpore a toda la gente que de izquierdas e independentista, soberanista o federalista
Es decir, a todas aquellas personas que creen en un mayor reparto de la riqueza, que hay que sacar adelante medidas troncales para hacer viable el país, que todo el mundo tiene que tener los mismos derechos y los mismos deberes, cosa que tiene que ver con la nueva ciudadanía, y todas aquellas personas que creemos que hay que construir una solución al conflicto [político] que pase por un referéndum acordado con el Estado para que podamos decidir qué relación queremos con España. Sea la independencia, la confederación, la federación, un nuevo estatuto, vete a saber. ¿Qué sentido tiene que gente como [Gerardo] Pisarello, David Fernàndez o Rufián voten a candidaturas diferentes? Tenemos que crear esta cultura del frente amplio.
¿Y cómo se construye?
Se construye también y de manera muy importante con el voto, porque vivimos en un mundo muy mediático y, además, el vínculo más importante y directo entre una organización y el ciudadano justamente es el voto. Debería de haber una candidatura con Comuns, Podem, ERC, la CUP. Tendrían que hacerse primarias y en la papeleta deberían de estar las siglas de los diferentes partidos. Esto sería muy importante también porque generaría un efecto espejo para las izquierdas españolas, para hacerles ver que mientras los catalanes somos capaces de articular un frente amplio independentista, federalista y de gente de izquierdas, ¿vosotros no sois capaces de hacerlo?
Debería haber una candidatura con Comuns, Podem, ERC y la CUP y que se hicieran primarias
Independientemente de que allí hubiera la posibilidad de hacer algo más en la línea de lo que ha dicho Rufián. Que tiene mucho interés porque es la primera vez que habría un frente en Madrid que tuviera como punto básico e imprescindible la autodeterminación. Ya sé que hay muchos inconvenientes con esto, como la pelea cainita de Podemos y Sumar, y que hay organizaciones que hoy en día todavía tienen dificultades para asumir la autodeterminación más allá de la retórica.
¿Este frente se tendría que consolidar y concurrir también a otras elecciones, como las municipales?
Creo que para las municipales no. No lo veo porque esto en los municipios es muy difícil, porque el nivel de implantación [de los diferentes partidos] es muy desigual, cada municipio es un mundo, en muchos hay candidaturas independientes. Pero este frente amplio también debería tener consecuencias en las municipales, pero más relacionadas con el fomento y la intensificación de las alianzas con las candidaturas de izquierdas a la hora de conformar gobiernos. O, incluso, allá donde fuera posible hacer candidaturas populares, pero es mucho más difícil de reglamentar.
¿Y en el Parlament?
Sería imprescindible. Si en el Congreso no lo conseguimos, se tiene que conseguir al menos en el Parlament. Si en Catalunya no somos capaces de hacer una candidatura de las izquierdas catalanas, no ganaremos las elecciones. Pero no solo no las ganaremos, sino que ni siquiera podremos condicionar de tú a tú al PSC. Si hacemos una candidatura unitaria, podemos ganar las elecciones; pero si no las ganamos, como mínimo podemos conseguir un resultado muy próximo al de los socialistas para hacer un gobierno de izquierdas que permita impedir que el PSC se derechice y se españolice más y poder hacer posible aquello que es básico: construir una solución al conflicto [político], encarar todo el reto de cómo conseguimos ser una nación y no una tribu, y conseguir que el país no se nos dualice todavía más, es decir, poder repartir la riqueza de manera más justa. Si en 2028 no hay un frente de izquierdas y no vamos juntos la CUP, los Comuns, Podems y Esquerra, será un desastre inmenso. Junqueras no tiene ninguna posibilidad de ser presidente de la Generalitat de Catalunya si no encabeza un frente de izquierdas; David Cid tampoco.
Junqueras no tiene ninguna posibilidad de ser presidente de la Generalitat si no encabeza un frente de izquierdas
¿Más allá de los pronunciamientos a favor de un frente de este tipo que han hecho gente como usted y, en otra fórmula, Gabriel Rufián o, con matices diferentes, personas como Gerardo Pisarello o Xavier Domènech, hay conversaciones de base para esto se articule?
Lo que desearía es que del mismo modo que dentro de ERC este debate existe, me gustaría saber que también está en los Comuns, en la CUP, o en Podem... Entre otras cosas, porque incluso aquellas personas que son refractarias merecería la pena que se plantearan cambiar de opinión atendiendo a la pura realidad. A veces las cosas se tienen que hacer. En estos momentos creo que hay resistencias que no se entienden, pero estoy convencido de que en ERC este debate irá creciendo y está muy vivo. Por ejemplo, fíjate que Oriol Junqueras no desautorizó a Rufián, dijo que le parecía que ahora no se daban las condiciones para hacerlo. Y no lo hizo porque en los documentos del último congreso de ERC se habla de la necesidad de establecer estrategias comunes con las fuerzas de izquierda de fuera de los Països Catalans.
Hay un argumento que me parece falaz por parte de algunos dirigentes de todos los partidos que es venir a decir que primero se tiene que fomentar la cultura del frente amplio. ¡Si la gente cuando va a una asamblea o a una manifestación está contenta de coincidir! La gente que está absolutamente desilusionada o tiene cierta desafección lo que quiere son hechos, no se trata de ir haciendo cultura de base. Sería interesante que hubiera una asamblea de militantes de base de ERC, los Comuns, la CUP y de Podem o, incluso, de votantes, y a ver qué pasa. Que dejen hablar a alguna persona de las bondades de este proyecto y después que los dirigentes hablen de las dificultades. Habrá que estar atentos a las dificultades y saber cuáles son para resolverlas y superarlas, no para que sean la condición para no hacerlo.
¿Las diferencias en el horizonte nacional entre los diferentes actores podría ser uno de los elementos utilizados como excusa por no sacarlo adelante?
Sería un error inmenso. Aquí hay tres niveles: en la base tenemos el de la catalanidad, por encima el del catalanismo y por arriba el del independentismo, el soberanismo o el federalismo. Es decir, sin catalanidad no hay catalanismo y sin catalanismo no hay otra cosa. En estos momentos, Catalunya está cambiando a una velocidad tan vertiginosa que corresponde priorizar la defensa y la adecuación en el mundo que vivimos de la catalanidad. Una catalanidad entendida como la han entendido históricamente el catalanismo político y el republicanismo, es decir, hacer sentir que todos somos hijos de la tierra se haya nacido donde se haya nacido y que, en todo caso, las separaciones vienen dadas por la cuestión social y no por la identitaria. Es este concepto republicano de la nación, frente a los nacionalistas y Orriols que creen más en la tribu y en acabar siendo una reserva de catalanes.
El catalanismo tiene que ver con un proyecto político y es la destilación de todas las culturas que se van aportando a Catalunya. Está claro que el catalanismo del siglo XIX es diferente al de los años 60 del siglo XX. Y, evidentemente, nosotros como independentistas queremos la proclamación de la república catalana, pero en un proceso democrático, teniendo una mayoría suficiente. E intelectualmente provoca mucha vergüenza este debate de ahora no voy con estos porque cuando seamos independientes se federarán con España. Primero porque, en todo caso, si somos independientes se tiene que ver si la gente se quiere federar o no, pero sobre todo porque en política es un error poner como condición en el presente una etapa histórica que todavía está lejos de lograrse.
¿En todo caso, es básico rehacer puentes y alianzas que se han roto durante la última década?
Sí, creo que esto ya se hace y se tiene que hacer. Y creo que ahora todo depende de la voluntad de los dirigentes y que sean receptivos a la realidad. Claro que esto cuesta, porque se tienen que romper dinámicas, pero tienen que ser capaces de salir de la zona de confort. Para mí es el único camino que hay y se puede decir que el enemigo para hacerlo somos nosotros mismos. Me consta que Comunistes tiene como proyecto convocar una conferencia de las izquierdas catalanas para hablar. Magnífico. Ya hace tiempo que hay gente que lo decimos, que durante un fin de semana ponemos a 10.000 o 15.000 personas en un lugar y a ver qué sale. Ahora, lo tienen que querer los dirigentes, porque no hay tiempos.
Los dirigentes tienen que ser receptivos a la realidad y ser capaces de salir de la zona de confort
ERC es el partido más grande de estos posibles actores. ¿Tiene que jugar un cierto papel de catalizador para tirarlo adelante?
Sí, estoy convencido. Pero también tiene que abandonar cierto paternalismo. No estoy de acuerdo cuando Oriol [Junqueras] dice: "Acompañadnos". No se trata de acompañarnos, esto tiene que ir mucho más allá, tiene que ser más disruptivo, se trata de ir juntos, al mismo paso, en régimen de igualdad y mientras vayamos avanzando no solo iremos resolviendo contradicciones, sino que iremos generando fraternidades. Yo un día decía: "Dentro de unos años, ve a saber si no existirá la Esquerra Unificada de Catalunya". No se trata de que Esquerra sea el partido, sino de que sea uno de los partidos.
No se trata de que Esquerra sea el partido, sino que sea uno de los partidos
En el reciente congreso de ERC, a través de la corriente Àgora Republicana, presentaron una iniciativa con el objetivo de que el partido se abriera también a personas no independentistas.
Primero queríamos modificar el artículo 2 de los estatutos de ERC, que es lo que tendríamos que estar en condiciones de hacer más adelante, para decir que ERC es un partido republicano de izquierdas que integra a independentistas y a soberanistas. Pero pensamos que si íbamos a un cambio de estatutos, actualmente la fruta no está bastante madura y la derrota sería inmensa. Queda mucho debate por hacer, porque de entrada esto asusta y es carne de tergiversaciones y alguien ya hizo correr que queríamos que ERC dejara de ser independentista, cuando no es así, sino que sea un partido de independentistas y de no independentistas. Así que lo pasamos a la ponencia política para introducirlo, pero a pesar de todo perdimos, pero yo dije que lo ganaríamos de aquí a cuatro años. Si queremos hacer este frente de izquierdas y creemos en él, no tiene ningún sentido que no lo incorporemos. Y hacerlo te da legitimidad a la hora de pedir este frente, que es una idea que viene de lejos.

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