Financiación, Rodalies y vivienda, los asuntos clave del primer año de gobierno de Illa
12 meses después de su investidura como presidente, se ha confirmado el cambio de ciclo político en Catalunya. Pese a progresos significativos en algunas áreas, el ejecutivo presenta un balance pobre a nivel legislativo y necesita avances para contentar a ERC y a Comuns.

Barcelona-
El 8 de agosto del año pasado, en un pleno de investidura marcado por el fugaz retorno a Barcelona de Carles Puigdemont, se confirmaba el cambio de ciclo político en Catalunya. Tras el procés, los partidos independentistas perdían la mayoría en el Parlament y el PSC, con Salvador Illa, accedía al Palau de la Generalitat con el apoyo de los Comuns y ERC. Desde aquel momento, el Govern del PSC ha avanzado en carpetas importantes pero a la vez ha encontrado dificultades para desarrollar una actividad legislativa potente. Hacemos balance de los 12 primeros meses de la presidencia de Illa.
La única ley aprobada, herencia de Aragonès
La ley del Estatut de los Municipios Rurales es la única que Illa ha podido aprobar en el Parlament en este año. Herencia del gobierno de Pere Aragonès, que la impulsó y confeccionó también en comisión parlamentaria, la norma tiene como objetivo favorecer la repoblación de los municipios rurales del país y potenciar el equilibrio territorial.
En estos primeros 12 meses como presidente, las dificultades para desarrollar una agenda legislativa robusta han sido evidentes. "Las características de la configuración del Parlament dificultan la tarea parlamentaria, puesto que gobierna en minoría", expone el politólogo y profesor de la UOC Andreu Paneque, que añade que "Illa debe tener un perfil moderado, sobre todo porque es el hombre fuerte de la Moncloa y si fracasa en algo también puede afectar a Pedro Sánchez”. Y es que a pesar de votar a favor de su investidura, tanto ERC como los Comuns no han dado un cheque en blanco al Govern, que tiene que negociar cada medida con ellos para aspirar a aprobarla.
Satisfacer a ERC, clave de la legislatura
El pacto de investidura logrado con los republicanos es el elemento clave de la legislatura. En este se incluyen cuatro puntos principales en los que los socialistas tienen que avanzar para asegurarse su apoyo. El traspaso de Rodalies a la Generalitat, la financiación singular, la defensa y promoción del catalán y la resolución del conflicto político con el Estado. Con pasos adelante en la promoción de la lengua y con el conflicto político en stand by y sin movilización importante en la calle, Rodalies y financiación se han convertido en las carpetas clave del mandato.
El traspaso de Rodalies es el punto más avanzado. Ya se ha anunciado la creación de la empresa Rodalies de Catalunya, que se encargará de gestionar el servicio ferroviario en principio a partir del año próximo y en la que participan tanto la Generalitat como el Estado, en este caso a través de Renfe. Aun así, el acuerdo no ha estado exento de polémicas, puesto que si bien será la Generalitat quien tendrá mayoría de miembros al consejo de administración de la nueva empresa y quien se encargará de presidirla, Renfe ostentará la mayoría del capital social (50,1%), cosa que en la práctica la convertirá al menos inicialmente en una sociedad del grupo Renfe, algo que los republicanos intentaron evitar. De hecho, ni siquiera se ha podido acotar temporalmente esta situación, con la voluntad de modificar este porcentaje en un futuro. Aun así, ERC cree que en este ámbito el balance de la ejecución del pacto es positivo.
La financiación singular, la piedra en el zapato
La configuración de un nuevo modelo de financiación para Catalunya es el punto donde el Govern tiene más trabajo. Después de la comisión bilateral entre los gobiernos español y catalán de hace unas semanas, quedó patente que todavía hay grandes diferencias no solo entre los dos ejecutivos, sino también con lo pactado con el partido de Oriol Junqueras.
El Gobierno quiere extender la singularidad al conjunto de autonomías y resta por ver si se garantiza el principio de ordinalidad, es decir, si Catalunya no retrocede posiciones en el reparto final de recursos con relación a su aportación a la caja común. Illa ha hecho suya la bandera de la ordinalidad, pero habrá que ver si, llegado el momento, es capaz de plantarse ante la Moncloa. En este sentido, para Paneque la financiación para los socialistas "es una herramienta para mantener posición, que utilizarán cuando los partidos independentistas presionen". Aspectos como la cuota a pagar por la Generalitat por los servicios que presta el Estado en Catalunya o de cuánto será su aportación a la solidaridad interterritorial todavía se tienen que negociar y en principio se abordarán en la próxima comisión bilateral, prevista para final de año.
Recientemente, el ejecutivo autonómico ya ha asumido que la gestión del IRPF no llegará hasta 2028, dos años más tarde de lo previsto en el acuerdo de investidura firmado con ERC. En todo caso, para que la nueva financiación sea una realidad hará falta la aprobación de varios cambios legislativos en el Congreso, como por ejemplo la modificación de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (Lofca), un aspecto que ni mucho menos está garantizado por las reticencias de parte de las formaciones que votaron "sí" a la investidura de Pedro Sánchez, empezando por Junts.
Alianzas estables pero sin grandes euforias
Aun así, Salvador Illa ha sido capaz de tejer alianzas importantes. Destaca la cuestión de la vivienda, donde ha encontrado un frente amplio ─con ERC, Comuns e, incluso, la CUP─ para regular el alquiler de temporada y de habitaciones. Y, paralelamente, ha anunciado la construcción de 50.000 pisos públicos hasta 2030. También se ha avanzado en la reforma de la administración, con el objetivo de aligerar los trámites burocráticos de la ciudadanía y modernizar las infraestructuras públicas de gobierno.
Paralelamente, Illa ha puesto el foco en la agenda exterior, sobre todo con el objetivo de fortalecer los vínculos económicos de Catalunya a nivel internacional, tanto con los países de la UE como con las principales economías asiáticas, puesto que ha hecho viajes a Japón, Corea del Sur y, muy recientemente, a China.
La estabilidad con relación a estas alianzas no está en entredicho, a pesar de que el proyecto de ampliación del aeropuerto del Prat puede complicar la vida de los socialistas, puesto que cuenta con la oposición por cuestiones ambientales y climáticas tanto de ERC como de los Comuns. Paneque relaciona esto con la estrategia centrista del PSC: "Al ser un partido mainstream tiene que intentar contentar al votante medio. Por eso puede querer ampliar el aeropuerto y a la vez regular la cuestión de la vivienda, para acercarse a los varios estamentos de votantes." Esto liga a la perfección con el lema del ejecutivo de Illa: "El Govern de todos".
Presupuestos a partir de septiembre
Con la apertura del curso político, el presidente se enfrentará a un reto importante: aprobar los presupuestos. En su viaje a la China de la semana pasada el también líder del PSC afirmó que las negociaciones con los grupos ya han empezado, a pesar de que estos no lo han confirmado. Será importante que Illa pueda plasmar esta estabilidad en unas cuentas, puesto que en su primer año de legislatura no lo ha podido hacer, a pesar de que Paneque no lo ve esencial: "Creo que puede haber tranquilamente legislatura sin ellos, con sus consecuencias, está claro".
Hoy por hoy, las cuentas no tendrían el apoyo de ERC, porque no se ha logrado la financiación singular, y tampoco de los Comuns, por el rechazo a la ampliación del aeropuerto. Illa afronta, pues, un principio de curso clave, siempre pendiente de lo que puede pasar en el resto del Estado español, donde el PSOE pasa por horas bajas a raíz del caso Cerdán. En definitiva, el primer año de gobierno post-procés ha avanzado de la mano de la herencia del anterior ejecutivo, pero con una situación de cierto bloqueo que, con las miradas pendientes de Madrid, puede complicar la vida del PSC, sobre todo en materia de cumplimiento de pactos con sus socios de investidura. Aun así, las encuestas no detectan, al menos de momento, desgaste ni en la figura moderada de Illa, ni en su partido, que volvería a ganar las elecciones al Parlament.

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