Lecciones de Castilla y León: las derechas se instalan por encima del 55%, el bipartidismo se recupera y la izquierda alternativa toca fondo
Las elecciones en Extremadura, Aragón y Castilla y León muestran una tendencia clara en el reparto de voto dentro del bloque de la derecha: Vox se queda con entre el 28 y el 33% de las papeletas.
En Castilla y León se ha producido un reagrupamiento de los electores de izquierdas en torno a la candidatura del PSOE, que cosechó el 91% del voto progresista.

Madrid-
El corrimiento a la derecha del electorado español ha vuelto a constatarse en las elecciones de Castilla y León celebradas este domingo. Se trata de una autonomía en la que el tablero político ya estaba ostensiblemente inclinado hacia la derecha —tras los comicios de 2022 ya acaparaba el 54,71% de voto— y, aun así, este 15 de marzo les ha servido para ampliar el margen escalando hasta el 57,04%. Son 2,33 puntos más y una ventaja sobre el bloque izquierdo de 23,33 puntos, mientras que hace cuatro años esa diferencia se quedaba en los 19,58.
Es una dinámica propia del actual ciclo electoral. También en las elecciones de Extremadura y en las de Aragón se dio una tendencia parecida. En las primeras, los dos bloques partían casi de un empate técnico: 47,84 para las derechas (PP, Vox y Ciudadanos) y 45,88 para las izquierdas (PSOE y la coalición Podemos, IU y Alianza Verde). Cuando llegaron las elecciones del 21 de diciembre de 2025, el empate se deshizo. El bloque de las derechas escaló hasta el 60,33%, mientras que el de las izquierdas cayó al 35,97%, pese al buen hacer de la candidatura de Irene de Miguel. Fue el PSOE el que tuvo la culpa de la debacle con la pérdida de casi 15 puntos porcentuales.
En Aragón, el escenario fue algo distinto por la presencia de actores propios de la arena aragonesa, pero el desempeño de las distintas fuerzas antes mencionadas fue parecido. También creció en la comunidad que gobierna Jorge Azcón el bloque de las derechas. Pasó del 50,10% del voto (2023) al 56,12% (2026). Las izquierdas cayeron del 41,78% al 37,90%. Solo Jorge Pueyo salvó los muebles y, con un crecimiento de casi cinco puntos, colocó a Chunta Aragonesista (CHA) en el 9,73% del voto.
De nada sirvió. El PP ganó y, como en Extremadura y Castilla y León, solo podrá gobernar con el permiso de Vox, que se cargó, además, de argumentos al pasar de un 11,24% del apoyo ciudadano al 17,88%. En Castilla y León, los cambios son algo menos profundos. No hay un nuevo salto de Vox ni del bloque en su conjunto, pero los resultados sí permiten a las derechas apuntalar su tendencia al alza e instalarse por encima del 55% en todas las elecciones de la actual etapa política.
Vox come terreno a un PP que capea el temporal
Pero más allá de la fluctuación de los bloques, dentro del propio espectro derecho e izquierdo también hay competiciones particulares. Seguramente, la que tiene más implicaciones es la que compete a PP y Vox. Tanto en las elecciones aragonesas como en las extremeñas, el crecimiento del bloque se debió a la buena actuación de los de Santiago Abascal. En ambos territorios Vox ganó terreno al PP.
En Extremadura, del total del voto conservador (PP, Vox y Ciudadanos), la extrema derecha se ha hecho ahora con el 28,01%, mientras que un 71,57% de ese voto a las derechas fue para PP. Vox, por lo tanto, ha recortado distancias con respecto a 2022, cuando se quedó en el 16,97% con un PP que superaba el 80%. Los porcentajes son parecidos a los de Aragón, donde los de Abascal pasaron del 22,44% en 2023 al 31,86% en 2026 del total del voto conservador. El PP se quedó en las elecciones celebradas el pasado febrero en el 61% de las papeletas.
En Castilla y León se da una tesitura algo distinta. Vox solo ha pasado del 32,62% al 33,16% —si bien es cierto que no se da el salto de los otros comicios, también lo es que la extrema derecha se situaba ya por encima del 30%—, pero el PP, en lugar de ver rebajado su porcentaje de apoyo dentro del bloque de las derechas, ha experimentado, en este caso, un crecimiento provocado en buena medida por el descalabro final de Ciudadanos, que ha perdido casi ocho puntos. Por lo tanto, en tierras castellanas y leonesas, a diferencia de lo ocurrido en Aragón y Extremadura, los populares han contenido a Vox.
La peor actuación de las izquierdas
En Aragón y Extremadura, la izquierda a la izquierda del PSOE no optó ni por asomo a competir las elecciones. Sin embargo, en ambas citas hubo alguna nota para el optimismo. Unidas por Extremadura pasó de tres a siete escaños y del 5,98% del voto al 10,25% constituyendo una especie de piedra de toque que demuestra que un entendimiento —y con buenos resultados— es posible. En Aragón, quien dio un golpe sobre la mesa fue Pueyo. Podemos se desplomó y la coalición IU-Sumar solo logró un escaño. CHA, en cambio, alcanzó los seis y casi un 10% del voto. El bloque de las izquierdas retrocedió, pero fue en buena medida por los malos resultados del PSOE. Quedó reducido a poco más del 35%.
Pero lo de Castilla y León ha sido una derrota sin paliativos. Las izquierdas (PSOE, la coalición En Común y Podemos) han obtenido un 33,71% del voto, mientras que en los anteriores comicios se situaron en el 35,13%. Sin embargo, en este caso el bajón no ha sido culpa de los socialistas, que se han mantenido en torno al 30% del voto, sino de las izquierdas, que han bajado incluso del 5% que cosecharon en 2022. La coalición en la que han concurrido IU y Sumar se ha quedado en el 2,23% y Podemos, en el 0,70%. Ninguna de las dos candidaturas ha obtenido representación. La izquierda alternativa ha tocado fondo.
Reagrupamiento en el bipartidismo
Lo que también se advierte en el análisis de los resultados en Castilla y León es una reseñable recolocación tras los dos grandes partidos, algo que no había ocurrido en los comicios extremeños ni en los aragoneses. El electorado progresista ha votado en masa a la candidatura de Carlos Martínez. Hasta un 91,15% de los votantes que se han decidido por una opción de la parte izquierda del tablero se ha decantado por el PSOE. Un 6,62% lo ha hecho por En Común y un 2,21%, por Podemos.
En lo referente a las derechas, el esquema no es exactamente ese, pero comparte un rasgo fundamental. El PP gana porcentaje de voto tanto en general —pasa del 31,4% al 35,4%— como dentro del propio bloque, en el que pasa del 57,43% al 62,15%. No obstante, también Vox gana porcentaje e incluso un nuevo actor, Se Acabó la Fiesta (SALF), el partido de Alvise Pérez, que no concurrió a las pasadas elecciones, se ha hecho con un 2,46%, aunque no ha sido suficiente para que lograra representación parlamentaria.

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