Zamora, la ciudad del románico que desafía al capitalismo y cura el estrés urbanita
En este municipio gobierna Francisco Guarido, de Izquierda Unida, desde 2015. De las decenas de atributos de la ciudad, el alcalde destaca que "es tranquila, agradable y se tarda poco a cualquier sitio".

Madrid--Actualizado a
De doña Urraca a Viriato, Zamora es una ciudad de historia, cultura y monumentos. Su austera Semana Santa es considerada Bien de Interés Cultural (un paso previo para una posible declaración como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco), y en una corta caminata por el centro del municipio es posible ver más arquitectura románica que la que pueden tener otras 100 ciudades en su conjunto (se considera que es el municipio con más iglesias románicas del mundo).
En el centro de la urbe, en pleno casco histórico, si se busca con ahínco y ganas, entre iglesia e iglesia hay un ayuntamiento gobernado por Izquierda Unida. Francisco Guarido es el primer edil de Zamora desde el año 2015, por lo que lleva una década en posesión del bastón de mando de la ciudad.
De las decenas de atributos que el alcalde enumera sobre su municipio hay uno en el que, se nota, pone el énfasis y destaca sobre el resto. Si "Zamora no se ganó en una hora", recorrer la distancia entre los puntos de la ciudad más alejados entre sí no debería llevar mucho más tiempo: "Zamora es una ciudad tranquila, agradable, donde se tarda poco a todos los sitios", destaca el edil de Izquierda Unida en conversación con Público.
En la Calle de Santa Clara (la más concurrida y popular del municipio) el madrileño y su reprís urbanita rebosante de tareas desentonan con el agradable oficio de pasear por pasear, en una clara disonancia entre el vehículo acostumbrado a rodar a gran velocidad en asfalto, y la mansa barca de recreo diseñada para gozar de las vistas en un río empedrado que refleja el románico de sus riberas.
Respecto a la gestión de su alcalde, el alcalde de IU en la ciudad de las iglesias románicas y la Semana Santa, la de doña Urraca y las leyendas de la "reconquista", se puede tildar como una lucha costumbrista contra el capitalismo. El modo de vida capitalista, antes que gran arquitectura social, es lluvia fina que moja todos y cada uno de los rincones, pequeños actos que nutren y sostienen el gran sistema que rige buena parte del planeta. Por eso, Guarido aspira a rebelarse contra el modelo imperante desde el municipalismo.
"Desde 2015 hemos entablado una serie de expropiaciones, programadas desde hace 40 años pero que nunca se hicieron, para descubrir parte de la muralla medieval que estaba cubierta. Tenemos 250 metros de muralla que antes estaba tapada por las casas. Siempre han sido expropiaciones pacíficas, de mutuo acuerdo", explica el primer edil sobre uno de sus proyectos.
Recientemente, en 2024 el Ayuntamiento y el Obispado de Zamora llegaron a un acuerdo para abrir una nueva calle en la trasera de la catedral del municipio, con el objetivo de conectar este monumento con los jardines del castillo (otra zona muy popular y destacada de la ciudad), lo que hace posible que los ciudadanos puedan rodear el templo y contemplar su fachada sur.
En su gestión también tiene un lugar destacado la lucha contra la corrupción. Denunció desde la oposición y destapó como alcalde una corruptela en el servicio municipal de Parques y Jardines (integrado en la Concejalía de Medio Ambiente) que involucraba al jefe del área y a la empresa concesionaria (Raga), y sobre el que ya hay una sentencia condenatoria de la Audiencia Provincial de Zamora.
"Las concesionarias, si no se vigilan, lo que hacen es trabajar menos y cobrar más, lo que es el modo natural del capitalismo, por lo que tienes que tener buenos funcionarios que vigilen", explica Guarido. Cuando la Policía intervino el ordenador del ex responsable de Parques y Jardines, se encontró con una carpeta llamada "Fechorías", en las que se guardaba un link con parte de las denuncias que IU Zamora había hecho sobre este caso cuando Guarido estaba en la oposición.
También destaca el alcalde su gestión económica: "En 2015 había una situación endiablada en muchos ayuntamientos, se acababa de salir de una crisis económica muy profunda, no se pagaba a los proveedores, estaba la ley Montoro… Cuando llegamos aquí teníamos 15 millones de deuda y una situación económica bastante precaria. En cuatro años eliminamos toda la deuda, y lo que nos ahorrábamos en intereses lo íbamos trasladando a la ayuda en domicilio; cuando llegamos teníamos unos 250 usuarios de ayuda a domicilio y ahora sobrepasamos los mil siendo la población incluso un poco inferior a la de ese año", asegura.
Zamora es más que su Semana Santa, pero no se entendería sin ella. Guarido no sale en las procesiones como había sido costumbre en los anteriores alcaldes y dirigentes políticos de la ciudad: detrás de las imágenes religiosas, con el bastón de mando, en traje y corbata. El alcalde aspira a representar a esa ciudadanía zamorana laica que entiende la pasión de Semana Santa desde un arraigo cultural que nada tiene que ver con la fe, sino con el sentimiento de pertenencia, la identidad y la familia.
"La gente del PSOE con la que gobernamos en el primer mandato sí que salía; ahora cogobernamos también con el PSOE y esa gente ya no sale tampoco. Vamos contagiando con lluvia fina estas cosas y creo que la gente se lo toma bien", afirma el dirigente de IU.
Zamora cura el estrés urbanita con las vistas a un ancho Duero coronado por dos puentes, de piedra y de hierro; con unas tapas que levantan pasiones gastronómicas desde el chorizo a la lumbre más tradicional al plato elaborado y distinto que casa con la modernidad; con la amabilidad de sus gentes, malditas desde nacimiento por el cliché de la tosquedad castellano y leonesa; y, ahora, también con un municipalismo alternativo que batalla contra el capital desde la gestión más cercana.
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