PP y Vox, el altavoz político de los intereses de las energéticas con las nucleares
El calendario de cierre de las nucleares, pactado en 2019, ya no cuenta con el consenso de las empresas con centrales nucleares.
Hay una ofensiva pronuclear en EEUU y Francia que llega hasta España.

Madrid--Actualizado a
En 2021, la compañía eléctrica finlandesa TVO inauguró finalmente su quinta central nuclear, que se estrenó con 13 años de retrasos y sobrecostes estimados en 11.000 millones de euros. En una campaña similar anda ahora inmersa Inglaterra, que pretende levantar Hinkley Point C, una central que estaba fechada para 2027 y que ahora podría retrasarse hasta 2030. Pese a los sobrecostes, gastos, residuos y peligros de un sector energético cada vez menos competitivo, la derecha española se ha sumado en los últimos tiempos a la defensa a ultranza de este negocio, que atraviesa los intereses económicos de las principales empresas energéticas de España.
Con el apagón del pasado 28 de abril como punto de partida, la energía nuclear ha vuelto al centro del debate político y ha encontrado en Partido Popular y Vox a sus dos grandes baluartes en el Congreso de los Diputados. Las derechas insisten en evitar el cierre de las centrales nucleares organizado por el Gobierno (y pactado en el pasado con las empresas propietarias) e incluso introdujeron "enmiendas intrusas" en la Ley de Movilidad Sostenible para aplazar el calendario de cierre de las centrales, aunque esa estrategia acabó frustrada tras perder la votación. A su vez, las empresas presionan para obtener mejores condiciones fiscales en su gestión de las centrales y varias potencias occidentales intentan aupar de nuevo esta energía. Todo esto configura una tormenta perfecta que entremezcla desinformación, economía, energía, fiscalidad y oposición al Gobierno.
Actualmente, la energía nuclear aporta alrededor del 20% del total de la producción energética en España, una cifra que poco a poco se reduce gracias a la introducción de las energías renovables, mucho más baratas y fáciles de funcionar. Iberdrola, Endesa y Naturgy han pedido ampliar la vida de la central de Almaraz, con cierre programado para 2027. Una solicitud que coincide con varias negociaciones y tensiones entre el Ejecutivo de Sánchez y las multinacionales.
PP y Vox, a favor de las nucleares
En este contexto, el PP defiende la existencia de las centrales nucleares en España (actualmente hay cinco en funcionamiento) porque sirven para "garantizar la seguridad de suministro y la estabilidad del sistema eléctrico durante la transición energética", tal y como apunta el diputado popular Guillermo Mariscal, vocal de la Comisión de Industria. "Las centrales nucleares aportan una generación constante, no dependiente de las condiciones meteorológicas, que contribuye a equilibrar la red y mantener precios estables. Además, al no emitir CO₂, su continuidad ayuda a cumplir los compromisos de descarbonización", sostiene a Público. Mariscal defiende que las nucleares también "generan empleo directo e indirecto" y apunta que "en todo el mundo la energía nuclear vive hoy un auge como no se veía en décadas". El diputado cree que, para evitar otro apagón, "no se pueden cerrar las centrales nucleares". Vox no ha querido participar en este reportaje, pero en su programa electoral pide, no solo evitar los cierres, sino aumentar el programa nuclear español.
La postura actual del PP choca con la de los últimos gobiernos conservadores. La última central nuclear cerrada en España fue con el Ejecutivo de Mariano Rajoy y fue Alberto Nadal, entonces ministro de Energía, el que frenó los intentos de las empresas energéticas para reabrir Garoña, clausurada en 2013. Y los actuales argumentos esgrimidos por el PP no calan entre las organizaciones expertas y medioambientales.
Desmontando los argumentos de la derecha

"Hay una querencia de la derecha por lo nuclear", analiza Cristina Rois, portavoz del Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA). Uno de los argumentos habituales de PP y Vox es que la nuclear no depende de las condiciones meteorológicas, pero eso no va ligado con tener autonomía energética: "El uranio enriquecido está en Rusia y la minería, en Kazajistán, que sigue la política de Putin. Es una dependencia de la que no se habla, pero es como la del gas natural, aunque con menos alternativas porque hay pocas empresas que dominan el mercado", sostiene a este periódico. Además, España no tiene capacidad ni permisos para enriquecer ni extraer uranio, elemento fundamental para la energía nuclear.
Otro de los argumentos que la derecha comenzó a explotar tras el apagón es que la energía nuclear habría evitado el cero energético, pero la evidencia científica ha tirado por tierra las tesis de PP y Vox: "La potencia nuclear tardó mucho en recuperarse y las centrales nucleares se desconectaron durante el apagón, que es lo que tenían que hacer. Que hubieran evitado el apagón es mentira", apunta Rois.
Presión internacional a favor de las nucleares
Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, se ha sumado al apoyo a la energía nuclear y ahí no pone ningún pero a la nacionalización de empresas. El presidente estadounidense ha tanteado la posibilidad de que el Estado se convierta en accionista mayoritario de Westinghouse. Aunque ideológicamente puedan trasladar su mensaje, los expertos descartan poder equiparar la situación. "La influencia de EEUU es grande, pero España tiene una situación muy diferente. Ellos apuestan por las nucleares porque encaja bien con los combustibles fósiles y ellos quieren mantener su poder geopolítico ligado a estos intereses. Pero España tiene sol y viento, no hay gas ni petróleo. Son realidades distintas y no tiene sentido", analiza Sara Pizzinato, responsable de Energías Renovables en Greenpeace España.
Por su parte, Francia ejerce como principal nación lobbista en Europa a favor de este sector. "Hay una narrativa creciente acerca de lo importante que debería ser volver a la energía nuclear. Es una evidencia y para Francia es su apuesta de Estado, así que presiona en todas las normativas europeas para que la energía nuclear sea reconocida a la par que las renovables, aunque aporten otras cosas y tengan riesgos muy diferentes. Han vuelto a nacionalizar la empresa que controla el parque nuclear y esta es su apuesta", explica Pizzinato sobre el caso francés.
Desde el Ministerio de Medioambiente y Transición Energética (MITECO) resumen a Público el proyecto de país que tiene España y la realidad en torno a la energía nuclear: "La apuesta de España son las energías renovables. Con relación a la energía nuclear, el Gobierno no tienen una posición dogmática, sino pragmática; se dijo que dependía de las empresas y que se estudiarían sus peticiones siempre que garanticen la seguridad radiológica, sean convenientes para la seguridad de suministro y no supongan mayor coste para los ciudadanos. Y así ha sido".
"En España la generación de electricidad está liberalizada y son las empresas las que deciden si abren o cierran las centrales, no el Gobierno. En los últimos años, ninguna empresa ha solicitado abrir nuevas centrales nucleares en España, porque está asumido que el futuro del país pasa por las renovables", agregan.
¿De dónde viene el repentino apoyo del PP a las nucleares?
En 2019, las grandes empresas responsables del mercado nuclear, Iberdrola, Endesa y Naturgy, pactaron con el MITECO de Teresa Ribera el cierre programado de las centrales nucleares en España. Cada central se cierra con una orden ministerial propia y siempre con el consenso de las empresas, que entonces se sumaron a esta medida. Sin embargo, hace una semana anunciaron peticiones de prórrogas para la central nuclear de Almaraz, en Cáceres. El anuncio coincidía con la convocatoria de elecciones en Extremadura y con negociaciones paralelas que la industria energética mantiene con el Gobierno de España por la tasa Enresa, una aportación económica que las centrales nucleares pagan a la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa). En julio, Endesa pidió que el Estado le devolviese 454 millones de euros tras la subida de tasas. Y hace dos semanas, Endesa e Iberdrola reclamaron a Hacienda la devolución de 143 millones de euros por impuestos a sus centrales nucleares en Vandellós y Ascó, en Catalunya.
En 2024, el Gobierno subió un 30% la tasa Enresa y la reacción de las empresas no tardó en destaparse. Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables, así lo recuerda: "La primera propuesta de prórroga de Almaraz estaba ligada a una bajada de la tasa Enresa. Es la gran mentira del proceso nuclear, para producir se gasta mucho. Actualmente, la tasa está en 10.36 euros/megavatio/hora y aun así piden bajarla, cuando hay cálculos que consideran que debería ser tres o cuatro veces más alta", relata.
Las voces consultadas entienden que el PP traslada al Congreso de los Diputados y a la política nacional una postura a favor de las grandes empresas, que actualmente negocian con el Gobierno rebajas de impuestos. Y la derecha se nutre de ese conflicto para enfrentarse a Pedro Sánchez: "El mantenimiento de las centrales está abonado ideológicamente por Vox y PP. La bronca permanente en la que vivimos es un banderín de enganche del PP frente a la política energética del Gobierno. Crean problemas y siguen apostando por ella, ideológicamente tienes un objetivo: la oposición al Gobierno", concluye Ferrando.
Las nucleares, un negocio jugoso que defender
Eloi Badia, diputado por Sumar en el Congreso y portavoz en la Comisión de Transición Ecológica y Reto Demográfico, dibuja un escenario muy favorable para las empresas: "Las nucleares representan el 6% de la potencia instalada, pero secuestran el mercado cuando suponen el 20% del consumo. Son márgenes de beneficio muy golosos para tres empresas: Endesa, Iberdrola y Naturgy. Con solo cinco centrales controlan el 20% del consumo del Estado, hay pocos incentivos para perder esa posición de dominio. Hay un cortijo de tres empresas que con cinco centrales tienen la sartén por el mango", denuncia, y recuerda que en el mercado ya no son competitivos: "El precio de la nuclear se ha desplomado un 36%. Si compiten es porque están intervenidas por el Estado. Hay meses que cierran porque el megavatio está a un precio tan bajo que no les sale rentable producir. Aprovechan la semana de mantenimiento y alargan si va a haber mucha energía renovable porque ya están en márgenes donde a veces no les sale rentable".



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