La progresiva rehabilitación política en Catalunya de Jordi Pujol
Tras el ostracismo en el que cayó a raíz de la confesión de 2014 sobre la fortuna oculta de su familia, el expresident del Govern ha recuperado en los últimos años el reconocimiento social y político de ciertos sectores e, incluso, ha sido invitado a la Generalitat por Pere Aragonès y Salvador Illa.

Barcelona--Actualizado a
El inicio del juicio contra la familia Pujol ha puesto punto final a una larguísima instrucción de más de una década. De momento, la Audiencia Nacional ha decidido que el expresident del Govern deberá afrontar el juicio, a la espera de decidir si finalmente lo exonera cuando le toque declarar, a causa de su estado de salud. La causa ha llegado a los tribunales cuando determinados sectores políticos y sociales catalanes ya habían rehabilitado a Jordi Pujol, después de que la confesión de julio del 2014 —cuando admitió que su familia tenía una fortuna oculta, desde hacía décadas, en Andorra— lo abocara a un ostracismo desconocido para quien presidió durante 23 años, entre 1980 y 2003, la Generalitat.
La confesión de la supuesta deixa —herencia— de su padre, Florenci, dejó muy tocado a nivel de imagen al principal exponente del catalanismo político conservador de la segunda mitad del siglo XX. Meses después, Pujol y su familia —su mujer, Marta Ferrusola, fallecida el año pasado, y sus siete hijos— comparecieron en la comisión de investigación del Parlament sobre el fraude y la evasión fiscales y también tuvo que personarse ante la Audiencia Nacional, en Madrid. Además, renunció a todos los cargos honoríficos, a la oficina de expresident y a los cargos —ya honoríficos— que conservaba en las antiguas Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y CiU, y fue reprobado por el Parlament. Desapareció de la vida política, social, cultural e institucional. Nadie quería verse relacionado con él. Ni la propia Convergència, que cambió de marca para huir de la sombra de la corrupción, afectada de lleno por el caso Palau o 3%.
El procés acabó de colaborar en el olvido de su figura política y durante años casi ni se le mencionaba. Ahora bien, en los últimos tiempos, una vez se ha ido digiriendo lo que pasó y la efervescencia del procés se ha desvanecido, el expresident ha vuelto gradualmente a la vida pública catalana hasta el punto de ser rehabilitado política y socialmente, si bien no por todo el mundo, sí por amplios sectores.
Los inicios del regreso
La primera reaparición mediática de Jordi Pujol data de enero de 2020, en la emisión de un 30 minuts de TV3 en el que se hablaba sobre cooperación al desarrollo. Era la primera vez que se contaba con el expresident como testigo directo desde su silencio en 2016. A partir de este momento, su actividad institucional aumentó progresivamente. Esto mismo fue seguido, un año después, por la publicación del libro Entre el dolor i l'esperança , basado en una conversación con el escritor, exdiputado de CiU en el Parlament y exdirector de la CCMA, Vicenç Villatoro. En la obra, Pujol admitía de manera abierta "arrepentimiento" por los actos que hundieron su legado político. Al mismo tiempo, sin embargo, dejaba frases como "no soy un corrupto". En la rueda de prensa de presentación de la obra, aparecía a través de un vídeo grabado.
Desde ese momento su presencia comienza a normalizarse. El 10 de noviembre del 2021, en un acto sobre financiación con cuatro consellers de Economía de la Generalitat organizado por el diario Ara, interviene desde el público. Once días después, aparece en el palco del Camp Nou en el derbi catalán de fútbol, invitado por el presidente del Barça, Joan Laporta, que defiende su figura. Se vuelve a dejar ver y empiezan a reabrírsele puertas.
El ictus del 2022 intensifica su voluntad de proteger su legado
En septiembre del año 2022 sufre un ictus que lo obliga a someterse a una intervención, pero se recupera de manera rápida. Tras este hecho se intensifica su voluntad de proteger su legado, volviendo a escena. En diciembre del 2022, retorna al Parlament de Catalunya en el acto de conmemoración de los 90 años de la cámara y pocos meses después el entonces president del Govern, Pere Aragonès, lo invita a comer en la Casa de les Canonges -la residencia oficial del jefe del ejecutivo catalán-, lugar al que no había vuelto desde que dejó la presidencia.
Previamente, ya se le había visto en alguna fotografía de expresidents, como cuando el Departament d'Acció Exterior lo invitó como conferenciante en una charla con Montilla, Mas, Torra y Puigdemont (vía telemática). Era la primera vez que se le invitaba a un acto oficial y fue Victòria Alsina, la consellera en aquel momento, quien lo consiguió.
Cuando ya se asentó la percepción de que Pujol volvía a estar incluido en el mundo institucional de los que fueron presidents de la Generalitat fue en Prada de Conflent, en la Catalunya Nord (Francia), en el 50º aniversario de la muerte del músico Pau Casals. En el monasterio de Sant Miquel de Cuixà se encontraron todos los expresidents vivos excepto Artur Mas, que tenía compromisos familiares, y Pasqual Maragall, ya sin actividad social por su estado de salud. Sí que estuvo Carles Puigdemont.
El punto y aparte de la reunión con Illa
Pero el momento de máxima normalización institucional de su figura llegó hace menos, cuando Salvador Illa decidió reunirse con él en el marco de la ronda de encuentros con expresidents, recién aterrizado en Palau, el 17 de septiembre del año pasado. Illa fue muy claro en aquel encuentro: "El expresident Jordi Pujol es una de las figuras más relevantes de la historia política de Catalunya. Ha sido un placer recibirlo hoy en el Palau de la Generalitat", explicaba en X.
Desde ese momento se le ha seguido viendo en actos oficiales, como la firma el pasado mayo del Pacte Nacional per la Llengua. Los pasos dados para su restitución han normalizado su presencia e, incluso, y cada vez más, la reivindicación de su figura por parte de ciertos sectores en un momento en que el catalanismo político se encuentra en crisis. El doctor en Comunicación Política Toni Aira expone que el paso del tiempo ha ayudado: "Ya se ha pasado el duelo, con la perspectiva de estos diez años ha habido tiempo de sobra para que su espacio político valore todo su capital".
Aunque todavía no ha sido juzgado a nivel penal, en el ecosistema político catalán existe un consenso bastante amplio: es un protagonista principal de parte de la historia posfranquista de la región. Además, diversas voces consideran que ya ha pasado su penitencia. Y se le añade el hecho de que quede cada vez más claro el papel del Estado español en el intento de destrozar su figura, básicamente a través de la llamada policía patriótica: "Esto ha ayudado a su rehabilitación", explica Aira, sin desatender, evidentemente, la realidad de sus irregularidades con la supuesta donación de su padre, Florenci.

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