Rafael Méndez: "Los abogados del Estado acumulan poder e influencia, mandan mucho"
El periodista publica 'Los dueños del Estado' (Editorial Península), un libro en el que retrata a los altos funcionarios que mueven los hilos del poder en España. Conocidos en los despachos donde se toman las grandes decisiones, son grandes desconocidos para la ciudadanía.

Madrid-
Son el poder en la sombra. Un poder oculto. Casi un Estado dentro del Estado. Altos funcionarios que siempre están detrás de las grandes decisiones del país: Son, sobre todo, los abogados del Estado, pero también los letrados de las Cortes y del Consejo de Estado. Como explica el periodista Rafael Méndez, autor de Los dueños del Estado (Editorial Península), un libro en el que retrata a este selecto grupo de funcionarios, "los abogados del Estado no dictan las normas, pero prácticamente se las dictan a los políticos".
Grandes desconocidos para la opinión pública, Méndez se propone arrojar algo de luz a la ciudadanía sobre las actividades de estos altos funcionarios públicos que en ocasiones no lo son tanto. Beneficiados por generosas excedencias y cómodas compatibilidades, muchos de ellos acaban en el sector privado, muchas veces pleiteando contra el Estado que los amamantó. Suele ser un viaje de ida y vuelta. Otros compaginan al mismo tiempo su actividad privada y pública, ganando dinero por las dos vías. Méndez, que lleva más de una década escribiendo sobre los abogados del Estado, los retrata para lo bueno y para lo malo con precisión de cirujano y con un estilo sencillo y directo.
Al hablar de los poderosos en España, la gente suele pensar en políticos o grandes empresarios. Usted es más quirúrgico y se fija en los altos funcionarios, sobre todo en los abogados del Estado. ¿Por qué pone la mirada ahí?
Me fijo en ellos casi por casualidad. Hace diez años, había muchos abogados del Estado en el Gobierno de Mariano Rajoy: ahí estaban Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal, Miguel Arias Cañete... Los abogados del Estado siempre han tenido ese aura de que tienen mucho poder, pero al mismo tiempo muchos piden la excedencia o la compatibilidad para pasarse al sector privado. Yo entonces trabaja el diario El País y alguien me contó que había casos de abogados del Estado que estaban pleiteando en su mismo sector o especialidad contra la Administración pública a la que pertenecían. Es la típica cosa que uno dice: 'Bueno, todo el mundo lo sabe, ¿pero dónde está publicado?'. Empecé a escribir y fui descubriendo que estos altos funcionarios acumulan muchísimo poder y muchísima influencia. Mandan mucho, aunque sean casi un ente desconocido para la mayor parte de la ciudadanía.
Usted dice en el libro que aprobar una oposición a abogado del Estado es como sacarse el "carnet de listo".
Eso me lo dijo un letrado de las Cortes. Creo que es un ejemplo muy gráfico. Las oposiciones son muy duras y tienes que tener mucha cabeza. Hay que tener mucha capacidad de trabajo para encerrarse y sacarlas adelante. Y tienen mucho prestigio, además.
Florentino Pérez suele acompañarse casi siempre de un abogado del Estado, José Luis del Valle, Chitín para sus amigos, consejero y su mano derecha en ACS
¿Manda más un abogado del Estado que Florentino Pérez, por ejemplo?
Eso sería mucho decir, aunque Florentino Pérez suele acompañarse casi siempre de un abogado del Estado, José Luis del Valle, Chitín para sus amigos, consejero y su mano derecha en ACS. Arranco el libro contando que cuando Cristiano Ronaldo declaró como investigado por delito fiscal en un juzgado de Pozuelo, en una declaración cerrada al público, José Luis del Valle consiguió entrar ahí por su condición de abogado del Estado, aunque lleve muchos años en excedencia. Quería controlar los que decía Cristiano Ronaldo para luego contárselo a Florentino Pérez. ¿Eso es poder, es influencia, es capacidad de mover los engranajes, es ser el relojero del poder? No lo sé, pero lo cierto es que una persona que no fuera abogado del Estado no habría podido entrar a escuchar la declaración de Cristiano Ronaldo.
Las puertas giratorias entre estos altos funcionarios del Estado están a la orden del día. Pasan del sector público al privado y viceversa con una facilidad pasmosa.
Los abogados del Estado, los letrados del Consejo de Estado y de las Cortes están muy demandados por las empresas privadas. Primero porque así se garantizan contratar a alguien con buena cabeza y, segundo, porque estos altos funcionarios tienen un gran conocimiento de las tripas de la Administración. Al cabo de pocos años de sacarse la plaza, muchos abogado del Estado, no todos, pasan al sector privado a ganar dinero. Luego, en los últimos años de su carrera, o si les va mal, suelen volver a la Administración Pública hasta que se jubilan. Es una red de seguridad fantástica.
Por ejemplo, abogados del Estado asignados a la Secretaría de Estado de Energía, que es un sector que mueve miles de millones con una regulación muy compleja, a menudo acaban en el sector privado, en consultoras que trabajan para las eléctricas. Pueden pasarse casi de un día para otro, porque la plaza es suya y nada se lo impide.
Incluso hay abogados del Estado que no es que pidan una excedencia, sino que pueden compatibilizar su trabajo en la Administración con otro en el sector privado.
Están los que se van y vuelven con una excedencia, pero luego los hay que son directamente compatibles. Hay abogados del Estado, letrados de las Cortes o del Consejo de Estado a los que les bajan el sueldo y el nivel en la Administración hasta un nivel 24, que es muy bajo para estos altos funcionarios, pero a cambio pueden compatibilizar su actividad con otra en el sector privado. Casi todos los letrados de Cortes después de un tiempo, cuando pasaban a letrado de Comisión, se montaban un despacho y tenían compatibilidad. Esto ha ocurrido siempre de forma natural. Estos altos funcionarios saben que están muy demandados en el sector privado y si se pueden montar un despacho, pues se lo montan sin problemas. Muchos ni siquiera se plantean que esté mal.
"Podemos tuvo problemas para encontrar algunos altos funcionarios que se adscribieran a sus ministerios"
Sin embargo, a raíz de un artículo que usted y otro compañero publicaron en El Confidencial, hace ya un tiempo que ya no se conceden más compatibilidades.
Hay que decir que la compatibilidad es una figura que incomoda para la mayoría del cuerpo de abogados del Estado. Muchos no lo ven bien. Estar al mismo tiempo en un despacho abogados, aunque sea tu propio bufete, o en el consejo de una empresa y en la Abogacía del Estado genera infinitos conflictos de intereses. Pero sí, hay un número de abogados del Estado que son compatibles. Esta figura de la compatibilidad siempre se ha justificado por la escasa progresión que tiene un abogado del Estado dentro de la Administración y los sueldos públicos, que no pueden competir con lo que se puede ganar en el sector privado. Sin embargo, ahora que se va hablando un poco más de esto, los funcionarios más jóvenes se cortan un poco más que los veteranos.
Nosotros en El Confidencial, tras pleitear mucho, conseguimos la lista de estos abogados del Estado que compaginaban su trabajo en el sector público y privado. Eran lo que llamamos el equipo A de la Abogacía del Estado. Tiempo después volvimos a pedir esa lista actualizada. Para nuestra sorpresa, comprobamos que el día que publicamos ese artículo se dio la última compatibilidad nueva hasta hoy.
¿Alguien controla lo que hacen esos abogados del Estado que trabajan en los dos lados, el público y el privado?
En realidad nadie controla quién les contrata. Los abogados del Estado con una compatibilidad concedida no pueden ir contra la Administración General del Estado, pero sí contra una comunidad autónoma o un ayuntamiento. Pero en realidad, no hay ningún control formal ni real de quién trabaja para quién. Cuando pillan a alguno, porque a alguno lo han pillado, no hay expediente ni nada, se le llama y se le dice: 'Fulanito, tómate una excedencia'. Se toman una excedencia y aquí no pasa nada.
¿Por qué no se regula esa puerta giratoria? ¿Tan difícil es hacerlo?
En el caso de los cargos políticos sabemos que tienen que pasar dos años de incompatibilidad. Aunque probablemente sea muy laxa, al menos hay una regulación. Pero los altos funcionarios pasan de un día a otro al sector privado. Van y vuelven. Ahora que las grandes tecnológicas de Estados Unidos están fichando a altos funcionarios de la Comisión Europea, Bruselas ha empezado a interesarse por este asunto.
Usted describe varios casos un tanto escandalosos sobre esta ida y vuelta de lo público a lo privado. ¿Cuál le ha llamado más la atención?
El de Afinsa, aquella estafa piramidal con los sellos. José Joaquín Abajo Quintana, secretario general del consejo de Afinsa, que fue condenado, era al mismo tiempo abogado del Estado en activo. Y cuando salió de la cárcel reingresó al cuerpo de Abogados del Estado. Nunca nadie pidió su inhabilitación, a pesar de que internamente esto se sabía.
"Cuando pillan a alguno, porque a alguno lo han pillado, no hay expediente ni nada, se le llama y se le dice: 'Fulanito, tómate una excedencia'"
¿Y aún así no se hizo nada?
El problema de esto es que el ministro de Administraciones Públicas de turno, el político para entendernos, no tiene ningún incentivo para meterse en este jardín. Los abogados del Estado se van a ir al sector privado igual y arreglar esta situación no tiene rédito electoral. Los votantes no están pidiendo esto y, para colmo, acabas enfrentado a este grupo de altos funcionarios.
¿Cómo definiría usted a estos altos funcionarios? ¿Son una casta? ¿Una élite endogámica? ¿Un Estado dentro del Estado?
En algunos cuerpos, como el de los letrados del Consejo de Estado, hay muchos familiares, padres, hijos, hermanos. Y sí, estos altos funcionarios casi pueden considerarse un Estado dentro del Estado: ellos no dictan las normas, pero prácticamente se las dictan a los responsables políticos. Los ministros y los altos cargos pasan y los altos funcionarios del Estado permanecen. Ellos son la estructura del Estado. Pero está bien que los altos funcionarios no dependan del Gobierno de turno. Es una garantía de que el Ejecutivo tiene unos límites, unos frenos y unos contrapesos. Pero por eso mismo creo que tenemos que hablar de estos altos funcionarios.
¿Hace falta más transparencia sobre su actividad?
Sí, claramente. Está muy bien que existan los abogados del Estado, está muy bien que existan contrapesos para los políticos y que haya gente independiente en la Administración, pero entonces, como he dicho, tenemos que hablar de ellos, tenemos que conocerlos y tenemos que contar lo que hacen.
Los abogados del Estado tienen fama de ser casi todos de derechas. ¿Su ideología política les puede condicionar a la hora de trabajar con un Gobierno progresista como el actual?
Me consta que Podemos, por ejemplo, tuvo problemas para encontrar algunos altos funcionarios que se adscribieran a sus ministerios. Muchos de estos altos funcionarios no estaban de acuerdo con los de pablo Iglesias. Pero también hay que entender que quien hace una oposición de derecho, quien estudia las normas, quien está formado para seguirlas, normalmente tiene un punto conservador, también en el sentido vital. Si alguien se prepara una oposición y quiere un trabajo estable, no es un aventurero; es más bien conservador. Pero yo creo que los abogados del Estado, aunque sean de derechas, pueden hacer bien su trabajo con un Gobierno u otro. Es evidente que hay gente que está más ideologizada o es más sectaria, pero un abogado del Estado tiene que defender a su cliente. Y su cliente es el Gobierno. A cualquier abogado le pasa: a veces no le gusta su cliente, pero lo defiende igual.
¿No se debería abrir la puerta de las oposiciones a más gente, al estilo de las becas Seré concedidas por el Gobierno para estudiar las oposiciones para jueces y fiscales? Porque gente lista hay en todos los estratos de la sociedad.
Yo creo que la selección es buena, pero claramente dentro de una determinada clase social. No hay muchos abogados del Estado o letrados del Consejo de Estado que procedan de clases sociales bajas. Es cierto que ahora se han sacado becas para paliar eso, pero no es menos cierto que ese proceso de selección tiende a escoger gente conservadora.
"No hay muchos abogados del Estado o letrados del Consejo de Estado que procedan de clases sociales bajas"
¿Teme granjearse muchas enemistades con este libro al desvelar cómo actúan los abogados del Estado?
Espero que no. Como periodista he intentado aportar un ángulo nuevo. No digo que este sea el asunto más importante, pero sí que me parecía que yo podía aportar algo de luz. Estamos hablando siempre de los políticos, pero creo que la prensa también debe prestar atención a estos altos funcionarios y decirle a la ciudadanía lo que está pasando, sobre todo porque está pasando debajo del radar, desapercibido.
¿A la hora de escribir el libro se ha indignado usted tanto como puede hacerlo el lector al leerlo?
Es verdad ha habido gente que tras leer el libro me ha dicho: 'Esto es para salir a a quemar algo'. Yo solo pretendo que se sepan las disfunciones que hay en la Administración General del Estado y que se corrijan.


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