La reconstrucción seis meses después de la DANA: ¿Que todo vuelva a ser como antes?
Actores sociales y políticos plantean la necesidad de una reconstrucción que cambie el modelo de urbanismo y la relación con el territorio.

València--Actualizado a
Seis meses después de aquel fatídico 29 de octubre de 2024, es ya un tópico decir que nada volverá a ser como antes, por lo menos en la zona afectada por la DANA —aunque seguro que no solamente—. Ahora bien, por mucho que sea un tópico, no es menos cierto. La riada del pasado octubre marcará varias generaciones de valencianos, tal como la riada de 1957 marcó a las anteriores.
Ahora bien, ¿y si realmente el objetivo fuese precisamente que nada volviese a ser como antes? Desde el primer día, la palabra reconstrucción ha acompañado el discurso público como un talismán. Unas pocas semanas después de la DANA, incluso, surgió el nombre del general Gan Pampols como flamante vicepresidente de la Generalitat encargado de una carpeta con dicho nombre: reconstrucción.
Y sí, efectivamente, todos los actores políticos y sociales hablan de ella, de la reconstrucción, pero, según de quién se trate, la palabra puede significar una cosa y la contraria a la vez. ¿De qué hablamos cuando hablamos de reconstrucción?
El lunes 28 de abril era festivo en València: San Vicente Ferrer. Se había convocado la séptima manifestación para reclamar la dimisión de Carlos Mazón por su gestión de la DANA, pero el gran apagón que se produjo a mediodía obligó a cancelarla. No obstante, la protesta se mantuvo para el día siguiente, cuando se trasladó a las inmediaciones de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, donde se desarrollaba el congreso del PP europeo.
La cita —no tan multitudinaria como las anteriores manifestaciones en el centro de la ciudad, obviamente, pero sí bien nutrida— sirvió para presentar el Acuerdo Social Valenciano, que impulsan los Comités de Reconstrucción Local, sindicatos como Intersindical, CGT o CNT, así como otros actores sociales, que han convocado una huelga general en todo el País Valencià para el próximo 29 de mayo.
Es aquí donde salta a la vista el contraste radical entre dos modelos opuestos. Los comités locales de reconstrucción son, tal como explica a Público Rut Moyano, responsable del Comité Local de Reconstrucción de Benetússer y del Acuerdo Social Valenciano, “la continuación de las redes de apoyo mutuo que surgieron espontáneamente después de la tragedia”.
En ese momento, “el sistema capitalista quedó desactivado durante días y, sin darnos cuenta ni ser conscientes, nos dedicamos a practicar una economía social y solidaria”, ya que “no había forma de sobrevivir de manera individual: o lo hacías de manera comunitaria y colectiva o no lo hacías”.
Estos aprendizajes son los que llevan a estos movimientos sociales a impugnar un sistema de reconstrucción que, según valoran, “está muy centrado en volver exactamente a una situación anterior, como si aquí no hubiera pasado nada, y donde puedan seguir haciendo negocio los mismos de siempre: estamos viendo como obras de la llamada reconstrucción se están adjudicando a empresas relacionadas con la Gürtel, por ejemplo”.
La enmienda que plantea el Acuerdo Social Valenciano es, por lo tanto, a la totalidad, una reformulación del sistema. Se basa en tres ideas clave: que la mayor parte posible de la ciudadanía afectada esté implicada en los procesos de deliberación y decisión, que el resultado sea un modelo que ponga a las personas y su relación con el entorno en el centro, y que “plante cara a un gobierno negacionista del cambio climático y de extrema derecha, como es el resultado del pacto de Carlos Mazón con Vox”.
Marian Val, portavoz de Compromís en Paiporta, coincide plenamente con este análisis y plantea también una reconstrucción que signifique la “renaturalización de la comarca”, es decir, que “todo lo que se pueda dejar sin asfaltar en el pueblo, se renaturalice y se convierta en parques, jardines...”. De hecho, las pocas zonas que quedan sin urbanizar de Paiporta, como por ejemplo los camins dels Horts, en la salida hacia Catarroja, sirvieron para absorber agua y paliar mínimamente la inundación.
Esta es una idea sobre la que también incide Moyano: “Los caminos del agua han de volver a formar parte del urbanismo. Hay que dejar que el agua vuelva a seguir su curso. Ser conscientes de que vivimos en zona inundable y reconectar con el territorio”.
Ahora bien, esto supone una visión que tiene que articularse más allá de cada municipio concreto, aspecto en el que también coinciden Val y Moyano, porque “de nada serviría a efectos prácticos, si un pueblo emprende este rumbo de manera aislada”. Frente a ello, el ámbito propuesto podría ser la cuenca fluvial, como espacio intercomunicado. Hay que recordar aquí que, de hecho, en la Horta Sud no llovía el 29 de octubre de 2024, sino que las inundaciones fueron el producto de la bajada del agua caída en el curso superior del barranco.
La comarca del Horta Sud, en este sentido, se ha configurado tradicionalmente como un espacio altamente urbanizado y densamente poblado, dedicado a los servicios de la ciudad de València: el puerto, el aeropuerto, las carreteras de circunvalación, la línea del AVE, las plantas de tratamiento de aguas y de residuos, etc. Así, pueblos como Benetússer, por ejemplo, prácticamente se han quedado sin apenas metros cuadrados sin urbanizar. Y, claro está, ello agravó los efectos de la riada.
La clave del discurso que explican Moyano y Val desde sus ámbitos es que los pueblos y toda la comarca tienen que aprovechar la reconstrucción para estar preparados para el escenario de crisis climática en que se encuentran inmersos. En este sentido, la reconstrucción ha de ser urgente para las infraestructuras esenciales: escuelas, centros de salud, etc., pero, al mismo tiempo, habría que repensar muchas otras infraestructuras, sobre las cuales recaería una deconstrucción, antes que una reconstrucción.
Se trata de una visión, por lo tanto, diametralmente opuesta a la que plantea el gobierno de Carlos Mazón desde la Generalitat. De hecho, la primera gran iniciativa que se ha llevado a cabo al respecto desde el Ejecutivo autonómico ha sido la derogación y modificación de la ley de protección de la huerta, aprobada por el anterior gobierno progresista, para permitir su construcción y su urbanización. Para Mazón, en este sentido, esta norma, propia de un “ecologismo radical”, ha sido una de las causantes de la tragedia. Donde unos ven la necesidad de que haya menos asfalto, otros plantean aumentarlo.
Formalmente, el general Gan Pampols es el titular de la cartera de Reconstrucción en el Gobierno valenciano. Su nombre se puso encima de la mesa poco tiempo después de la tragedia y buscó transformarse en un golpe de efecto. Sin embargo, su nombramiento se enfangó en medio de una polémica sobre su sueldo público, que necesitó de un cambio de ley para poder eliminar el tope salarial para los altos cargos.
Seis meses después, Gan Pampols es una figura en la cuerda floja. Su plan de reconstrucción continúa siendo una incógnita y su agenda pública es mínima. Por otro lado, Vox lo ha puesto en el punto de mira y, de hecho, su portavoz, José María Llanos, no ha dudado en calificarlo de “infiltrado del traidor Pedro Sánchez”.
De la misma manera que la València que recibió el golpe de la DANA del pasado 29 de octubre de 2024 fue la resultante de los cambios radicales que provocó la riada de 1957 y su consecuencia urbanística, el Plan Sur, las obras de desvío del cauce del Turia por fuera de la ciudad, que abrieron la puerta a los años del llamado desarrollismo en la comarca, es muy probable que la València de las próximas décadas se esté diseñando ahora mismo, en una pugna entre la continuidad de un modelo urbanístico o su enmienda a la totalidad.

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