El regreso de Paco Camps pone patas arriba un PP valenciano que ha de afrontar su renovación en 2026 tras Mazón
Al enfrentamiento soterrado entre Vicente Mompó y María José Catalá, se añade un Francisco Camps que se niega a tirar la toalla y pone en riesgo la placidez del liderazgo interino de Pérez Llorca.

País Valencià-
Justo antes de Navidad, se estrenó en el Palau de la Música de València, interpretado por la banda sinfónica municipal, el pasodoble María José Catalá, con el que Manuel Morales, compositor de Chiva, con toques de marchas de moros y cristianos y alguna alusión al himno regional, quiso homenajear a la actual alcaldesa. El caso es ciertamente inédito, y más aún tratándose no solo de una política en activo, sino en su primer mandato.
No era la primera vez que sonaba la composición: en junio, había sido interpretada por la Unió Musical de Torrent, municipio de origen de Catalá y donde comenzó su carrera política como alcaldesa en 2006, con apenas 26 años. Este detalle seguro que no fue del agrado de Amparo Folgado, actual alcaldesa de Torrent, también del PP, y enfrentada abiertamente a Catalá.
“Un militante, un voto: grita Francisco Camps”
Es tiempo de disputas internas en el PP valenciano, a pesar del perfil monolítico que siempre intenta aparentar el partido. Y lo hacen también a ritmo de música. "Un militante, un voto" y "grita Francisco Camps" son dos de los mensajes que suenan en la canción, claramente generada por IA, pero en clave pop y no de pasodoble, que se puede decir que se ha viralizado estos días, al menos entre los seguidores de la política valenciana.
Un seguidor de la campaña de Francisco Camps para liderar el PP valenciano la ha puesto en circulación. Y, por si no generaba suficiente curiosidad por sí mismo, el proyecto de Camps para volver a la primera línea política, iniciativas como esta canción hacían ya inevitable el morbo.
No era la primera canción que le dedicaban a Francisco Camps, de hecho. En abril de 2011, poco antes de las elecciones autonómicas que revalidaron su tercera mayoría absoluta al frente de la Generalitat, la Federación de Asociaciones Gitanas de la Comunidad Valenciana le dedicaba, esta vez a ritmo de flamenco, una pieza que coreaba "Por mi Tío Paco, por mi presidente, para que Dios le ayude a ser buena gente".
Después del relevo de Carlos Mazón por Juan Francisco Pérez Llorca en la presidencia de la Generalitat, gracias a un pacto entre el PP y Vox, Francisco Camps no tira la toalla. Al contrario, aprieta el acelerador de su campaña interna. Es normal verle dar entrevistas en los medios de comunicación, la última esta misma semana en El Independiente.
"Un militante, un voto". Este es el primer verso de la canción de apoyo a Camps porque este es, de hecho, el leitmotiv de su campaña. Camps reclama un congreso del PP valenciano casi desde hace un año, ante la situación anómala de Mazón al frente de la Generalitat después de la DANA, y lo sigue haciendo ahora, después del relevo de un Pérez Llorca que considera que no tiene la legitimidad del apoyo popular, ni de las urnas ni de la militancia del partido.
¿Una posible escisión?
Curiosamente, Pérez Llorca, antes de ser nombrado como sucesor de Mazón, mantenía el mismo discurso que ahora abandera Camps y negaba que fuera posible un escenario en que el partido desde Madrid nombrara un liderazgo sin pasar por el apoyo de la formación en el País Valencià.
Ante la amnesia selectiva de Pérez Llorca, Fernando Villalonga, una rara avis en la derecha valenciana, pero que actualmente forma parte del equipo de Camps, amagaba, en una entrevista de diciembre en Levante, con la posibilidad de una escisión para crear una fuerza política "de obediencia valenciana" en caso de que Génova impusiera finalmente su decisión sin pasar por un congreso valenciano en que se pudiera expresar toda la militancia del PP.
Villalonga fue conseller de Cultura en el primer gobierno de Eduardo Zaplana y es descendiente de Ignasi Villalonga, una figura de la derecha valencianista de los años republicanos. Es también cercano al valencianismo cultural y se ha posicionado en contra del discurso anticatalanista tan propio y habitual de la derecha valenciana. Un discurso que, por otro lado, Camps no ha dudado nunca en ejercer y representar.
Objetivo: mayoría absoluta
Francisco Camps se reivindica como el último líder del PP que ganó unas elecciones con mayoría absoluta y el único que puede volver a hacerlo. Ese es su objetivo declarado: la mayoría absoluta. Hasta ahora, se especulaba con que su objetivo se limitaba a la dirección orgánica, pero Camps se posiciona ya abiertamente como cartel para las elecciones de 2027.
Lo cierto es que, efectivamente, el PP no gana unas elecciones valencianas con mayoría absoluta desde 2011, con Camps como candidato. Fue la tercera mayoría absoluta, después de las de 2003 y 2007. Si bien fue también la última, ya que, apenas unas semanas después de la cita con las urnas, Camps dimitía, acechado por la investigación de la Gürtel.
Después de casi quince años y otras tantas causas de las que ha sido absuelto, Camps reivindica su gesto de entonces casi como un martirio: su objetivo fue no suponer un obstáculo para la victoria en las urnas estatales de Mariano Rajoy, que se produjo unos meses después. Ahora reclama su regreso en consecuencia.
Mompó no tiene quien le cante
En apoyo de Vicente Mompó, actual presidente de la Diputació de València, no se conoce ningún tema musical, cosa que no quiere decir que no lo haya, ni menos aún que no lo habrá. Pero su pugna soterrada con María José Catalá también ha tenido sus momentos musicales. De la plaza de Toros de València, propiedad de la Diputación y cercana en la capital al ayuntamiento, se descolgaba una lona que rezaba “que vinga, que vinga, que vinga la llum” (que venga, que venga, que venga la luz). Se suponía que, con la letra de esta canción popular, el gobierno de la diputación hacía una broma con la renovación de la iluminación del recinto. El problema es que el siguiente verso va dedicado —y no precisamente en términos elogiosos— al alcalde. ¿A la alcaldesa?
El nombre de Mompó, enfrentado al de Catalá, se puso encima de la mesa para sustituir a Mazón, si bien, dado que no es diputado en Les Corts, esta solo podría ser efectiva con una convocatoria electoral. Catalá sí que es diputada y era la apuesta de Génova, mientras que Mompó parecía recoger más apoyos en el PP valenciano.
Pérez Llorca, en este sentido, es, ahora mismo, un presidente interino. ¿Pero se resignará a ello? Como president de la Generalitat, no hay duda de que la maquinaria del partido trabajará para que asuma también la presidencia del PP valenciano cuando se convoque el cónclave. ¿Pero significará también que será el cartel electoral para 2027?
Todos contra todos
Lo cierto es que el PP valenciano es un polvorín. Carlos Mazón, como discípulo de Eduardo Zaplana, aún no había desarrollado un capital político que le permitiese controlar el partido por sí mismo, por lo que Pérez Llorca, como ahijado de Mazón, no tiene tampoco una estructura de fidelidades articulada. La batalla de Vicente Mompó y María José Catalá soterrada es, pues, de proyección y las influencias que se puedan tejer desde sus espacios de poder respectivos, en la Diputación y el Ayuntamiento de València. Pero Pérez Llorca tiene la Generalitat.
Camps, por su parte, sí que llegó a tener un dominio del partido por sí mismo, fraguado en luchas sin cuartel entre campistas y zaplanistas durante su primera legislatura al frente de la Generalitat, precisamente cuando la marcha de Zaplana a un ministerio que no revalidó en 2004 dejó el partido inmerso en una batalla campal.
Ahora bien, Camps dimitió en 2011. Ha pasado mucho tiempo. De hecho, en su equipo actual, así como de los perfiles que le han mostrado públicamente su apoyo, hay muy poco músculo de cargos en ejercicio. Camps recoge apoyos de perfiles destacados de su época, como la exalcaldesa de Alacant, Sonia Castedo, o el expresident de la Diputació de València, Alfonso Rus. Es decir, rostros con el mismo perfil que Camps: de una época pasada y con una imagen pública fuertemente asociada a los casos de corrupción.
El cargo actual del PP valenciano más destacado que forma parte del equipo de Camps es su jefa de comunicación, Inés Peiró, pero se trata de una concejal en el ayuntamiento de La Pobla de Vallbona (Camp de Túria). Pocos galones, por lo tanto.
Pérez Llorca, mientras tanto, ha nombrado como cargos para su conselleria de Presidencia un par de perfiles asociados a Camps. Se trata de Jacobo Navarro, nombrado secretario autonómico de Análisis, Estudios y Políticas Públicas, y Henar Molinero, secretaria autonómica de Presidencia y adscrita al sector cristiano del partido.
Génova nombra una "gestora"
Mientras tanto, la Junta Directiva Nacional del PP nombró a finales del año pasado una comisión transitoria —una, digamos, "gestora"— para pilotar la rama valenciana del partido hasta que se convoque el congreso y se oficialice el relevo de Mazón también en los cargos orgánicos. Pérez Llorca es, obviamente, el líder de este órgano que, por otro lado, situó como su número dos al diputado en el Congreso Carlos Gil, que es también alcalde de Benavites (un pueblo del Camp de Túria) y que es considerado como cercano a Vicente Mompó.
Como hombre de María José Catalá y para ejercer el marcaje, se incorporó a Juan Carlos Caballero, concejal en València. Los tres vicepresidentes de la Generalitat, Susana Camarero, José Díez y Vicente Martínez Mus, también forman parte del órgano. Camps ha declarado públicamente que el órgano —del que ha quedado fuera completamente, por otro lado— solo le vale como "paso previo" a un congreso con "un militante, un voto". Las espadas siguen en alto en un PP en que todo el mundo se vigila de reojo.



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