El rey Juan Carlos I reconoce por primera vez sus infidelidades, que tilda de "deslices"
El rey emérito trata en 'Reconciliación', que se publica en Francia este miércoles, su papel en el 23-F, la compañía de Froilán en Abu Dabi o su relación con Sofía. Quita importancia a sus infidelidades y no menciona a Bárbara Rey, a quien el Estado pagó más de 600 millones de pesetas metidos en bolsas.

El rey Juan Carlos reconoce "desvíos sentimentales" durante su vida, que asegura que no afectaron a sus obligaciones monárquicas. Sin embargo, apunta que "la mayor parte" de las "relaciones extraconyugales" que se le atribuyen son "totalmente ficticias". Las memorias del rey emérito, tituladas Reconciliación, se publicarán este miércoles en Francia por la editorial Stock, antes de su aparición en España. En ellas se tratan temas como el papel que el emérito desempeñó en el 23-F, los distintos escándalos por relaciones extraconyugales, su relación con la reina Sofía o la muerte de su hermano, al que mató el exmonarca de un disparo. Un libro lleno de falsedades con el que intenta lavar su imagen tras los numerosos escándalos.
"¡Me atribuyen incluso hijos ilegítimos! Tuve que contratar a un abogado para defenderme de esas acusaciones. A la prensa le gusta hablar de manera fantasiosa", asegura en el libro. Juan Carlos I dice que durante buena parte de su reinado "la prensa española respetó cierta confidencialidad", pero a principios de los 90, "los rumores y especulaciones" sobre su vida privada "comenzaron a emerger". Se refiere así al cambio que se vivió en la prensa, que hasta entonces había sido cortesana y ocultaba sus escándalos.
Niega haber tenido relaciones con Lady Di en Palma: "Nada más alejado de la realidad", asegura, y ataca a la princesa de Gales tildandola de "fría, taciturna, distante, salvo en presencia de los paparazzi". No hace mención a su relación con Bárbara Rey, quien admitió que recibió dinero de Juan Carlos I para guardar silencio. Además, el Estado le pagó más de 600 millones de pesetas metidos en bolsas ante la amenaza de la examante de publicar fotografías y audios.
Culpa a Larsen: "Tuvo un impacto nocivo en mi reino"
Sin citar a su examante Corinna Larsen, el padre de Felipe VI asegura que una "relación particular fue hecha pública" y "hábilmente instrumentalizada", algo que tuvo "duras consecuencias para (su) reinado". Una mención en el texto en la que, con un gesto machista, culpa a Larsen de todas las consecuencias de esta infidelidad. Cabe descatar que el emérito dio 65 millones de euros a Larsen en 2012.
A partir de ahí, Juan Carlos relata el famoso viaje a Botsuana en 2012, en el que sufrió una lesión que obligó a su repatriación a España. Un hecho que provocó que fuera conocido por la opinión pública. El emérito asegura que estaba invitado por Mohamed Eyad Kayali, consejero del rey de Arabia Saudí. "Llegué con invitados que había elegido: un amigo, su exesposa, con quien yo había tenido una relación, y el hijo joven de esta última", señala.
La relación con Larsen, que salió a la luz tras aquel viaje, "fue un error" que el rey Juan Carlos "lamenta profundamente". "Puede parecer banal, muchos hombre y mujeres han sido cegados hasta el punto de no ver lo evidente. Para mí, ella tuvo un impacto nocivo en mi reino y en mi vida familiar. Ella erosionó la armonía y la estabilidad de esos dos aspectos esenciales de mi existencia, conduciéndome finalmente a tomar la difícil decisión de abandonar España", agrega.
"Empañó mi reputación ante los españoles. En esta cacería, me convertí en una presa fácil. Pero esta es la debilidad de un hombre. Nunca interfirió en mis preocupaciones de rey con su país", termina.
Afirma que nada borrará sus sentimientos por Sofía
"Nada podrá borrar nunca mis profundos sentimientos hacia mi esposa Sofi, mi reina", asegura el rey emérito en las memorias, incluso a pesar de "algunos deslices" y de que sus caminos se hayan separado desde su marcha a Abu Dabi.
"Sigo muy unido a mi mujer, que conserva toda mi admiración y mi afecto. No hay nadie igual a ella en mi vida y así seguirá siendo, aunque nuestros caminos se hayan separado desde mi marcha de España", afirma en el libro.
Juan Carlos de Borbón, que la denomina cariñosamente "Sofi" pese a los numerosos casos de infidelidades que ha protagonizado el monarca, la describe como una reina remarcable e irreemplazable, así como una mujer excepcional que encarna "la nobleza del alma". "España no podría haber tenido una reina más dedicada e irreprochable", destaca.
"Hice todo lo posible, a pesar de mis torpezas, por velar por su bienestar y comodidad", cuenta también sobre la monarca, de la que asegura que tendrá un lugar "bien merecido" en la historia de España, como el que ocupa en su vida: "El más alto".
Reconoce que una relación de sesenta años conlleva evidentemente "altos y bajos", "alegrías y penas", "fases de acercamiento y de alejamiento", pero su ausencia en Abu Dabi asegura que le pesa.
En ella tuvo a una compañera "comprensiva y solidaria" y tuvieron también momentos de gran felicidad. "A pesar de mis ausencias y gracias a mi mujer, espero haber creado un hogar seguro y agradable", razona. Y asegura que es extraño pronunciar esas palabras ahora que ya no es "bienvenido" en su casa, porque él intentó dar a sus allegados una estabilidad y un sentido de pertenencia. "Quizás lo logré para ellos -explica-, el futuro lo dirá, pero fracasé para mí. Finalmente mi naturaleza nómada me alcanzó".
Conoció a Sofía en 1954, durante un crucero por las islas griegas, pero la relación no arrancaría verdaderamente hasta comienzos de los sesenta, cuando coincidieron en Londres en la boda de los duques de Kent. Desde su huida a Abu Dabi, su esposa no lo ha visitado y han coincidido en contadas ocasiones.
"Sofi es desde entonces no solo una gran reina, sino una esposa incomparable y una madre muy dedicada. Es una mujer admirable y leal a la que debo enormemente", sostiene.
Juan Carlos I cuenta la muerte de su hermano
El rey emérito español Juan Carlos I asegura en sus memorias que la muerte de su hermano Alfonso en 1941, a quien mató de un disparo, marcó un "antes y un después" del que nunca se recuperaría.
"No me recuperaré de esta desgracia. La gravedad me acompañará en adelante", confiesa en un breve epígrafe que tituló El drama, de apenas dos páginas, en el que trata el incidente y admite que no le gusta hablar del tema, además de que es la primera vez que se expresa sobre ello.
"Lo echo de menos -cuenta-, me gustaría tenerlo a mi lado, poder hablar con él. He perdido a un amigo, a un confidente. Dejó un vacío inmenso. Sin su muerte, mi vida habría sido menos sombría, menos infeliz".
Juan Carlos I: "Se disparó un tiro al aire, la bala rebotó y alcanzó a mi hermano en plena frente"
Rememora, aunque sin entrar en grandes detalles, cómo ambos jugaban con una pistola del calibre 22 que le había dado un lugarteniente en España aquel 29 de marzo de 1956, que era Jueves Santo. Le habían quitado el cargador y destaca cómo nunca se les pasó por la cabeza que podía quedar una bala en la recámara.
"Se disparó un tiro al aire, la bala rebotó y alcanzó a mi hermano en plena frente. Murió en brazos de nuestro padre", narra el que ejerció como monarca de España entre 1975 y 2014. "La fecha del 3 de octubre, el día de su aniversario, sigue siendo un día inolvidable", afirma.
Froilán "ilumina" el exilio del emérito
El rey Juan Carlos I también confiesa vivir mal su "exilio" en Abu Dabi tras su huida por los distintos escándalos fiscales, que define "casi como un encarcelamiento". Pero destaca la presencia de su nieto mayor, Felipe Juan Froilán, a quien considera "una satisfacción que ilumina el día a día" y que no está excento de escándalos.
"El divorcio de sus padres y una cierta falta de autoridad paterna le condujeron a una vida desvergonzada (...) Alimentaba la crónica de sucesos con un comportamiento poco ejemplar. Iba de fiesta en fiesta, de discoteca en discoteca, metiéndose en peleas y con malas compañías", señala el emérito.
Tras haber sido convocado por Felipe VI "para sermonearle", Juan Carlos le propuso irse a vivir con él a Abu Dabi, primero en su propia casa y, posteriormente, en un estudio en el centro de la ciudad.
"En un día se acomodó a una vida sana y recta. Empezó a hacer deporte y régimen. Se dedicó intensamente a su trabajo. Se ocupaba de la logística de la COP28. Era el primero en llegar al despacho y el último en marcharse", afirma el emérito. Además, asegura que no dudaba de sus capacidades, pero que le sorprendió "que en un tiempo récord pudiera sufrir una metamorfosis".
"Le acogí bajo mis alas y le di un marco estable y la oportunidad de construirse un destino. Ha tomado su impulso y su camino con total independencia", agrega el anterior monarca español, que con este cambio asegura haber "evitado una preocupación a la Corona y haber ayudado a la familia".
"Mi papel era antes ocuparme de los demás. Ahora es él quien se preocupa por mí. Los papeles se han cambiado. Su compañía me alegra y su amabilidad me emociona. Pese a las vicisitudes de la Corona seguimos siendo una familia", dice.
Nunca se sintió con "tanta autoridad" como en el 23-F
Juan Carlos I, además, asegura que nunca en su vida demostró "tanta autoridad" como cuando, en el 23 de febrero de 1981, obró contra el golpe de Estado que anunció el general Milans de Bosch.
"Jamás en mi vida he demostrado tanta autoridad", dice el monarca en el libro. Además, afirma que fue consciente de que "la historia de España se jugaba en ese momento preciso", al que se enfrentó con "el teléfono como única arma".
En aquella asonada, el rey emérito estima que de las once capitanías generales, "la mitad apoyaba la rebelión pero no osaba desobedecerle" porque era "un rey constitucional, pero sobre todo el jefe de las fuerzas armadas, su antiguo compañero de armas y había sido designado por Franco".
Una actitud que, asegura, mantuvo en todas las conversaciones telefónicas que tuvo durante la asonada con el "traidor" Alfonso Armada. "Aquella larga noche no hubo uno sino tres intentos de golpe de Estado: el del teniente coronel Tejero y del general Milans del Bosch, el más conocido y visible; el de Armada, muy doloroso en el plano personal; y el de los falangistas que querían sumarse para volver al orden franquista", asegura. "Aquella noche mi obra política estaba en juego y el destino de los españoles estaba en mis manos", agrega el emérito.
Dos meses antes aproximadamente del 23 de febrero de 1981, el padre del rey emérito, Don Juan, cenó con Milans del Bosch en casa de un amigo común. Entonces el general le anunció que antes de jubilarse sacaría "los tanques a la calle", algo que trasladó el Conde de Barcelona, pero que Juan Carlos I interpretó como una "bravuconada" del militar al que "respetaba enormemente" y consideraba "leal a la Corona".
Reconoce que era consciente de que "el descontento crecía en los cuarteles", pero "estaba lejos de imaginar que se tramaba un golpe". Prueba de ello, dice, es que la víspera estuvo cazando a unos 50 minutos de Madrid y que esa misma tarde estuvo jugando una partida de squash en Zarzuela con su amigo Miguel Arias.
Fue sobre las seis de la tarde cuando subía a su habitación para cambiarse cuando oyó "estupefacto" y "aterrado" los disparos en el Congreso a través de la radio.
Esa tarde y larga noche, el rey la pasó además de con Arias y con la reina Sofía y su hijo Felipe, entonces con 13 años, con el secretario general de la Casa Real, su fiel Sabino Fernández Campo, quien logró contactar con Tejero y le ordenó que depusiera su plan, pero le "colgó" antes de terminar la frase.
El primer reflejo del rey fue llamar al jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, José Gabeiras, quien le propuso ir con Armada, con quien estaba, a Zarzuela a darle explicaciones, algo que le "chirrió" y rechazó.
En aquellas horas, en las que su teléfono "no cesaba de sonar", hubo una llamada proverbial, la de la diputada socialista catalana Anna Balletbò, la única liberada por los militares por estar embarazada de gemelos y consiguió su número gracias al president catalán Jordi Pujol.
Balletbò le facilitó los detalles sobre el golpe y sobre la situación en las Cortes, algo que nadie conocía fuera del hemiciclo y que le dieron "una idea de la situación". Desde entonces son amigos y es el padrino de sus gemelos.
Juan Carlos I, que relata también las peripecias del conocido episodio sobre la grabación de su mensaje a la nación, recuerda su última conversación con Armada, que le llamó para pedirle permiso para ir a negociar con Tejero. "No te doy ningún permiso, y no vayas en mi nombre", le dijo. Aún así fue.
El rey rememora que a las 2.30h de la mañana del 24 de febrero de 1981 preguntó por tercera vez a Milans del Bosch por qué no obedecía sus órdenes, "era muy cabezota", y solo a las 4.30h los tanques volvieron a los cuarteles.







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