Los riesgos de la estrategia de Feijóo de combatir a Sánchez en la calle: no funcionó con Zapatero y puede reforzar a Vox
¿Agitar las calles es una fórmula que ayudaría a un partido como el PP a lograr una victoria electoral? Público habla con sociólogos a raíz de la manifestación convocada este domingo por la derecha y su veredicto es que Feijóo podría estar equivocandose y, de paso, dando alas a la ultraderecha.

Madrid-
El Partido Popular tiene una relación con las manifestaciones que fluctúa según el vínculo que haya entre Génova y el sillón presidencial de Moncloa. Cuando gobernaba Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre pedía limitar las concentraciones en la Puerta del Sol al ver que la juventud indignada —"Que se presenten a las elecciones", dijo— se amontonaba en la plaza, pero ahora que el PP está en la oposición es asidua a las marchas en Madrid contra Pedro Sánchez.
La formación liderada por Alberto Núñez Feijóo volverá a las calles este domingo en una manifestación bajo el lema "Mafia o democracia" que aspira a calentar el ambiente para, según pretenden, forzar al Gobierno de coalición a anticipar la fecha de las elecciones generales programadas para 2027. El confuso caso de Leire Díez, la investigación judicial sobre Koldo García y las causas contra Begoña Gómez y el hermano del presidente son la munición que utiliza el PP para disparar contra Pedro Sánchez y lanzarse a pedir su destitución. Esta será la sexta concentración convocada por el PP desde que Feijóo se dio cuenta de que no tenía votos para poder gobernar y quedó como líder de la oposición en 2023.
No es la primera vez que la derecha intenta movilizar las calles en democracia. Durante la legislatura de Jose Luis Rodríguez Zapatero, el PP de Mariano Rajoy promovió concentraciones contra el matrimonio igualitario, el aborto, la política antiterrorista –que llevaría al fin de ETA– e incluso contra la reforma del Estatut de Catalunya. Las movilizaciones incluyeron todo tipo de iniciativas, desde boicots a productos catalanes, recogidas de firmas en las calles o frases como la familia sí importa, aunque la afluencia siempre quedó en entredicho. Mientras que la celebrada contra el matrimonio entre personas del mismo sexo aglutinó a 150.000 personas en 2005, según los cálculos más optimistas, las crónicas sobre las marchas antiabortistas de 2009, a las que se sumaba la plana mayor popular pero lideraban asociaciones ultras como Hazte Oír, llegaban hasta las 25.000 según los datos del Gobierno pero a medio millón si preguntabas a los organizadores. Mientras los medios conservadores alimentaban un clima social irrespirable, la legislatura seguía su curso en las Cortes, una situación que puede resultar familiar quince años después.
¿Ayudó a Rajoy el ciclo de manifestaciones?
Ante esta nueva etapa de movilizaciones en la que se ha embarcado el Partido Popular –los expertos en comunicación política alertan de sus efectos en la desafección política entre la ciudadanía–, cabe preguntarse si las concentraciones que promovió el PP con Rajoy en la oposición tuvieron algún efecto positivo en su carrera hacia el Gobierno de España. Rajoy alcanzó la Moncloa en 2011, pero las primeras marchas comenzaron seis años antes de esa victoria electoral. ¿Que el PP tome las calles acelera un triunfo en las urnas? Público ha contactado con sociólogos para analizar el futuro electoral de Feijóo.
Los expertos consultados tienen opiniones divergentes, aunque compatibles, dado que el análisis de una manifestación se mide en dos escenarios. Por un lado, está la dimensión expresiva que puede tener una marcha; por otro, la dimensión instrumental. Jaime Pastor, sociólogo, expolítico y autor de obras como Qué son los movimientos antiglobalización, equilibra el resultado final: "La parte instrumental no llegó a tener éxito pero, desde el punto de vista expresivo, llevó a cohesionar al electorado y mantener en la agenda política temas como el aborto", analiza.
Sin embargo, Pastor considera que el efecto que se buscaba hace ya 15 años no llegó a cumplir los objetivos que pretendía, e incluso pudo entorpecerlos: "Fue un ciclo de protestas que trataba de deslegitimar al Gobierno. No llegaron a tener éxito, porque Zapatero repitió en las elecciones de 2008", dice en referencia a la reelección del socialista en aquellos comicios.
Vox en el retrovisor y la victoria de las protestas
Los populares compiten contra Vox en su discurso, pero también en su movilización en las calles. Jaime Pastor considera que esa pelea es la que motiva también a Feijóo, pero con el riesgo de saber que todo puede volverse en su contra: "Lo que hace el PP es recurrir coyunturalmente a la protesta en la calle, pero tampoco pretende un ciclo largo de protestas y movilizaciones, porque no sabe hasta qué punto podría controlar un ciclo sin que beneficie a la extrema derecha. Es una movilización puntual para cohesionar a su electorado y anticiparse a nuevas movilizaciones que pueda hacer Vox, su competidor", analiza el experto, que no duda en augurar que, ante un abuso de técnicas populistas y ligadas a la ultraderecha, Feijóo podría ver menguado su espacio electoral en beneficio de los de Abascal.
Las manifestaciones contra Zapatero se sucedieron sin un éxito electoral inmediato, pero Alba Polo, socióloga de la UNED con una carrera dedicada al estudio de la ultraderecha, encuentra que sirvieron para mucho en la denominada batalla cultural: "No hay que pensar a corto plazo. Tuvieron un gran éxito porque consolidaron marcos de exclusión y fomentaron posturas antifeministas, contribuyeron a crear estrategias discursivas para perpetuar un orden de género, patriarcal y racista. Lo que hicieron fue crear el caldo de cultivo para que ahora, que la ultraderecha tiene un discurso bronco, todo nos parezca normal. De esos fuegos discursivos, estos lodos discursivos", explica la profesora. Sin ir más lejos, la experta considera que las manifestaciones de la ultraderecha en la sede del PSOE han logrado instaurar un "ideario etnonacionalista".
De este modo, salir a las calles y tildar de "mafia" al Gobierno podría tener como consecuencia la normalización de ese tipo de violencia verbal, advierten los sociólogos. Sin ir más lejos, las anteriores marchas, tanto las de comienzos de siglo como las más recientes en Ferraz o en Colón, han ayudado a consolidar posturas firmes contra el aborto y el antifeminismo. Pero, además de generar un marco discursivo afín al ideario ultra, Polo apunta a su valor movilizador en el electorado: "Solemos equivocarnos al pensar que las movilizaciones de la ultraderecha o derecha no son creativas, están sabiendo hacerlo con gran imaginación, con cánticos, muñecos, memes, eslóganes con mucho gancho..., se les está dando bien movilizar las calles", apunta.
Y prueba del efecto positivo que tienen —a ojos de la propia derecha— es lo ocurrido con el concepto "remigración". Esa palabra, alineada históricamente con el nazismo y tabú tras la caída de Hitler, había ido normalizándose en las manifestaciones de la ultraderecha en Alemania hasta que AfD la ha tomado como una bandera. De ideas antidemocráticas en el ostracismo a las calles, y de ahí al Parlamento, una receta peligrosamente cada vez más habitual.


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