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CINCO AÑOS DE LOS ATENTADOS DEL 17-A

Ripoll pasa página: "Lo hemos sufrido mucho"

Superada la conmoción por el hecho de que los jóvenes que atentaron en Barcelona y Cambrils fueran del pueblo, la mayoría de vecinos alegan que ya lo han olvidado y muchos evitan hablar de ello. Señalan que la convivencia no ha salido dañada, pese a la elección de una concejala de extrema derecha en 2019.

Veïns de Ripoll, entre ells membres de la comunitat musulmana del municipi, es van manifestar l'endemà dels atemptats amb cartells amb el lema 'no en el meu nom'.
Imagen de archivo de ciudadanos de Ripoll concentrados en la plaza del monasterio después de los atentados en agosto de 2017. — Gerard Vilà / ARCHIVO ACN". Gerard Vilà / ACN

Ripoll quiere pasar página de lo ocurrido en agosto de 2017. Los atentados de Barcelona y Cambrils, perpetrados por varios jóvenes de la localidad con el imán Abdelbaki Es Satty, sacudieron de lleno esta pequeña capital comarcal de la provincia de Girona. Durante unos días el miedo, la desconfianza y la incertidumbre se instalaron en esta villa de 10.000 habitantes ante los registros policiales y las detenciones. Sin embargo, esto ha quedado atrás: "Ya se ha cerrado, no tenemos miedo", dice Noèlia, trabajadora de una farmacia en el centro de la villa.

La mayoría no quiere hablar de ello; tampoco el Ayuntamiento

En los días previos a que se cumplan cinco años de los atentados y en medio de la enésima ola de calor, los vecinos dicen tenerlo "bastante olvidado". Algunos lamentan que así sea, porque creen necesario recordar. La mayoría no quieren hablar de ello. Tampoco el Ayuntamiento ni los presidentes de las dos mezquitas del pueblo, donde trabajó Es Satty, han querido contestar a las preguntas de este diario. "No se habla mucho de ello, aunque en su día lo marcó todo", explica la camarera de un bar cerca de la estación de autobuses, que prefiere no identificarse.

Ripoll vivió un asedio mediático que seguramente también ha distanciado a los vecinos de los medios. En el bar Amal, cerca de la estación, dos hombres de origen marroquí se indignan cuando se les pregunta por la cuestión. Tras quejarse de la "incomprensión" y "criminalización" de los musulmanes y señalar que es agua pasada y ahora hay otros problemas, ofrecen un té a la redactora para rebajar los ánimos. "Lo hemos sufrido mucho", reconoce Mohamed. "Es mejor olvidar", añade su compañero, hastiado del tema.

Ambos hombres explican que se han sentido "atacados" y cuestionan que el juicio haya servido para aclarar realmente qué ocurrió y qué rol tuvo el imán. Ante el abatimiento tanto del conductor de la furgoneta de las Ramblas como de los cinco terroristas que participaron en el ataque en Cambrils, fueron tres los condenados al finalizar el procedimiento judicial. Mohamed Houli, único superviviente de la explosión en Alcanar (Tarragona), a 43 años de cárcel; Driss Oukabir, en nombre de quien se alquiló la furgoneta de las Ramblas, a 36 años; y Said Ben Iazza, a ocho años. En cualquier caso, se fijó en 20 años de prisión el límite máximo de cumplimiento de condena.

En el bar Amal, Mohamed y su compañero niegan que todo ello haya creado una desconfianza entre diferentes colectivos en Ripoll: "Nosotros trabajamos con gente de aquí y todo va bien. El problema son los políticos", remachan.

Imatge d'arxiu de l'edifici de la Plaça Gran de Ripoll durant l'escorcoll dels Mossos l'endemà dels atemptats.
IImagen de archivo del edificio de la Plaça Gran de Ripoll durante el registro de los Mossos el día siguiente de los atentados. — Gerard Vilà / ACN

Hay más racismo, pero no por los atentados

El comunicador y emprendedor Mohamed El Amrani, presidente de la asociación Azahara, apunta que cinco años después de los atentados la convivencia ha empeorado en el conjunto de Catalunya pero lo desvincula de los atentados. "Nos encontramos con una sociedad más polarizada que nunca. Aspectos culturales y religiosos de la migración se han instrumentalizado a nivel político y ha aumentado tanto la islamofobia como el odio cotidiano", afirma en una llamada con Público.

El Amrani: "Nos encontramos con una sociedad más polarizada que nunca"

El Amrani huye de marcos interpretativos simplificadores, como hablar de la "comunidad musulmana", y recuerda que los musulmanes en Catalunya "no son una comunidad homogénea". Esto invalida planteamientos colectivos sobre su rol en la sociedad. "Lo que debemos tender es a reforzar el concepto de ciudadanía con derechos y deberes, donde el hecho religioso se pueda vivir de forma individual con libertad", sostiene.

Xevi, que trabaja en una tienda de deportes, comparte el diagnóstico de que ahora el pueblo está centrado en otros problemas, como la prohibición de beber agua del grifo por los altos niveles de arsénico debido a la sequía, la inflación o la pandemia. Él mismo conocía a algunos de los terroristas, que habían comprado pocos días antes en la tienda, e incluso se había sacado el carné de coche con uno de ellos. Recuerda aquellos días y lamenta que algunos vecinos prefieran olvidarse: "Hay gente que intenta pasar página, decir que no ha pasado nada".

En la farmacia, Noèlia y Joan explican que a veces vienen a comprar los familiares de los jóvenes. Se han quedado en el pueblo y siguen haciendo vida normal. No tienen tampoco otro sitio al que ir y las cosas se han normalizado. "No les señalamos, ellos no tienen ninguna culpa", comenta la trabajadora.

Surgimiento de la extrema derecha

Joan cree que los hechos no han alimentado el racismo en Ripoll, ni tampoco han afectado a la convivencia, aunque dice que si ocurriera ahora quizás sí habría más caldo de cultivo para el odio. Desde 2019 hay una concejala de extrema derecha y abiertamente xenófoba en el municipio, Sílvia Orriols, elegida primero por el Front Nacional Català y ahora concejala no adscrita y líder de Aliança Catalana. Desde el consistorio ha impulsado diversas iniciativas que han motivado el rechazo del resto de formaciones, que pactaron no interactuar con ella.

NOVACT señala que los extremismos violentos se retroalimentan

Ripoll es uno de los tres únicos municipios catalanes en los que la extrema derecha ha conseguido representación. Para el Instituto Internacional para la Acción Noviolenta (NOVACT), esto pone de manifiesto los vínculos entre las diferentes formas de extremismos violentos, dentro de los cuales incluye tanto a estas formaciones como a lo que llama yihadismo violento. "Esto ilustra cómo los extremismos violentos se retroalimentan, ya que el extremismo violento genera más extremismo violento, y pese a su narrativa de contraposición, ambos buscan romper la convivencia, instaurar la sospecha entre comunidades y el aislamiento", escribe Clara Calderó, autora del estudio Diagnóstico de Extremismos Violentos en Catalunya y Recomendaciones para su Prevención.

En contraposición, el informe presenta la iniciativa ciudadana llamada Som Ripoll. Surgida a raíz de los atentados y con el objetivo de romper con las nuevas desconfianzas y promover la convivencia, esta red convocó una asamblea abierta con rapidez después de los hechos "para afrontar el choque emocional y la tensión que se estaba generando". Posteriormente han organizado actividades de debate en torno a las migraciones y la islamofobia, entre otras.

El Amrani manifiesta "indiferencia" respecto a las formaciones de extrema derecha porque considera que "no es justo" darles importancia, y prefiere centrarse en la aparición de redes ciudadanas como Som Ripoll. Para el comunicador, todavía existe un "racismo muy latente" alimentado por el hecho de que España y Europa se niegan a aceptarse como territorios diversos: "Coexistimos en armonía, pero falta el paso a la interacción".

Trazar las líneas de la Catalunya de 2030

El comunicador Mohamed El Amrani sitúa la clave de la cuestión para una sociedad cohesionada en la creación de "un consenso político y ciudadano para dibujar la Catalunya de la próxima década". El Amrani rechaza la perspectiva de los servicios sociales o inmigración, la "clásica", y defiende una "coordinación de país" entre ámbitos como educación, juventud, cultura, empresa y empleo para sacar adelante un plan de convivencia para proyectar la Catalunya de 2030. "Todo es cortoplacista y con poca perspectiva de futuro. Nada tiene que ver la inmigración de los años 90 o 2000 con cómo ven el mundo sus hijos, mal llamados inmigrantes de segunda generación".
El presidente de la asociación Azahara defiende ser pioneros en la elaboración de un plan parecido: "No hay ningún modelo en Europa en el que podamos reflejarnos. Tenemos la oportunidad de crear uno nuevo y ser el ejemplo", concluye.

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