El semestre negro de Feijóo en seis actos
"Los acuerdos con la extrema derecha están diluyendo la identidad del PP. Feijóo se ve obligado a seguir el paso de Abascal", sostiene la politóloga Anna López Ortega.
"La capacidad de gestión era una de las señas de identidad del PP. Las últimas polémicas a nivel local o autonómico han hecho mella", recalca Paz Álvarez, directora técnica de Key Data.

Madrid-
El PP lleva un semestre acumulando disgustos. Alberto Núñez Feijóo renovó a principios de verano la plana mayor del partido. Miguel Tellado ganó peso en Génova. "La persona que voy a nombrar sería perfectamente [comparable con] Iniesta, que fue el capitán de la selección española que ganó el Mundial", vaticinó el líder de los populares durante el anuncio de su nombramiento. Ester Muñoz saltó a la primera línea de combate. Y las voces más moderadas dieron un paso atrás. Los cambios no han surtido efecto, al menos, de momento. Esa es la sensación que tienen los expertos consultados por Público.
La falta de iniciativa de la nueva dirección coincide en el tiempo con una serie de hechos que pone en evidencia los puntos flacos del liderazgo de Feijóo: la dimisión de Mazón –después de mantenerlo doce meses en el cargo–, los fallos en los cribados –y otros servicios– a nivel autonómico y una estrategia de duelos parlamentarios para desacreditar el sanchismo que no ha tenido el impacto esperado. ¿Lo más preocupante para el PP? Vox no para de subir en las encuestas. La extrema derecha ha sabido recoger el descontento del votante conservador y la indignación que existe en este espectro ideológico con las políticas del Gobierno. ¿Cómo pueden afectar tantos contratiempos a la imagen de Feijóo? ¿Quién sale ganando? Público repasa los últimos tropiezos de los populares en seis actos.
1. El 'terremoto Mazón'
Carlos Mazón dimitió como president de la Generalitat Valenciana el pasado 3 de noviembre, cinco días después del funeral de Estado por las víctimas de la DANA. Lo hizo mediante una comparecencia llena de reproches hacia el Gobierno de Pedro Sánchez y sin apenas autocrítica. "Es una decisión correcta (...), ha presentado la dimisión un compañero que ha reconocido equivocaciones (...) y ha sufrido una cacería política y personal que debemos denunciar". Estas fueron las primeras palabras que le dedicó al expresident el líder de su partido, Alberto Núñez Feijóo. La ambigüedad siempre estuvo encima de la mesa en todo lo relacionado con la gestión de la catástrofe. Los silencios de Génova se alternaron durante los últimos meses con ligeros aplausos, mensajes de ánimo y algún que otro abrazo. La espera llegó a su fin. ¿Qué balance hacen los expertos del papel de Feijóo? ¿Cómo puede repercutir a nivel nacional la salida de Carlos Mazón?
"El hecho de tardar un año en aceptar una dimisión denota una falta de liderazgo importante. Feijóo no ha tenido autoridad real para motivar esta salida, sino que ha reaccionado cuando vio que no le quedaba otra opción. El PP tiene un problema estructural con asumir responsabilidades y la tardanza en el ámbito político cuesta credibilidad", sostiene Anna López Ortega, politóloga y autora de La extrema derecha en Europa (Tirant). Mazón seguirá como diputado en Les Corts, para mantener así el aforamiento. Los populares tendrán que negociar además cualquier medida con sus socios de la extrema derecha.
Este es precisamente otro de los puntos que menos gusta en Génova, no tanto por la distancia –casi inexistente– sino por sus implicaciones en el tablero político. "Vox tiene una posición de fuerza y volverá a determinar cualquier negociación [en el País Valencià]. Esto no se ha explicado bien entre el electorado conservador, pero es evidente que contribuye a debilitar el discurso de que el PP es un partido sólido, solvente y unido", desliza Paz Álvarez, directora técnica de Key Data. "La falta de una gestión centralizada ha quedado en evidencia y seguirá presente durante los próximos meses [con los pactos y las convocatorias electorales]. Mazón va a firmar unas líneas rojas en el País Valencià que posiblemente no son las mismas que querría firmar Guardiola en Extremadura. La situación es complicada, más todavía si no existe una directriz única", señala Luis Miller, sociólogo e investigador en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC.
2. Las relaciones con Vox
El líder de los populares comenzó el verano diciendo que solo aplicaría vetos a EH Bildu. Las puertas siguen estando abiertas para la extrema derecha. Y llevan así más de dos años. Mazón fue, de hecho, uno de los primeros barones en estrechar vínculos con Vox. Lo hizo incluso antes de las elecciones generales del 23J. El expresident acordó derogar la Ley de Memoria, declaró la guerra al valenciano y paralizó la puesta en marcha de la Unidad Valenciana de Emergencias para ser investido jefe del Consell. Las negociaciones para designar a su sucesor y evitar una cita anticipada con las urnas han vuelto a poner el foco en la –buena– relación que mantienen ambos partidos, tanto en el País Valencià como en el resto de España.
"Feijóo ha dejado claro que buscará los votos de la extrema derecha allí donde le puedan hacer falta. El PP antes dudaba entre alejarse o dejarse apoyar por Vox. Este debate ha desaparecido, no cabe duda. Lo estamos viendo con cada votación parlamentaria, pero también con las conversaciones para designar al sucesor de Mazón", señala Luis Arroyo, sociólogo y consultor de comunicación. Lo mismo apunta la politóloga Anna López Ortega: "Los acuerdos con la extrema derecha están diluyendo la identidad del PP. Feijóo se ve obligado a seguir el paso de Abascal. Ese sometimiento le resta centralidad y capacidad de marcar agenda. Vox no solo establece los marcos, sino que marca el terreno ideológico en el que se mueve la derecha española".
3. El "mito" de la buena gestión
La DANA no es la única catástrofe que ha puesto en evidencia la gestión del PP. Vox niega la crisis climática y rechaza aumentar las partidas para combatir emergencias como los incendios forestales o las riadas. La derecha y la extrema derecha tampoco han invertido lo suficiente en sanidad, servicios sociales o educación. Las crisis de los cribados en varias comunidades gobernadas por los populares y los incendios forestales de este verano en Galicia, Extremadura o Castilla y León han acabado enturbiando otro de los argumentos estrella de Génova. "Feijóo siempre le ha dado mucho peso a las comunidades y ha puesto en valor la gestión autonómica, porque viene de dirigir la Xunta de Galicia. La capacidad de gestión era una de las señas de identidad del PP. Las últimas polémicas a nivel local o autonómico han hecho mella y pueden afectar negativamente, tanto a la imagen del partido como a la intención de voto", recalca Paz Álvarez.
Esta es una tesis que comparten todas las fuentes consultadas por Público. "El mito de que la derecha gestiona mejor se ha roto en los últimos seis meses. Lo hemos visto con los errores en los cribados, pero también con los incendios forestales y con las dudas que prevalecen sobre la gestión de la DANA. El PP ha despreciado a las asociaciones de víctimas, también a los bomberos y a las pacientes de cáncer. Y Feijóo en lugar de marcar perfil propio se ha alineado siempre con sus barones", recuerda Luis Arroyo. "Feijóo corre el riesgo de que las comunidades gobernadas por su partido se conviertan en su principal punto débil. Las políticas que están aplicando responden muchas veces a recortes, privatizaciones y retrocesos. La imagen que había construido [Feijóo] de buen gestor se puede resentir", añade Anna López Ortega.
4. La agenda de oposición
Alberto Núñez Feijóo se ha referido este miércoles al presidente del Gobierno como "el líder de la oposición al Partido Popular". Lo hizo durante su intervención en el pleno del Congreso. Pedro Sánchez venía de cuestionar desde la tribuna los frentes que tienen abiertos a nivel autonómico los de Feijóo. Este choque entre los líderes de los dos principales partidos no es nada fuera de lo normal. Los populares han intentado poner el foco en los casos de corrupción que salpican al PSOE y citaron al presidente para rendir cuentas tanto en el Congreso como en el Senado. La última vez, hace dos semanas. El problema es que los planes no han salido según lo previsto. "Estas citaciones son claramente un error. El PP no puede poner a un maestro del ajedrez a jugar una partida contra veinte aprendices, porque el maestro tiene experiencia y siempre se va a lucir", compara Luis Arroyo.
"La estrategia de centrar la agenda en los casos de corrupción que afectan a Pedro Sánchez y al Gobierno le puede dar algo de oxígeno a Feijóo, pero no resuelve el problema de fondo. El PP también tiene casos abiertos y un problema de coherencia moral al hablar de estos temas", señala Anna López Ortega. Luis Miller, también en esta línea, considera que los debates sobre la corrupción no son favorables ni para los populares ni para los socialistas, más bien todo lo contrario. "Lo que hemos visto en los últimos meses es una confrontación entre el pasado y el presente de la corrupción: por un lado, las cloacas del PP y la Gürtel, y por otro, las cloacas del PSOE y los casos que implican a Cerdán, Ábalos o Koldo. El hecho de incidir ahí no beneficia a ninguno de los dos partidos; quien sale ganando es Vox", sugiere.
5. Los nuevos perfiles no terminan de despegar
El PP renovó a principios de julio su Comité de Dirección. Feijóo apostó por perfiles más "broncos" para ganarle la batalla a Vox, rodeándose de figuras como Miguel Tellado y Ester Muñoz. Las fuentes consultadas por Público coinciden al destacar que ninguna de estas nuevas caras ha terminado de cuajar. "Génova no tiene ni rostros ni discursos claramente diferenciados de Vox. Esto con la anterior directiva no pasaba. Borja Sémper era una figura que hacía a veces de contrapeso, ahora falta una figura así para marcar ese posicionamiento de partido", continúa Luis Miller. "El PP ha dado protagonismo a sus diputados más hooligans y ni siquiera con la solemnización del insulto han conseguido situarse en el mapa y marcar agenda propia. La DANA y la falta de una condena firme del genocidio han movilizado a muchos votantes de izquierdas. Y los de derechas, entre la versión original y la copia, nunca van a elegir la copia", añade Luis Arroyo, en referencia a la proximidad discursiva de PP y Vox.
6. Las encuestas no le sonríen a Feijóo
Esta "falta de liderazgo" tiene efectos en las encuestas. El PP firmaba en octubre el peor porcentaje en intención de voto desde abril de 2023, un mes antes de las últimas elecciones municipales y autonómicas, según el último estudio de Key Data para Público. La popularidad de Feijóo también se ha visto más dañada en estos dos años que la de Abascal, según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Y algo que evidencian todos los sondeos es que quien más ha crecido en este período es Vox. ¿Génova debería activar las alertas? Las voces consultadas por este medio creen que tienen motivos para hacerlo. "El PP está estancado y Vox, disparado [en las encuestas]. La extrema derecha tenía un caldo de cultivo previo para crecer, una ola reaccionaria global, pero si ha conseguido hacerlo tan rápido es porque los populares se han tenido que enfrentar a una serie de cuestiones a nivel local y autonómico que tienen impacto a nivel nacional", señala Paz Álvarez. La directora técnica de Key Data engloba en estas "cuestiones" la gestión de la DANA, los incendios forestales o los fallos con los cribados en varios territorios gobernados por el PP.
"El ascenso de la extrema derecha indica que parte del electorado conservador ve a Feijóo como un líder débil o sin discurso propio. Esta fuga de votos lo pone contra las cuerdas. Vox está sabiendo capitalizar el malestar y el desencanto con una derecha que no convence ni a los ultras ni a los moderados", sostiene Anna López Ortega. Luis Miller, por su parte, tiene la sensación de que "Vox no tiene techo" y por eso está aglutinando el sí de "todos los que están enfadados con el sistema". Y Luis Arroyo termina con una breve reflexión: "Abascal está ganando apoyos sin hacer nada. Y Feijóo los va a seguir perdiendo porque el electorado se ha dado cuenta de que no tiene la talla política para ser presidente del Gobierno".

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