¿Ha tocado Vox techo electoral? Claves para descubrir los límites de Abascal en plena crisis del partido
Las guerras internas y las negociaciones con el PP llegan en un momento de auge de la extrema derecha tras rozar el 20% en las elecciones de Castilla y León. Seis politólogos hablan del futuro de Vox y de Santiago Abascal.
La catedrática María Silvestre Cabrera apunta a que no es tan importante el techo como el impacto de su presencia: "La normalización que está alcanzando Vox se la debe principalmente al PP, ha legitimado el discurso y las demandas de la extrema derecha".

Madrid--Actualizado a
Por un puñado de votos, las conclusiones en torno a los resultados de Vox en Castilla y León hubieran sido mucho más optimistas para la extrema derecha. Con 1.680 votos más en Valladolid, 284 en Zamora y 1.068 en Segovia los de Abascal habrían subido tres escaños más para alcanzar los 17 —se quedaron en 14— y habría diezmado el crecimiento socialista. Por algo más de 3.000 votos en unos comicios donde acudieron a las urnas 1.250.000 ciudadanos, la euforia, ya de por sí disparada, habría sido rotunda. Sin embargo, las expectativas lastraron a Vox, que aspiraba a superar holgadamente el 20% de los votos y se quedó en el 18,92%.
Durante la noche electoral, Santiago Abascal provocó un efecto streisand con sus declaraciones, en las que insistió repetidamente en que Vox había roto su techo electoral. La machacona idea de haber superado su tope fue el origen de las dudas. Público se ha puesto en contacto con seis politólogos y politólogas para discernir la respuesta después de que la extrema derecha en Castilla y León haya marcado un nuevo récord en porcentaje de voto, pero el CIS apuntara a un frenazo en las encuestas tras más de un año en ascenso. En plena guerra y crisis interna, ¿el crecimiento de Vox ha llegado a su máximo?
El politólogo Juanjo Domínguez es el que más clara ve la respuesta: "Vox no tiene techo a corto plazo por dos razones. Primero, porque el porcentaje mayor de votantes de Vox son los jóvenes y esos son los votantes del futuro. Segundo, porque hay una tendencia a escala global en Occidente donde la ultraderecha vive un momento dulce y está en fase de ascenso", sostiene el experto en análisis electoral. Domínguez no encuentra lecturas optimistas para el PSOE, que ese domingo salió a celebrar los resultados: "No sé donde están las alegrías, la ley D'Hondt les favoreció, pero eso es un fenómeno que no siempre ocurre", comenta. En los resultados del último domingo electoral, la suerte también entró en juego y el supuesto frenazo de la extrema derecha y su estancamiento, en lugar de real, puede ser un espejismo.
Alvise puede no ser un problema para Vox
Ese análisis es compartido en parte por María Silvestre Cabrera, catedrática de Sociología de la Universidad de Deusto y a cargo del Deustobarómetro social. "Más que un techo, lo que se observa es un cambio de fase: el partido ha dejado atrás el crecimiento rápido inicial y entra en una especie de meseta expansiva, en la que ya no sube de forma explosiva, pero tampoco retrocede, mientras se normaliza como actor político relevante y con capacidad de influir o participar en gobiernos". Silvestre Cabrera apunta a que no es tan importante el techo como el impacto de su presencia: "La normalización que está alcanzando Vox se la debe principalmente al PP, que ha facilitado esa zona de aquiescencia y ha legitimado el discurso y las demandas de la extrema derecha, apropiándose de algunas y abriendo debates políticos que estaban cerrados", zanja al respecto.
Mikel Gómez, politólogo del equipo de Silvan & Miracle, cree que es "cuestionable asegurar que el espacio de la ultraderecha se haya frenado", aunque sí atisba claves que pueden pasar factura a Vox: los votantes que se decantan por la formación de Abascal tienen un alto porcentaje de afinidad al partido, pero también hay otro saco de votos proveniente de perfiles que, ante todo, votan "para evitar que salga otro partido" y no tanto por fidelidad, según el análisis que extrae Gómez del último CIS. "Es posible que esos votantes migren a otro partido", explica, algo que también serviría para entender los sondeos y sus expectativas frustradas tras una campaña donde PP y PSOE sorprendieron. Precisamente, sobre la volatilidad del votante, Juanjo Dominguez sostiene que el efecto Alvise también sirve para maquillar el auge de Vox. Los votos que cosechó Se Acabó la Fiesta (SALF) hicieron tapón a Vox, pero eso es susceptible de cambiar: "El de SALF es un voto friki, de descontento, pero si ese votante percibe que Vox está más cerca de lograr algo, se irá a Vox", considera Domínguez.
El tope al auge de Vox, según Itziar García Carretero, analista de comunicación política, está más relacionado con el comportamiento del PP que con sus propias capacidades. Los de Abascal solo seguirán creciendo si hay "un PP débil, sin rumbo, fragmentado y excesivamente centrado" o mediante la movilización del electorado por "tensiones territoriales, choques culturales o crisis migratorias", ya que "es complicado que Vox atraiga a electorado más transversal".
Ser influyente para seguir creciendo
Xavier Calafat, politólogo de la Universitat de València, ve limitado el auge de Vox, aunque alcanzar y mantenerse en el 20% ya sería una posición clave en la política nacional. Pero sí hay guarismos que han dejado de crecer: "Solo un 9,8% de votantes del PP dicen que prefieren a Abascal y no a Feijóo como presidente. Si Abascal no ha mejorado en este indicador quiere decir que algo no esta saliendo bien si el objetivo es suplantar al PP", argumenta Calafat. El votante del PP es fiel a ciertos criterios y principios con los que Vox quiere romper y eso frena parte del trasvase: "El del PP es el voto fiel del bipartidismo, de la transición, y Vox tiene un mensaje muy antitransición y con críticas a la monarquía, es difícil ver al votante de centroderecha dando pasos hacia esas fuerzas".
El consultor político Isaac Hernández prevé frenos en Vox a no ser que cambie de estrategia. En su investigación Factores determinantes del comportamiento electoral obtiene algunos datos sobre las motivaciones del electorado: "El 33% de las personas vota según el candidato, la prensa condiciona al 9%... pero Vox se cierra muchas puertas con sus vetos a los medios y eso le hace perder fuerza", explica. Además, Hernández incide en que un ciudadano vota para activar cambios: "La gente premia la gratitud y Vox no puede vender lo que ha hecho, porque no ha hecho nada. La promesa constante pierde cuota de mercado", justifica.
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