Entrevista a Olympe Abogados:"En casos de violación tienes que preparar a tu clienta para que sepa que la van a tratar fatal en el juzgado"
Público conversa con la directora General y cofundadora de Olympe Abogados, Rocío Moya, y el director jurídico y cofundador, Isaac Guijarro. Dos amigas que en 2019 decidieron colaborar juntas y abrir un despacho decididamente feminista, LGTBIQ+ y antirracista.

Madrid--Actualizado a
Cuando se escucha hablar o se lee en sus redes sociales a las fundadoras de Olympe Abogados, no deja de sorprender la convicción política que hay detrás de cada paso que han dado desde 2019, cuando dos buenas amigas -Rocío Moya e Isaac Guijarro- decidieron montar el despacho. Su oficina, ubicada en València, nació de una forma relativamente espontánea. Ninguna viene de una tradición familiar de juristas ni crecieron rodeadas de bufetes y grandes bibliotecas legales. Más bien al contrario, son las primeras en sus familias en pisar la universidad y quizá es desde ese origen a partir de donde trabajan, con una mirada que no encaja precisamente en el molde clásico de la abogacía española.
El germen del despacho se remonta a unas Navidades en Nueva York. Moya sentía que en su trabajo en la ONU había tocado techo; Guijarro, harto de soportar el machismo rancio de un despacho madrileño junto al Retiro, necesitaba un cambio. Hablaron, especularon sobre la idea de currar juntas y finalmente concluyeron que podían hacerlo: construir un espacio propio, coherente con sus ideas feministas, artirracistas y defensoras de las comunidades LGTBIQ+. Aquella conversación se convirtió en un proyecto que ha tenido la resiliencia suficiente como para resistir a la pandemia y a un sector que, como ellas dicen, "odia que digas claramente que eres progresista". Desde el principio tuvieron claro qué tipo de derecho querían ejercer. Esto es, uno que no fuese bajo ningún concepto neutral.
Madrid, su ciudad de origen, pronto se les quedó estrecha. Hablan de ella como de un espacio absorbente, poco diverso y políticamente hostil, una ciudad que no cambia aunque pasen los años. València, en cambio, les ofreció una oportunidad de respirar, de empezar de cero y de montar el despacho como querían. "Nos fuimos huyendo", dicen, pero también persiguiendo una vida vivible. En esta entrevista con Público discurren sobre sus orígenes, el precio a pagar por significarte políticamente en un sector tan inamovible como es el jurídico y la complejidad de asesorar y acompañar a víctimas de violencias machistas cuando se es consciente de que lo más probable es que el sistema, tal y como se sostiene hoy día, vaya a hacer aguas.
Una curiosidad, ¿os llamáis Olympe Abogados por la filósofa Olympe de Gouges?
Sí. Cuando estuvimos pensando en posibles nombres para el despacho, queríamos que fuera algo que tuviera conexión directa con el feminismo. También pensamos en Marie Curie. Hicimos varias combinaciones y Olympe Abogados fue el que más nos gustó. Los despachos, además, suelen llamarse siempre como los apellidos de los señoros que los montan: señoros y asociados. Nosotras queríamos huir de eso y llevar el nombre de alguien relevante en el feminismo.
¿En vuestras familias hay apellidos de abogados que os antecedan?
No. Somos los primeros que hemos ido a la universidad en nuestras familias. Las profesiones de nuestras casas eran camionero y ama de casa, por parte de una, y limpiadora de portales, en el caso de la otra. Ese era el contexto. O sea, cero facilidades.
Os definís en vuestra web como feministas, LGTBIQ+ y antirracistas, ¿por qué creéis que es necesario especificar esto? ¿No debería darse por hecho que un despacho de abogadas respeta, y no solo eso, sino que defiende los derechos humanos?
Trabajamos en un sector tremendamente conservador. Muchísimo. Creo que no se es lo suficientemente consciente. Lo jurídico está completamente asociado a lo estático y lo estático, en términos generales, es conservadurismo, es lo que representa la derecha. En un sector así, decir explícitamente que abogas por el progreso está muy mal visto.
"Lo jurídico está completamente asociado a lo estático y lo estático, en términos generales, es conservadurismo"
Decirlo explícitamente es la forma más reivindicativa de posicionarte en este sector. Hay mucha gente que coincide con nosotras, pero nos lo dice por privado porque no se quieren exponer a la violencia que conlleva decirlo tal cual, al repudio que se genera. Cuando nos dieron el premio Arcoíris en 2023 y José Luis Rodríguez Zapatero subió a pronunciar su discurso, nos dijo algo superbonito y es que la abogacía en general debería ser la herramienta que trae los cambios a la sociedad, pero es todo lo contrario, es la herramienta que mantiene el estatu quo. Algo que debería ser un oxímoron -si te dedicas a aspectos judiciales es para defender los derechos, la justicia- no lo es.
También sabíamos perfectamente cómo son los despachos. Nos han ido llegando clientas diciendo que habían ido a tal despacho y les habían tratado fatal, personas trans a quienes trataban con el nombre que aparece en el DNI... Queremos reivindicar lo que somos, no nos queremos esconder y queremos llevar casos feministas y casos LGTBIQ+, y ya de paso evitar y filtrar que vengan señores.
¿Qué os llevó a tomar esa decisión? Conozco a abogados que han defendido a víctimas en unos juicios, pero en otros también han defendido a agresores sin ningún tipo de problema. En vuestro caso hay una decisión política que consiste en acompañar y asesorar exclusivamente a víctimas.
Al final es una cuestión de valores, ¿no? Todo el mundo tiene derecho a una defensa, y eso no lo vamos a negar, pero nosotras no tenemos por qué defender a todo aquel que nos lo pida. Para eso hay otros cientos de despachos. Nosotras solo defendemos a víctimas. Nos sería imposible defender a un agresor.
Nos parecería absolutamente incoherente estar todo el día defendiendo a las víctimas de manera incondicional y luego a la vez de defender a un agresor en un juicio. Nos surgiría un problema ético que de esta forma no tenemos. Más cuando sabemos que son las víctimas quienes muchas veces sí que no tienen para elegir, porque son revictimizadas en los propios despachos.
"Todo el mundo tiene derecho a una defensa, y eso no lo vamos a negar, pero nosotras no tenemos por qué defender a todo aquel que nos lo pida"
¿Desde el principio teníais clara vuestra perspectiva?
Sí, porque además cada una nos fuimos de nuestros trabajos por eso, porque queríamos hacer las cosas de manera distinta.
En vuestro día a día tocáis muchos palos y muy diversos, desde el derecho laboral a la violencia de género o la violencia vicaria... ¿Dónde encontráis los casos más difíciles?
En casos de agresiones sexuales, violación y violencia de género 100%, sobre todo por lo que pasa en el juzgado. Tienes que preparar a tu clienta o a tu cliente para que sepa que le van a tratar fatal. Más allá de todo lo que tú hagas como abogada, tienes que añadir el hecho de que va a llegar allí, le van a hablar fatal y le van a tratar con desprecio, con condescendencia, como si se lo estuvieran inventando todo. Cuando hemos tenido oportunidad en mesas redondas de compartir esto con jueces, con otros abogados y demás, lo hemos hecho saber y les molesta muchísimo que lo digamos.
Nos ha pasado ya demasiadas veces que nuestra clienta no ha querido seguir. Una nos llegó a decir: "O paro ya, o me suicido". Los juicios son tremendamente violentos. Las abogadas pedimos millones de pruebas y todo el rato nos las niegan. Tienes que estar peleando cada prueba, recurriendo cada cosa y llegan a pasar cuatro o cinco años desde que lo denuncias hasta que tienes una sentencia. Algo que a algunas les viene bien porque estructuran un poco lo que han vivido, pero para otras es terrible porque no pueden cerrar ese capítulo.
Luego a nivel personal también nos hunde. Te llevas a casa la responsabilidad. Así que sí. Son los casos más complicados, sobre todo por esa reacción de los juzgados que en otro tipo de casos no existen. Parece que no empatizan, todo suena a que las víctimas se lo están inventando y a partir de esa premisa tenemos que trabajar nosotras.
" Nos ha pasado ya demasiadas veces que nuestra clienta no ha querido seguir. Una nos llegó a decir: 'O paro ya, o me suicido'. Los juicios son tremendamente violentos"
¿Qué diferencias concretas percibís a la hora de que se traten unos delitos y otros?
Algo muy evidente es el uso de cierto vocabulario. Utilizar vocabulario soez en un entorno profesional está completamente fuera de lugar, pero vemos interrogatorios donde se dicen cosas que no imaginarías, tales como "pero se te corrió en la cara, ¿sí o no?" o "¿pero, cuando le metió la lengua fue en los labios inferiores o dónde?". Unas barbaridades que en otros casos no escucharías. Se podría expresar de mil maneras diferentes, mucho más respetuosas. Un respeto que, además, se debería notar también en el lenguaje no verbal. En casos de violencia machista se pregunta a las víctimas desde un desprecio que no se daría en un interrogatorio a víctimas de otro tipo de delitos, como una estafa.
Se percibe en absolutamente todo. Se nota desde el momento en el cual presentamos una querella, una denuncia. Tenemos que explicar cosas muy básicas en los argumentarios porque parece que no se entiende que la violencia machista es estructural. La falta de formación específica en los juzgados y las comisarías es absoluta.
¿Habéis recibido ataques por defender estas ideas y hablar de todo esto que estáis contando abiertamente?
Llegamos a denunciar a una abogada a la que suspendieron del ejercicio de la abogacía un mes porque nos dijo: "Estos nazis que se creen que por ser mariquitas pueden hacer lo que les dé la gana". La mayoría de abogados y de jueces nos tienen bloqueados. Dicen que estamos politizadas por ser de izquierdas y por ser progresistas, como si ellos no lo tuviesen por ser derechas. Se entiende que ser de derechas y ser conservadores es lo neutral. Nos critican por defender el derecho con perspectiva de género, cuando eso debería ser la neutralidad. A final, ¿qué es la intimidación? ¿Qué es la violencia? Es el criterio personal de alguien en particular lo que va a definir cada caso y su supuesta neutralidad. En estos momentos, eso no da ningún tipo de seguridad jurídica.
"Dicen que estamos politizadas por ser de izquierdas y por ser progresistas, como si ellos no lo tuviesen por ser derechas"
Sabiendo lo que sabéis por vuestra experiencia, ¿cómo veis el discurso que se lleva años elaborando desde posiciones negacionistas sobre las denuncias falsas?
No se entiende. Cuando dicen que "la denuncia de una mujer puede arruinar la vida a un hombre", se nota que hablan personas que no son conscientes de lo que cuesta denunciar y que te crean mínimamente. Así que tú tranquilo, José Manuel, que si te denuncian y es falso, lo tienes archivado a los tres días. Ahora, ya te decimos que si es al contrario, hay que mover cielo, mar y tierra para poder proteger a la mujer que denuncia. No hay denuncias falsas, al menos no más que en el resto de delitos, como los relacionados con seguros, hurto... Y con esos nadie pone el grito en el cielo.
El debate sobre las denuncias falsas viene acompañado de otro debate que es el de los testimonios anonimizados. ¿Qué pensáis de esta práctica?
Si eres una víctima, hagas lo que hagas, todo va a estar mal. Te van a criticar por allí, por aquí, da lo mismo. Movimientos como el #MeToo o el #SeAcabó, demuestran que tenemos un problema estructural. Sin embargo, la lectura que se saca es que si no estás diciendo ni tu nombre ni tu apellido será que no será verdad. La cuestión es invalidarlas. Si vas a los juzgados mal, si lo dices en las redes sociales también mal. Lo que pensamos, llegadas a este punto, es que si todo lo que hagas va a estar mal... que cada quien haga lo que mejor le venga. A lo mejor no te puedes permitir ir a los juzgados, pero sí que puedes grabarte y subirlo a internet. Y si esa persona que te agredió pasa un rato incómodo... pues qué mínimo. Es importante crear como una biblioteca de violencia que sea pública, donde las víctimas puedan poner en común lo que les ha pasado.
"Si eres una víctima, hagas lo que hagas, todo va a estar mal"
De hecho, el Instituto de las Mujeres ha anunciado la creación de un archivo que a partir del material recopilado por Cristina Fallarás. La colaboradora de Público ha anunciado, en paralelo, la creación de una aplicación que consistirá justo en esto: en un espacio vivo donde víctimas puedan leer testimonios de otras víctimas y contactar entre sí...
Eso es importantísimo para que las mujeres que han sufrido violencia entiendan que lo que les ha pasado no es porque sean estúpidas. El maltrato y la violencia contra las mujeres están presentes en todos los ámbitos de nuestras vidas. Podríamos preguntarnos qué es ser un maltratador. Todo está tan normalizado que si examináramos bien... nos sorprenderíamos. Incluso a los hombres que nos acompañan, en quienes confiamos, hay que darles toquecitos. A todos en algún momento hay que decirles: "Tú este comentario no se lo habrías hecho a un hombre".
¿Alguna vez habéis aconsejado a alguien que no denuncie?
Algo que siempre decimos a las víctimas es que se pregunten cuál es su objetivo, cuánta energía tienen, si tienen una red de apoyo, familia, amigas... En definitiva, que miren cuál es su situación. Al mismo tiempo, intentamos dar una información tremendamente honesta para que tengan una capacidad real de tomar la decisión. Les hablamos del tiempo que se tarda, el dinero aproximado, la tendencia del juzgado al que haya que asistir... Nunca le decimos a alguien que no recurra o que no denuncie, pero sí que aconsejamos en función de la situación de cada persona. Eso sí, si lo que finalmente quiere es denunciar... Nosotras vamos a ir a por todas.
"Nunca le decimos a alguien que no recurra o que no denuncie, pero sí que aconsejamos en función de la situación de cada persona"
Pedro Sánchez afirmó en RTVE que algunos jueces hacen política, una declaración que generó malestar en parte de la judicatura. ¿Hay lawfare en España?
Por supuesto.
Es evidente que existe. Por un lado, está el sesgo personal o ideológico: si un juez es de derechas y además es machista, independientemente de quién seas, te va a tratar desde esa perspectiva. Ese tipo de sesgo también es una forma de corrupción. Por otro lado, está la politización evidente que estamos viendo, por ejemplo, con el fiscal general del Estado, con el Tribunal Supremo o con el llamado juez Peinado.
Es una realidad irrefutable: hay jueces politizados, como todo el mundo. Y cuando señalamos esto, nos dicen: "Pues denunciad si creéis que son corruptos". El problema es que la corrupción ideológica no es delito, como aplicar la ley de violencia de género o no tener perspectiva de género no está tipificado. Comentarios como "si es tu marido, ¿cómo te va a violar?" deberían conllevar sanción del Consejo General del Poder Judicial, pero no constituyen delito.
El propio CGPJ comparte esta visión, pero no actúa. Y ahí está la otra cara del problema: la falta absoluta de responsabilidad. Aun así, me parece positivo que todos estos casos estén saliendo a la luz. Antes ni siquiera se hablaba del lawfare, ni el propio PSOE lo hacía porque no les afectaba. Que ahora se airee hace que no solo los profesionales, sino la ciudadanía, vea lo que ocurre realmente: que un fiscal general puede ser llevado a juicio por una filtración que muchos periodistas aseguraban conocer desde una semana antes. Es una evidencia pública. Los responsables de este estado de cosas son, por un lado, los gobiernos que nunca se atreven a reformar y, por otro, el CGPJ, que se protege a sí mismo. Es como una clase de cuarto de la ESO: grupos, favoritismos y "malotes". Y entre ellos nunca se van a hacer daño. Mucho compadreo: comidas, favores, contactos. Está a la vista de cualquiera que quiera mirar. Cuando nos critican por exponerlo, me pregunto: ¿qué ganamos nosotras diciendo esto? Al contrario, quizá alguien que pensaba denunciar se lo piense dos veces y perdamos un cliente. No nos beneficia. Pero es la verdad: en la justicia hay sesgos, narrativas y relatos que pesan más que los hechos.
¿La reforma que prepara el Gobierno puede mejorar algo de este panorama?
Sí, totalmente. No será una revolución, pero entrará algo de aire fresco. Que no haga falta pagar a un juez preparador o que existan ayudas facilitará que personas que no podían permitirse opositar ahora sí lo hagan.
Viviendo en Valencia, ¿cómo vivisteis lo ocurrido con la DANA y su gestión?
A mí me generó furia.
Creo que lo que pasó refleja perfectamente el momento social global en el que estamos. Antes, una manifestación masiva hacía dimitir a un responsable por vergüenza. Ahora da igual: estamos en la era del "no pasa nada". No hay consecuencias. En el caso de la DANA, el responsable institucional estaba tomándose algo por ahí mientras el móvil le sonaba, sin darle importancia. No porque fuese malvado, sino porque es inútil, como muchos que llegan a cargos más por favores que por capacidad.
Cuando vimos los vídeos de las protestas en el Museu de les Ciències, con gente gritándole "asesino", pensamos: cualquiera con un mínimo de dignidad se habría marchado. Pero no. Porque no existe la vergüenza. Es cero. Luego supimos que Feijóo recomendó no pedir la alerta 3 para que la gestión no pasara al Gobierno central. Una decisión política por encima de vidas humanas. Mientras tanto, personas de zonas como Benetússer o Picanya tenían que caminar horas para cargar el móvil. Muchas familias lo habían perdido todo. Y hoy todavía hay gente que no ha recibido ni un euro.
Y, por supuesto, los contratos de reconstrucción han acabado donde siempre: en primos, cuñados y conocidos. Una absoluta vergüenza.





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